Apuestas Deportivas: Un juego demasiado serio 

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Las apuestas on-line, con las deportivas como variante principal, crecen constantemente en la Argentina. Los adolescentes son especialmente vulnerables a su influencia.

Fotos: Istock

En plena aula, se produce un estallido. Al fondo, alrededor de una pantalla de celular y ajeno a la clase de Geografía, un grupo de chicos celebra que la pelota se fue al córner en un partido de la Premier League de Hong Kong. Las apuestas deportivas virtuales ganaron terreno en los últimos años en la Argentina y, aprovechando una tormenta perfecta que creó las condiciones necesarias, penetró profundamente en un público cada vez más amplio, que incluye a menores de edad.

“Hace veinte años que me especializo en ludopatía, pero junto a mis colegas solíamos tratar con adultos. Ahora, con el juego on-line,
vemos casos de chicos que están apostando desde los doce años. Todo se está acelerando”, advierte Débora Blanca, psicóloga especializada en ludopatía, directora de la organización Lazos en Juego y autora de cuatro libros relacionados con la problemática.

El uso de smartphones desde temprana edad podría señalarse como el primer eslabón de una cadena de acontecimientos que propiciaron el fenómeno. La adopción temprana de dispositivos, potenciada durante la pandemia por necesidad, contribuyó a una relación en algunos casos dependiente de la tecnología. La publicidad agresiva de los sitios de apuesta virtuales, además, hizo que resultara imposible desconocer su existencia, primero, y que surgiera una atracción hacia ellas, luego. Presentes en las transmisiones deportivas, promocionadas constantemente por comunicadores, creadores de contenido e influencers que las validaron como algo deseable, e institucionalizadas al alcanzar un espacio en las camisetas de los principales clubes y como sponsors del seleccionado campeón del mundo, se instalaron en la cotidianeidad de los jóvenes.

Como si todo el combo fuera poco, la promesa de ganar dinero con poco esfuerzo, directamente desde el celular, contrasta con una realidad en la que los chicos ven cómo sus padres emplean casi todas las horas del día en un trabajo cuya remuneración alcanza para llegar con lo justo a cubrir los gastos, y a veces ni siquiera eso.

De acuerdo con el informe Global Online Gambling Market, los juegos de azar on-line (que incluyen a las apuestas deportivas y a los casinos virtuales, entre otros) movieron en 2023 86.600 millones de dólares a nivel mundial. Se proyecta un crecimiento del mercado que llegue, en 2032, a los 168.200 millones de dólares. Esa expansión se apalanca, sostiene el informe, principalmente en los avances tecnológicos, la facilidad de acceso a las plataformas (el jugador no se traslada a un espacio físico, sino que porta el juego en sus dispositivos móviles), “estrategias de marketing efectivas y cambios en las tendencias económicas y demográficas globales, atrayendo a una audiencia más amplia y diversa”.

Europa lidera el mercado, con el Reino Unido, Alemania y los países escandinavos a la cabeza. Luego vienen Estados Unidos y Canadá. Algunos países asiáticos, como Japón, India y Filipinas, están experimentando un crecimiento sostenido que los posiciona como mercados importantes a nivel mundial. Aunque Latinoamérica en general y la Argentina en particular todavía están lejos de aquellos niveles, ya son visibles las consecuencias de la penetración de esta nueva cara del juego, particularmente en los jóvenes.

La tentación de ser parte de esas “estrategias de marketing efectivas” que abordan las plataformas es grande. Suelen pagar sumas altas por un puñado de posteos en redes sociales, y en moneda extranjera. No son muchos quienes se resisten a promocionar esta actividad, y lo hacen público. Entre ellos está Valentín Torres Erwerle, creador de contenido de 19 años que estudia Periodismo Deportivo y es seguido por cientos de miles de personas (especialmente jóvenes) en X, Instagram, TikTok y YouTube.

A principios de 2022 comenzaron a llegarle mensajes privados con propuestas comerciales de plataformas de apuestas. Aunque la suma le resultaba tentadora, no se sentía cómodo con lo que implicaba sumarse a esta red de promoción. “Ya había notado entre mis compañeros, en el secundario, que para algunos se volvía una obsesión. Veía que algunos intentaban dejar de apostar, pero siempre volvían a hacerlo. Me parecía que no estaba bueno”, cuenta Valentín.

Pero la reiteración de propuestas, y la contundencia de algunos cientos de dólares en el bolsillo en un contexto económico como el actual en el país, lo hacían dudar. Para reforzar su postura, subió a sus redes un video explicando por qué no aceptaría publicitar apuestas on-line. Hacerlo público fue una forma de obligarse a sí mismo a no dudar en adelante, ya que ahora su propio público podría recriminarle el cambio de posición. “Siguen llegando las propuestas, me mandan mails dos veces por semana de casas de apuestas. Ya ni les respondo. Lo hace todo el mundo, y no juzgo a nadie, porque sé que es buena plata y que es necesaria. Me parece bien que cada uno haga lo que quiera. A mí, en particular, me da un poco de pena y pienso que estoy haciendo una buena acción al evitarlo”, analiza.

La casuística no hace a una tendencia, pero es necesario consignar una historia publicada recientemente en Clarín: la madre de un chico de 14 años, cuyas identidades se mantuvieron en reserva, contó que, producto de las pérdidas acumuladas por el juego compulsivo en sitios de apuestas, estuvo a punto de perder a su hijo. El adolescente primero vendió algunas de sus posesiones para poder seguir apostando, y luego, cuando se quedó sin artículos significativos para vender, robó los ahorros de su madre. Desesperado, tomó una decisión trágica que fue atendida a tiempo. Hoy, el chico atraviesa una etapa de rehabilitación en Jugadores Anónimos. “Sabe que toda su vida deberá tener cuidado porque, con tan corta edad, se le despertó algo muy grande dentro de él”, declaró su madre a Clarín.

“El que no apuesta, mira, pero a la larga, si no se termina sumando, queda excluido del grupo. En general, los veo divirtiéndose mientras ganan, pero al perder les cambia el humor instantáneamente y se les arruina el día. Tienen una obsesión y una dependencia muy grande, algunos lo toman como si fuera un trabajo. Una vez pensé en hablar con la mamá de un amigo porque me preocupaba su situación, pero él me dijo que sus padres también andaban en lo mismo”, cuenta una adolescente de la provincia de Buenos Aires sobre la conducta de sus compañeros respecto al juego.

Lucas Moyano es fiscal y experto en cibercrimen y delincuencia digital. Sobre el uso intensivo del celular en chicos, que abre la puerta al acceso a plataformas como las de apuestas, agrega: “La Argentina es uno de los países en los que más temprano se le otorga un teléfono propio a un menor. Sucede cerca de los nueve años, en promedio. Si este dispositivo no va acompañado de la correspondiente educación de los riesgos, de un uso responsable de Internet, lo que estamos haciendo es dejarlo huérfano en un entorno digital. Un niño está desarrollando su personalidad, y con su baja percepción del riesgo se convierte en un objetivo vulnerable. Queda sumamente desprotegido a la acción del grooming, la pedofilia o el ciberbullying. Y ahora, también, a la ludopatía”.

“Por ahora, en chicos, hablamos generalmente de un consumo problemático que no llega a ser una adicción. En los años de pasaje de la infancia a la adultez, como es la adolescencia, aparecen síntomas que hay que atender. El control parental es fundamental. Si hay pibes que no pueden parar de apostar, y lo único que quieren es tener una Ferrari y mucha plata, posiblemente haya algo en la matrix familiar respecto de lo que escuchan y ven”, explica Débora Blanca, quien agrega: “El Estado también es fundamental. Tiene que regular, ponerle condiciones a la industria”.

Las regulaciones, en la Argentina, las implementa cada una de las provincias, y su implementación es dispar. Las organizaciones de la sociedad civil, mientras tanto, también podrían sentar posición ante esto. Mientras las casas de apuesta comienzan a abarcar cada vez más espacio en el fútbol argentino, por ejemplo, la Premier League de Inglaterra estableció que a partir de la temporada 2025/2026 los equipos ya no podrán lucir publicidades asociadas al juego en sus camisetas.

El problema está instalado, y abordarlo es la única manera de no quedar atrapados. 

PARA TENER EN CUENTA

Solo las personas mayores de 18 años están autorizadas a participar del juego en plataformas on-line. Los sitios de apuestas autorizados por las distintas jurisdicciones nacionales (reconocibles porque sus dominios son “.bet.ar”) implementan una serie de controles para asegurarse de ello. Proliferan, sin embargo, otras plataformas ilegales en las que los menores podrían falsear su identidad y acceder sin la edad mínima requerida.

En caso de decidir ingresar a plataformas de juego como un entretenimiento válido, es preferible optar por aquellas que ofrezcan herramientas al usuario para reducir las posibilidades de caer en conductas compulsivas. Algunas de estas herramientas son el límite de tiempo, el límite de dinero por apostar, un test de autoevaluación del comportamiento para detectar señales y botones de salida rápida o de tiempo fuera, que impidan al usuario el acceso a la plataforma por un espacio temporal acordado.