Estrenada a mediados de enero, la canción de apenas 2:17 minutos, “Estimado Cobarde” se presenta como una pieza de rock pop directo, crudo y sin filtros, que transforma una ruptura amorosa en un acto de liberación y confrontación. Según consigna el comunicado de prensa de la artista, “lejos de los lamentos melancólicos habituales en este tipo de temas, “Estimado Cobarde” adopta el formato de una carta escrita con rabia contenida y claridad meridiana. La narradora —una voz femenina que no pide permiso para hablar— interpela directamente al ex: “Vuelve, me dice vuelve / No sabe qué es lo que quiere / Que me quede o que me aleje / Igual se atreve, lo mismo de siempre”.
La letra, coescrita por la propia Olivia Wald (cuyo nombre real es Olivia Grunewald), Olegario Aguilar Rubio y producida por Renzo Luca, acumula reproches precisos: la indecisión crónica, la falta de cuidado, las promesas vacías y, sobre todo, la cobardía de no asumir las consecuencias de las acciones.

Según fuentes cercanas al lanzamiento y publicaciones en medios especializados, el tema busca impactar justamente por esa perspectiva: una mujer que, al no recibir respeto ni empatía en la relación, decide cerrar la puerta de una vez por todas. “No es solo una canción, es una carta sin sobres, una confesión que no pide permiso y una verdad dicha de frente”, describieron algunos portales musicales al momento del estreno. El estribillo refuerza esa idea con una sentencia tajante: el destinatario ya no tiene lugar en su vida.
El lanzamiento llega en un momento clave para Wald. Tras ser reconocida como Mejor Nueva Artista en los Premios Gardel 2025 y consolidarse como una de las voces femeninas más potentes de la escena pop-rock argentina emergente, la artista de 29 años continúa expandiendo su universo sonoro.
“Estimado Cobarde” ya acumula miles de vistas en YouTube y un crecimiento sostenido en Spotify y otras plataformas. El videoclip oficial, dirigido con estética minimalista y urbana, refuerza el tono confrontativo: planos cerrados, mirada fija a cámara y una energía que no deja espacio para la nostalgia victimista.
