Aunque es solo una adolescente, lleva la mitad de su vida dedicada a la gimnasia, un deporte precoz, de los que obligan a una maduración temprana, a la toma de decisiones grandes a corta edad. Julieta Lucas, de las mejores gimnastas argentinas de la actualidad, lo sabe, lo asume y enfrenta esa realidad con la tranquilidad de la que sabe que tiene con qué. Luego de un 2025 exitoso, inicia este año como el primero fuera de la etapa Junior. “Tuve un año de mucho crecimiento. Ahora paso a una categoría mayor, donde hay torneos más importantes, y estoy muy motivada. Lo tomo como un nuevo desafío para prepararme mejor y más fuerte”, dice.
- ¿Te sorprendió algo de todo lo que te pasó el año pasado?
Ganar el Olimpia de Plata fue algo muy novedoso, no me lo esperaba. En cuanto a los torneos, creo que todo se va dando de acuerdo con mi esfuerzo cada día en los entrenamientos: salen los ejercicios, mejoro las series, así que los resultados son una consecuencia lógica.
- Comenzaste en gimnasia a los ocho años, ¿por qué te interesó?
Yo hacía natación, pero no me gustaba tanto. Sí me gustaba hacer volteretas, estaba todo el tiempo en los cumpleaños o juntadas con una amiga haciendo piruetas. Ella tenía una amiga que se anotó a gimnasia artística, entonces yo le empecé a pedir a mi mamá que me llevara. Desde la primera clase me encantó. Hacíamos lo más básico, pero era saltar todo el tiempo, en un gimnasio con todos los aparatos, y me parecía muy divertido. Era un juego.
- En ese momento, no pensabas en competir…
No, la verdad que no. Lo tomaba como un hobby, un pasatiempo que me gustaba. Arranqué una vez a la semana, y después, con el tiempo, fui avanzando, entonces sumé más días de entrenamiento. Ahora entreno todos los días, menos los domingos.
- ¿Empezás a sentir vos la necesidad de sumar días? ¿O te lo sugieren al verte condiciones?
Las dos cosas. Me fueron subiendo de equipos, que eran cada vez más exigentes, y ahí yo misma me di cuenta de que, para estar en el nivel, debía entrenar más. Primero me pasaron a un preequipo, que era un grupo más avanzado que el inicial, pero yo todavía no dimensionaba la habilidad que tenía. Al pasar al equipo principal, ya con un tiempo en el mundo de la gimnasia, entendí que me salían las cosas bien, y mejor que al promedio. Implica más esfuerzo también: la primera vez que me pasaron de equipo, al otro día me levanté y me dolían todos los músculos.
- Es un deporte particular, que requiere que madures y tomes decisiones muy pronto, ¿cómo lo gestionaste?
Creo que bien, con la compañía de mi mamá y mi papá. Tomamos juntos algunas decisiones importantes como, por ejemplo, mi escolaridad. Actualmente, hago el colegio a distancia, solo me presento para rendir los exámenes, y en caso de que no pueda en esa fecha por alguna concentración o torneo, me pasan el examen para otro día. Fue un proceso: en quinto grado todavía iba al colegio tres veces por semana, en sexto empecé a ir menos, y ya desde el primer año de secundaria estudio desde una plataforma donde el colegio sube todos los contenidos y actividades.
- ¿Tuviste dudas en algún momento? Es un paso grande dejar esa cotidianeidad con tus compañeras y compañeros…
Sí, es cierto que perdés esa parte social, y no está tan bueno. Pero también tengo compañeras en gimnasia, chicas que ya se manejaban de esa manera, con las que compartimos experiencias. Eso ayudó a que mis papás se animaran a esto. Cada vez que voy al colegio, todos me reciben superbién, estoy feliz con mi decisión.
- ¿Dejó de ser un juego la gimnasia para vos?
Creo que en el alto rendimiento siempre hay una parte de juego, porque es algo que amo y que disfruto mucho hacer. Siento mucha adrenalina en algunos ejercicios. En algunos, de repente, me siento volando. Hay cosas que tienen su tiempo, tal vez las paralelas son más lentas, y otras cosas son más rápidas, como los ejercicios de suelo. Ahí siento que vuelo, estoy un segundo quieta, en el aire, y es hermoso. Pero, a pesar de eso, ya no sé si me lo tomo tanto como un juego.
- ¿Cuál considerás que fue tu mayor logro o alegría?
El año pasado fueron una alegría enorme las dos medallas que gané en los Juegos Panamericanos. También poder ir a mi primer mundial. Son logros muy grandes que voy a recordar llevar siempre. Estar en un mundial me permitió conocer a grandes gimnastas, compararme con ellas y ver cuánto me falta por mejorar.
¿JUEGOS OLÍMPICOS?
Como la mayoría de los deportistas, Julieta sueña con llegar a los Juegos Olímpicos. Apunta, en principio, a los más inmediatos, Los Ángeles 2028. Está dispuesta a dar todo de su parte, aunque es consciente de que depende de otros factores que están más allá de ella: “No hay mucho apoyo económico para viajar a varias competencias importantes. Me encantaría ir al Panamericano de este año, o a las copas del mundo, pero no hay presupuesto. Es un bajón. Si no tenés la plata, no podés medirte”, se lamenta.





