ARAMIS SÁNCHEZ AYALA EL PODER DE LA CONFIANZA

Lleva casi la mitad de su vida compitiendo en el agua. Pasó del deslumbramiento ante quienes consideraba mejores a la costumbre de ganarles a todos. Olimpia de Plata 2025 en canotaje, este año da el salto a las competencias de mayores.
Lleva casi la mitad de su vida compitiendo en el agua. Pasó del deslumbramiento ante quienes consideraba mejores a la costumbre de ganarles a todos. Olimpia de Plata 2025 en canotaje, este año da el salto a las competencias de mayores.

Junto a su hermana, se pasaban los días frente a la computadora, de a ratos jugando y de a ratos peleando por los juegos y los turnos. Sus padres, atentos a la situación, decidieron anotarlos en distintos deportes. Aramis Sánchez Ayala, ganador del Olimpia de Plata 2025 en Canotaje, probó con fútbol, tenis, natación y taekwondo, donde duró más tiempo, hasta encontrar de rebote la disciplina que mejor le sienta.

Cuando Aramis tenía once años, su papá se lesionó la rodilla y el fútbol se volvió una imposibilidad. Cargó a toda la familia y la llevó al club Boulevard de Viedma a practicar un deporte diferente, sin contacto físico con los rivales y con el agua como medio. “Al principio fui obligado, porque yo quería quedarme en mi casa, nada más. No quería hacer nada. Además, me daba un poco de miedo, pensaba que el kayak, que fue lo primero que usé, se me podía dar vuelta y dejarme boca abajo en el agua. El profe me ayudó a darme cuenta de que eso no me iba a pasar. Después, se fueron combinando cosas lindas”, cuenta Aramis.  

  • ¿Como cuáles?

Era verano, así que para mí fue como estar en una colonia más, otro lugar para ir a jugar. Me hice amigo de otros chicos que iban ahí y me copó. También confirmé que prefería los deportes individuales. Los de equipo no me gustaban, porque pensaba que si hacía algo mal, los perjudicaba a todos, y eso me hacía sentir incómodo. En fútbol era bastante malo. En cambio, en los deportes individuales, lo bueno o lo malo que hiciera solamente me impactaría a mí.

  • ¿Cuándo empezaste a darte cuenta de que te salía bien?

No sé, creo que recién cuando fui a mi primer selectivo de velocidad. Hasta ese momento, siempre tuve muy alta estima de los demás, tenía muy arriba a los chicos que remaban en canoa en la Argentina y creía que, cuando fuera a ese selectivo, me iban a ganar por un montón. Al final, fui y gané, sacándole seis segundos de distancia al segundo. Ahí pasé de recontrahumilde a todo lo contrario.

  • ¿Te agrandaste?

Claro, al principio sí.

  • ¿Y cómo manejás eso?

Me parece que el deporte en sí te va enseñando. Si te relajás y te confiás de más, la competencia te pasa factura. Y también al revés: si te menospreciás, también te pasa factura. Para ganar necesitás tener la confianza de que podés ser mejor que el resto. Y si tenés a uno adelante, sentir que lo podés pasar igual. Sin autoestima, es imposible.

  • ¿Qué te generó ver que estabas a la altura de los que creías mejores?

Esa fue la mejor sensación que tuve en una carrera. Me pasaron cosas mucho más importantes, como estar en dos finales del mundo en 2023 o ser campeón panamericano, pero esas veces yo ya sabía que más o menos iba a andar así. Esa primera vez, en ese selectivo, yo no sabía cómo me iba a salir, entonces la sorpresa fue un factor que me hizo sentir cosas que creo que nunca más voy a sentir.

  • ¿Qué es lo mejor que te dio el deporte hasta ahora?

Yo creo que la mejor experiencia –no solo por su importancia, sino por todo– fueron los Juegos Panamericanos Junior, en Asunción. Ahí estaban mis amigos, mi familia, y me vieron ser campeón, que es diferente a verte obtener un buen resultado, pero sin estar arriba en el podio. Es otra cosa.

  • ¿Te emocionaste?

Sí, obvio. No llegué a llorar, pero cuando terminé de correr los mil metros y miré alrededor, estaban todos llorando: mis amigos, mi familia, mi entrenador. Y después, fue todavía más emocionante subirme al podio y ver a todos saludándome. El mejor momento.

  • Este año pasás a la categoría senior, ¿qué te genera ese salto?

Todavía no sé qué esperar, pero estoy tranquilo. Sé que soy joven y que es un deporte muy físico. No es como otros deportes en los que, con habilidad, si sos muy bueno, te podés destacar de chico. Estoy tranquilo de que van a ser mis primeras competencias de senior, solo voy a sumar experiencia, sin esperar resultados. Una vez que compita y vea dónde estoy parado, me voy a esforzar para mejorarlo.

  • ¿Cómo te llevás con los resultados cuando no se dan?

Puede sonar raro, pero hasta ahora siempre se me han dado, así que no sabría qué decir. Creo que es una buena señal, que indica que los objetivos que me pongo son realistas, porque siempre los cumplo. Los hablamos con mi entrenador, en quien confío muchísimo. Sé que nunca me va a pedir algo que no pueda hacer. Si me dice, por ejemplo, que puedo ser campeón panamericano, es porque tengo las condiciones.

Aquel chico que tenía pereza de ir al agua, al que había que obligar para que saliera de casa, hoy necesita la competencia, y se exige para seguir mejorando en un deporte que, a sus veinte años, ya le dio unas cuantas alegrías.

 

MÁS ALLÁ DEL AGUA

Aunque el deporte caló hondo en su vida, ese gusto temprano por las computadoras permaneció en Aramis, que cursa el tercer año de la Licenciatura en Sistemas, carrera que también eligió su hermana mayor. El canotaje es la actividad principal de sus días, lo que organiza el resto de su calendario, pero se las arregla para sostener ambas cosas: “En los primeros años me costó un poco, pero me fui adaptando y ahora ya tengo mi propio sistema. Un compañero me ayuda un montón y me explica lo que ven en las cursadas cuando yo no voy. Los profesores, por lo general, están dispuestos a ayudar, así que se me da bastante bien”, explica.

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