Una historia de amor al arte

0
46

Nuria Bueno reivindica como un hecho artístico su trabajo con la marca de alta costura que lleva su nombre y que en muy poco tiempo se posicionó entre las mejores. Diseños únicos y realizados a mano con gran maestría para mujeres de todas las edades.

Cuando a Nuria Bueno le preguntan cómo prefiere definir lo que hace, asegura, sin dudarlo, como alta costura. “Esto  quiere decir diseñar y hacer prendas únicas, delicadas, artesanales, pero que además representen enteramente a la persona que las use. En mi caso, yo misma confecciono a mano el 90 por ciento del trabajo en mi propio taller. Lo considero un quehacer artístico, y de hecho el leitmotiv de mi marca y de todo lo que hago es el arte, porque mi mirada sobre el diseño es artística. Esto tiene que ver también con que vengo de una familia de artistas plásticos. Somos ocho hermanos y nos criaron en un taller de pintura y cerámica, así que todos nos dedicamos al arte. Yo, además, soy flautista egresada del Conservatorio Manuel de Falla: fui concertista y docente de música durante muchos años”, explica. 

  • ¿Cómo fue el pasaje de la música a la alta costura?

Me alejé de la música cuando fui madre por primera vez, y años después estudié y trabajé en producción de cine y teatro. Fui vestuarista, entre otras cosas, así que me formé en diseño de indumentaria y me especialicé en estructura y acabados. Empecé en 2017 diseñando prêt-à-porter, y durante el parate por la pandemia aproveché para aprender con maestros internacionales de alta costura, obviamente on-line, y empecé a trabajar por recomendaciones. Ahora, en la alta costura, estoy en mi salsa.

  • ¿Cómo es tu método o rutina de diseño?

Yo misma diseño y hago desde la estructura hasta el acabado. En general, apenas veo a la persona resuelvo el diseño en mi cabeza. Entonces, trabajo directamente sobre su cuerpo para armar la estructura del vestido, que es toda la corsetería interna: los bodies, corsets y bustiers. Incluso puedo hacer un soutien interno con materiales traslúcidos, para que no se vea. Una vez que ya tengo la estructura, coloco unas varillas plásticas finitas que le den rigidez al corset. Después, sobre la base de la corsetería interior pasamos al diseño propiamente dicho, que es la confección del vestido, y lo armamos todo a mano, modelándolo directamente sobre el cuerpo. Es una forma de trabajo que se conoce también como técnica del moulage: voy levantando el volumen, lo voy girando y se superponen géneros a medida que se arma. Así pruebo distintas opciones y se las muestro directamente a la clienta frente al espejo, y ella también participa de las decisiones.

  • ¿Se puede decir que es un proceso interactivo, entre la diseñadora y la clienta?

¡Exacto! Si bien yo lo ligo más con la escultura, lo importante es que el trabajo hecho así, a mano, le brinda al vestido una terminación y un nivel de detalle que la máquina jamás puede dar. Y te aseguro que mis vestidos quedan como un guante. Además, es rápido, así que con este método puedo hacer sin problemas un vestido en dos días si es con dedicación exclusiva. Por supuesto que para todo esto tengo que invertir mucho en viajar para conocer, poder capacitarme con grandes maestros y estar presente en eventos como las Fashion Weeks. 

  • ¿Cuál es el público o el target de tus vestidos?

Por un lado, novias, madrinas y quinceañeras. Por otro lado, mujeres mayores de 40 que buscan vestidos a medida que no sean estandarizados, sino piezas únicas. Todo lo hacemos a mano y en forma personalizada para cada clienta, trabajando a medida para toda la diversidad de cuerpos y edades. También me interesa que la alta costura no sea algo basado solo en el dinero y en el diseñador estrella; al contrario, mi objetivo es que mucha más gente pueda acceder a un vestido a medida, no solo las modelos y celebrities. 

  • ¿Cómo creés que se refleja tu background artístico en lo que hacés?

Para empezar, los lugares en los que hago mi desfile anual tienen alguna relación con el arte: siempre son museos o galerías de arte. El último fue en los jardines del Museo de Arte Español Enrique Larreta, en el barrio de Belgrano, donde además hay espacios verdes abiertos con mucha naturaleza. Ideal para un té o un brindis. Allí presenté 45 vestidos, pero además confeccioné uno en tiempo real en la apertura del desfile, sobre un escenario y mientras tocaba un pianista. Me llevó media hora hacerlo. Eso también es algo que me gusta mucho: jamás organizar desfiles convencionales, sino tratar de hacer siempre algo distinto y ligado a lo artístico. 

“En general, apenas veo a la persona resuelvo el diseño en mi cabeza”.

  • ¿Y específicamente en tu forma de diseñar hay un abordaje desde el arte?

Sí, por supuesto. En principio, porque no trabajo jamás con la moldería convencional, que estandariza los cuerpos y el diseño. Yo quiero romper con eso, y por eso me corrí del estándar y trabajo todas las edades y todas las contexturas físicas. Diseño a medida, como se hace siempre en la alta costura, así que cada prenda es una pieza única. Siempre digo que mis clientas tienen vestidos que las representan a ellas y no a mí. 

  • Como artista y diseñadora, ¿creés más en el talento o en el trabajo?

En las dos cosas. Creo que el talento se trabaja. Eso quiere decir que, si llega la inspiración, es siempre después de muchos años de práctica. En mi caso, al venir de la música, mi mirada quizás es distinta a la de otros diseñadores.

  • ¿Cómo es tu equipo de trabajo?

Es reducido, mínimo, porque nuestro trabajo es personalizado. La alta costura es una profesión de mucha labor solitaria en el taller, o a lo sumo con un equipo pequeño. Hacemos todo nosotras: desde los apliques para vestidos de novia hasta pulseras con ramos de flores incorporados. Además, es muy familiar. Están mi hermana Melina, que es una bordadora de primera, y mis dos hijas, muy jovencitas, que son parte de la organización y también trabajan en el backstage. 

  • ¿Cuál creés que fue tu fórmula para haber conseguido tanto en tan poco tiempo?

No dejar nunca de aprender y estar abierta a las novedades; por ejemplo, saber si aparecen materiales más ligeros para resolver la estructura, que es algo en lo que siempre se puede mejorar. También aprendo cuando en mis desfiles descubro algo que podría haber resuelto de otra forma, y siempre les pido a mis clientas que me digan qué detalles podrían mejorarse. En el arte siempre se evoluciona, y esto es un arte. 

  • ¿Qué metas te planteás para los próximos años?

Poner a la alta costura auténtica y hecha en la Argentina en el nivel que merece nuestro diseño. Quiero que la gente reconozca nuestro trabajo directamente en el vestido que lleva una persona. Para eso, hay que trabajar con el diseño de una forma artística, siguiendo un camino de formación y evolución constante. En eso estamos.