ESTAFA DE LA PANTALLA COMPARTIDA

Una modalidad de robo que forma parte de una evolución del phishing cada vez más personalizada y difícil de detectar.
Una modalidad de robo que forma parte de una evolución del phishing cada vez más personalizada y difícil de detectar.

De qué se trata este tipo de engaño? Hay que imaginar la siguiente situación: publicás algo usado en Marketplace y alguien escribe con interés. Todo fluye, hasta que pide una videollamada para “ver que ande bien”. Accedés con confianza, total ¿qué puede pasar?

Así de inofensiva puede parecer una videollamada que termina convirtiéndose en el atajo perfecto para que a una persona le vacíen la cuenta. Hay que prestar atención a este dato: no roban la clave, roban la mirada.

En la llamada aparece el primer “detalle técnico”: la imagen se ve mal, está borrosa, no enfoca. La solución que proponen suena lógica y rápida: “¿Compartís pantalla así veo mejor?”. Lo que no sabe la persona es que, con ese gesto, acaba de abrir la puerta a una de las estafas digitales que más creció en los últimos meses.

La llamada “estafa de la pantalla compartida” es una modalidad de phishing en tiempo real. No hay mails raros ni links sospechosos. Todo pasa frente a tus ojos.

Al compartir pantalla, la otra persona ve todo lo que pasa en el celular: notificaciones, mensajes y códigos que llegan por SMS. En ese mismo momento, el estafador inicia procesos de recuperación de cuentas (WhatsApp, billeteras virtuales o home banking). El código de verificación llega al teléfono y ellos lo leen en vivo desde la pantalla compartida.

Según alertas emitidas por fuerzas de seguridad y organismos de ciberseguridad en la Argentina, este tipo de estafa creció de la mano del uso cotidiano de videollamadas y funciones colaborativas pensadas para el trabajo, no para transacciones con desconocidos.

Pero hay estrategias de defensa. La primera es una regla de oro: jamás compartir pantalla con un desconocido. Un comprador real se conforma con fotos, videos grabados o, en todo caso, un encuentro en un lugar público.

Si el supuesto comprador dice que no ve bien, se puede ofrecer una alternativa simple: cortar la llamada y mandar un video por WhatsApp. 

Otra capa clave de protección es blindar WhatsApp activando la verificación en dos pasos con el PIN de seis dígitos. WhatsApp explica cómo hacerlo paso a paso en su centro de ayuda oficial.

También es fundamental no abrir apps bancarias o billeteras virtuales durante una videollamada, incluso si uno conoce a la otra persona. El hábito de “mirar rápido” es justo lo que aprovechan los estafadores. Y ante la mínima instrucción técnica rara –“tocá ese botoncito”, “probá esta opción”–, es recomendable cortar la llamada. Perder una venta duele, pero perder dinero duele mucho más.

Y si bien las estafas evolucionan al ritmo de la tecnología, no hay que tener miedo de parecer desconfiado o “mala onda”. El celular es la billetera de uno, la identidad y vida digital. Cuidarlo no es exagerar, es tener ingenio.

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