EL “MONO” VILLEGAS

Enrique Villegas, conocido como “el Mono”, nació en Buenos Aires el 3 de agosto de 1913. Su vida fue un contrapunto entre la irreverencia y la genialidad: un músico que nunca se dejó domesticar por las convenciones y que convirtió el piano en un territorio de libertad absoluta. 

Criado por sus tías tras la temprana muerte de su madre, Villegas se formó en un ambiente donde la disciplina era relativa y la curiosidad infinita. A los 7 años ya tocaba el piano “a lo Mozart”. Se formó con el gran maestro Alberto Williams, quien le dio un bagaje clásico, pero le abrió la puerta a todos los géneros. 

Dejó sus estudios en el Mariano Acosta en cuarto año para dedicarse enteramente a la música. 

Aquella infancia sin corsés se reflejó en su arte: un jazz que no imitaba, sino que reinventaba.

Brindó su primer concierto en 1932 en el desaparecido Teatro Odeón de la calle Esmeralda con obras de su admirado Ravel. Ya por entonces se apasionaba escuchando los discos de sus ídolos Duke Ellington, Louis Armstrong, Art Tatum, Thelonious Monk y Bill Evans. En el Consejo Nacional de Mujeres se dio el gusto de Interpretar la Rhapsody y Blue de Gershwin. 

En 1941 estrenó una de sus primeras composiciones, Jazzeta, primer movimiento. 

En 1955 pudo cumplir el sueño de viajar a Nueva York para grabar su primer disco para el sello Columbia, Introducing Villegas, y Very, Very Villegas, junto a grandes del jazz como Milt Hilton y Cozy Cole. Allí trabó amistad con figuras de la talla de Cole Porter, Nat King Cole, Count Basie y Duke Ellington. El Mono era reconocido como uno de los grandes pianistas y jazzeros a nivel mundial. Recorrió los escenarios de Europa y los más destacados festivales de jazz y llevó su música a escenarios como el Teatro Colón de Buenos Aires. 

Sus discos son hoy piezas de culto, y cada registro es un manifiesto de su estilo. En 1956 grabó Jazz en Buenos Aires; en 1964, Enrique Villegas en el Colón, que incluye su célebre interpretación de Rhapsody in Blue con la Filarmónica de Buenos Aires, un hito en la historia del jazz argentino; en 1966, En cuerpo y alma; en 1967, Metamorfosis – Los 24 preludios de Chopin y Tributo a Monk; en 1968, Porgy & Bess, Baladas de amor y Encuentro – Enrique Villegas / Paul Gonçalves / Willie Cook; en 1973, 60 años; en 1975, Inspiración; y en 1977 grabó el que sería su último disco de estudio junto a Oscar Alemán y Osvaldo López, Tributo a Jerome Kern

El Mono se fue despidiendo a lo grande. Un año antes de partir, se dio el gusto de tocar en el estadio de Vélez Sarsfield la Obertura 1812 de Chaikovski acompañado por una gran orquesta. Poco después recibió el Premio Konex por ser uno de los más destacados intérpretes de jazz de nuestro país. Murió en su amada Buenos Aires el 11 de julio de 1986.

Villegas no fue simplemente un pianista de jazz: fue un arquitecto de atmósferas, un narrador sonoro que convirtió cada concierto en un acto de rebeldía estética. Su legado es doble: por un lado, la certeza de que el jazz puede tener acento argentino; por otro, la advertencia de que la genialidad no siempre se traduce en herencia, porque algunos talentos son únicos y no admiten descendencia.

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