Un equipo internacional de paleontólogos, liderado por investigadores de la Universidad de Bath (Reino Unido), ha publicado en la revista Scientific Reports un análisis detallado de una tibia aislada descubierta hace décadas en la Formación Kirtland, en el desierto de Bisti/De-Na-Zin, al noroeste de Nuevo México. El fósil, catalogado como NMMNH P-25085, mide 960 mm de largo y tiene un diámetro mediolateral de 128 mm, lo que lo convierte en el hueso de tibia más grande conocido para el periodo Campaniense tardío (hace aproximadamente 74 millones de años).
Estas proporciones representan alrededor del 84% de la longitud y el 78% del diámetro de la tibia del ejemplar más grande de Tyrannosaurus rex conocido, el famoso «Sue» (FMNH PR2081), que vivió unos 67 millones de años después y cuyos restos se exhiben en el Museo Field de Chicago. Aplicando escalas biométricas, los autores estiman que el animal al que pertenecía esta tibia pesaba cerca de 4.700 kilos (aproximadamente 5 toneladas), superando en tamaño y masa a cualquier otro tiranosáurido contemporáneo documentado.
El origen de los tiranosaurios gigantes como el T. rex ha sido un enigma durante décadas. Algunas teorías apuntaban a un surgimiento en Asia, con migración posterior a Norteamérica, mientras que otras sugerían un origen norteamericano. Este nuevo fósil, apodado informalmente «el tiranosaurio de Hunter Wash» por la unidad geológica donde se encontró, inclina la balanza hacia la hipótesis del sur de Laramidia.
Durante el Cretácico Superior, el continente norteamericano estaba dividido por un mar interior poco profundo (el Mar de Western Interior), que separaba dos grandes masas terrestres: Appalachia al este y Laramidia al oeste. En el norte de Laramidia predominaban tiranosáuridos más pequeños y esbeltos (como los albertosaurinos y daspletosaurinos), mientras que el sur —incluyendo lo que hoy es Nuevo México y Texas— parece haber albergado formas gigantes con anterioridad.
La tibia presenta características robustas —eje recto, proporciones anchas y una forma triangular en el extremo distal— que coinciden más con los Tyrannosaurini, el clado que incluye al Tyrannosaurus rex, Tarbosaurus y Zhuchengtyrannus. Los autores consideran tres posibilidades principales: que pertenezca a un Bistahieversor excepcionalmente grande y robusto (un tiranosáurido local de Nuevo México), a una línea desconocida de tiranosáuridos gigantes o, la más probable según sus comparaciones, a un representante temprano de los Tyrannosaurini.
Este hallazgo se suma a otros descubrimientos recientes de grandes tiranosáuridos en el sur de Estados Unidos, reforzando la idea de una «endemicidad marcada» en Laramidia: los gigantes vivían en el sur, mientras que formas más pequeñas ocupaban el norte.
Sin embargo, los científicos advierten cautela: con solo un hueso aislado, es imposible una identificación definitiva del género o especie. Se necesitan fósiles más completos para confirmar sus afinidades filogenéticas, precisar mejor su tamaño y peso, y resolver definitivamente el rompecabezas del origen de los tiranosaurios más icónicos.





