LOS NIVELES DE ACTIVIDAD FÍSICA EN EL MUNDO NO HAN MEJORADO EN LOS ÚLTIMOS 20 AÑOS 

Estudios internacionales advierten de que los esfuerzos para aumentar el ejercicio entre la población apenas logran resultados. La falta de avances se agrava por profundas desigualdades sociales y de género.
Estudios internacionales advierten de que los esfuerzos para aumentar el ejercicio entre la población apenas logran resultados. La falta de avances se agrava por profundas desigualdades sociales y de género.

Los niveles de actividad física en el mundo no han mejorado en los últimos 20 años, a pesar del creciente número de políticas públicas destinadas a promoverla. Tres estudios publicados recientemente en Nature Medicine y Nature Health concluyen que los esfuerzos actuales no están logrando aumentar de forma significativa la práctica de ejercicio, mientras que las desigualdades sociales y de género siguen marcando grandes diferencias en quién puede mantenerse activo.

Según los investigadores, alrededor de uno de cada tres adultos y ocho de cada diez adolescentes no cumplen las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Estas establecen al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada (o equivalente) en adultos y 60 minutos diarios en niños y adolescentes. La inactividad física se asocia cada año con más de cinco millones de muertes en todo el mundo, lo que la convierte en uno de los principales factores de riesgo modificables para la salud pública global.

Uno de los estudios, liderado por Andrea Ramírez Varela, de The University of Texas Health Science Center at Houston (EE.UU.), analizó 661 documentos de políticas nacionales de actividad física en 200 países entre 2004 y 2025. Los resultados muestran un avance notable en la adopción de estrategias: el 92% de los países cuenta con al menos un documento relacionado con la promoción de la actividad física, y el 35% tiene políticas específicas dedicadas exclusivamente a este tema.

Sin embargo, existe poca evidencia de que estas políticas se estén aplicando de forma efectiva. Solo el 38,7% de las políticas asigna responsabilidades a tres o más sectores gubernamentales (como salud, transporte, educación o urbanismo), algo esencial para generar cambios sistémicos. Además, el 26,5% de los países con políticas no establece objetivos medibles, lo que complica evaluar su impacto real.

Los autores entrevistaron a 46 responsables políticos, académicos y representantes de organizaciones internacionales. Según sus testimonios, la actividad física ha pasado de ser un tema casi invisible en la agenda política a tener una prioridad baja, pero en ascenso gradual, aunque sigue muy por detrás de otras áreas de salud pública como las enfermedades infecciosas o el tabaco. Entre los obstáculos destacan la falta de consenso sobre el enfoque (¿individual o sistémico?), la ausencia de un organismo gubernamental claramente responsable de coordinar las acciones y la tendencia a verlo como un problema de comportamiento personal en lugar de un reto estructural.“Priorizar las políticas de ejercicio físico es esencial para mejorar la salud humana, social y planetaria”, concluyen los autores.Desigualdades persistentes por género y nivel socioeconómicoOtro trabajo, encabezado por Deborah Salvo, de The University of Texas at Austin, analizó datos de actividad física procedentes de 68 países (principalmente mediante encuestas STEPwise de la OMS). Revela importantes desigualdades: la actividad física recreativa (deporte, gimnasio, ocio activo) es mucho más común en grupos socioeconómicos favorecidos, mientras que la actividad ligada a la necesidad —como trabajos físicamente exigentes o desplazamientos a pie o en bicicleta— predomina en poblaciones de menores recursos.La brecha es notable: la actividad recreativa es hasta 40 puntos porcentuales más frecuente en hombres de altos ingresos en países ricos que en mujeres de bajos ingresos en países de renta baja. Además, persisten marcadas diferencias de género: las mujeres tienen menor prevalencia de actividad recreativa (hasta 15 puntos porcentuales menos que los hombres en promedio), mientras que los hombres realizan más actividad por necesidad laboral o transporte.Más allá de prevenir enfermedades crónicas (cardiovasculares, diabetes, cáncer), la actividad física fortalece el sistema inmunitario, alivia síntomas de depresión y mejora los resultados en pacientes oncológicos, entre otros beneficios.Actividad física y cambio climático: oportunidades y riesgosEl tercer estudio, dirigido por Erica Hinckson, de Auckland University of Technology (Nueva Zelanda), propone un modelo conceptual que vincula la promoción de la actividad física con la mitigación y adaptación al cambio climático. Políticas que fomentan caminar, usar la bicicleta o el transporte público en lugar del coche pueden reducir simultáneamente las emisiones de gases de efecto invernadero y aumentar los niveles de movimiento en la población.Sin embargo, el cambio climático también afecta negativamente la actividad física: olas de calor extremas, inundaciones, contaminación del aire y eventos climáticos dificultan el ejercicio al aire libre, especialmente en comunidades vulnerables. Además, algunas intervenciones —como grandes estadios o eventos deportivos internacionales— pueden generar emisiones adicionales si no se planifican de manera sostenible. La transformación urbana para crear ciudades más caminables podría incluso desplazar a residentes si eleva los precios de la vivienda.Los autores defienden una aproximación integrada que combine salud pública, planificación urbana, transporte y políticas climáticas, con especial énfasis en proteger a las poblaciones más vulnerables.Un problema global persistente que exige acción sistémicaEn conjunto, los tres estudios coinciden en que la inactividad física sigue siendo un problema global y persistente. A pesar de dos décadas de avances en recomendaciones, redes internacionales y planes de acción, los niveles poblacionales de actividad física apenas han cambiado desde alrededor de 2012, y es improbable que se cumpla la meta de la OMS de reducir la inactividad en un 15 % para 2030.Para los investigadores, la clave radica en pasar de políticas declarativas a acciones coordinadas multisectoriales —desde el diseño urbano hasta la educación y el transporte— que faciliten la actividad física en la vida cotidiana. Sin un enfoque sistémico que aborde determinantes sociales, económicos y ambientales, será difícil revertir una tendencia que afecta no solo la salud pública, sino también el desarrollo sostenible y la resiliencia climática del planeta.

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