LOS BABUINOS JÓVENES EXHIBEN CELOS HACIA SUS HERMANOS, AL IGUAL QUE LOS NIÑOS HUMANOS

Un estudio reciente publicado en Proceedings of the Royal Society B revela que los babuinos chacma salvajes muestran comportamientos que reflejan celos entre hermanos por la atención materna, especialmente durante el acicalamiento.
Un estudio reciente publicado en Proceedings of the Royal Society B revela que los babuinos chacma salvajes muestran comportamientos que reflejan celos entre hermanos por la atención materna, especialmente durante el acicalamiento.

La rivalidad entre hermanos no es exclusiva de las familias humanas. Los jóvenes babuinos chacma también compiten intensamente por la atención exclusiva de su madre, según un nuevo estudio científico que documenta comportamientos sorprendentemente parecidos a los celos infantiles en nuestra especie.

Axelle Delaunay, bióloga evolutiva de la Universidad de Turku (Finlandia) y autora principal de la investigación -publicada en la revista Proceedings of the Royal Society B—, explica que los celos son una emoción “muy llamativa” en los humanos, pero su existencia en otros primates ha sido un tema de debate durante décadas. “Los celos son muy difíciles de medir”, señala Delaunay, lo que explica por qué se han estudiado poco en animales no humanos. Sin embargo, este trabajo ofrece algunas de las pruebas más contundentes hasta la fecha de que los primates pueden experimentar formas de celos.

Tradicionalmente, se asumía que en primates monotocous (que tienen un solo cría por parto) no existía una competencia real entre hermanos, ya que nacen con diferencias de edad significativas y no demandan los mismos recursos maternos simultáneamente. Sin embargo, los babuinos chacma desafían esta idea: mantienen vínculos largos y estrechos con sus madres, que los acicalan frecuentemente y a veces muestran preferencias claras.

Entre agosto y diciembre de 2021, Delaunay y su equipo observaron dos grupos de babuinos chacma salvajes en el Parque Natural Tsaobis, en el centro de Namibia. Analizaron 16 familias con un total de 49 crías hermanas. En estas sociedades matrilineales —donde el estatus se hereda de madre a hija y los machos abandonan el grupo al alcanzar la pubertad—, los investigadores siguieron a las madres mientras descansaban o acicalaban a sus crías. Registraron meticulosamente cada intervención de un hermano: desde mordidas y golpes hasta gritos o peticiones más sutiles de atención.

Los resultados fueron reveladores y “reflejan sorprendentemente los patrones de celos entre hermanos reportados en humanos”. Los babuinos juveniles interrumpían con mucha más frecuencia cuando la madre estaba acicalando a un hermano que cuando estaba sola. Eran el doble de propensos a interferir si el hermano beneficiado era más joven, y también interrumpían más cuando el receptor era del mismo sexo. Además, cuanto mayor era el babuino, menos probable era que interrumpiera el tiempo madre-hermano.

A pesar de cientos de observaciones de este comportamiento “celoso”, las interrupciones rara vez funcionaban: menos del 10% de las veces el interruptor lograba recibir acicalamiento. En la gran mayoría de los casos, la madre ignoraba la interferencia y continuaba con el hermano original.

“La mayor parte del tiempo, la interferencia realmente no funciona”, comenta la Dra. Delaunay. “Entonces, ¿cuáles son los beneficios?”. Ella y sus colegas plantean que futuras investigaciones podrían esclarecer el valor evolutivo de estos celos, quizás relacionados con la competencia a largo plazo por el afecto y los recursos maternos. El estudio también invita a explorar más a fondo la rica gama de emociones en primates no humanos.

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