El consumo de grandes cantidades de alimentos ultraprocesados no solo está relacionado con una menor fertilidad en los hombres, sino también con un crecimiento más lento de los embriones en sus primeras etapas y con sacos vitelinos más pequeños, elementos esenciales para el desarrollo embrionario temprano.
Los alimentos ultraprocesados suelen tener un alto contenido en azúcares añadidos, sal, grasas saturadas y trans, aditivos y un bajo contenido en fibra. Así revela un nuevo estudio, publicado en la revista Human Reproduction. Sus autores indican que reducir el consumo de estos alimentos, especialmente en torno al momento de la concepción y el embarazo, es mejor tanto para los padres como para los embriones.
El consumo de alimentos ultraprocesados ha crecido rápidamente en todo el mundo. Se trata de productos diseñados para la comodidad y la producción en masa, con alto contenido en azúcares añadidos, sal, grasas saturadas y trans, aditivos químicos y bajo aporte de fibra, alimentos integrales y otros nutrientes esenciales. En algunos países de ingresos altos, estos alimentos representan ya entre el 50% y el 60% de la ingesta diaria total.
“Aunque los ultraprocesados son comunes en nuestra dieta, se sabe muy poco sobre su posible relación con los resultados de fertilidad y el desarrollo humano temprano”, afirmó Romy Gaillard, pediatra y profesora asociada de epidemiología del desarrollo en el Centro Médico de la Universidad Erasmus, en Róterdam (Países Bajos), quien dirigió el estudio.
El equipo científico analizó los datos de 831 mujeres y 651 de sus parejas masculinas inscritas en el programa Generation R Study Next, un estudio prospectivo de base poblacional que sigue a las familias desde antes de la concepción hasta la infancia de los hijos. Las parejas fueron incluidas entre 2017 y 2021, en el periodo previo a la concepción o durante el embarazo.
Los investigadores evaluaron la dieta de ambos miembros de la pareja mediante un cuestionario detallado realizado alrededor de la semana 12 de gestación. Los alimentos se clasificaron según su grado de procesamiento, y el consumo de ultraprocesados se expresó como porcentaje de la ingesta total diaria en gramos. El consumo medio fue del 22% en las mujeres y del 25% en los hombres.
Un cuestionario adicional recogió información sobre el tiempo hasta el embarazo, la fecundabilidad (probabilidad de concebir en un mes) y la subfertilidad (más de 12 meses para concebir o necesidad de técnicas de reproducción asistida).El tamaño y desarrollo del embrión se midió mediante ecografía transvaginal a las 7, 9 y 11 semanas de gestación, evaluando la longitud cráneo-rabadilla (LCR) y el volumen del saco vitelino.
Celine Lin, primera autora del estudio y estudiante de doctorado en el Centro Médico de la Universidad Erasmus, explicó: “Observamos que el consumo de ultraprocesados en las mujeres no se relacionaba de forma sistemática con el riesgo de subfertilidad ni con el tiempo hasta el embarazo, pero sí se asociaba con un crecimiento embrionario y un tamaño del saco vitelino ligeramente menores en la séptima semana de gestación”.
Según Lin, estas diferencias eran pequeñas, “pero son importantes desde el punto de vista de la investigación y a nivel poblacional, ya que demostramos por primera vez que el consumo de este tipo de alimentos no solo es importante para la salud de la madre, sino que también puede estar relacionado con el desarrollo de la descendencia”.
MENOR FERTILIDAD EN HOMBRES
En los hombres, un mayor consumo de ultraprocesados se asoció con mayor riesgo de subfertilidad y un tiempo más prolongado hasta lograr el embarazo, aunque no se observó relación directa con el desarrollo embrionario temprano. “Esta asociación puede explicarse por la sensibilidad del esperma a la composición de la dieta, mientras que el consumo materno de estos alimentos puede influir directamente en el entorno intrauterino en el que se desarrolla el embrión desde el inicio de la vida”, señaló Lin.
La doctora Gaillard concluyó que estos hallazgos sugieren que “una dieta baja en alimentos ultraprocesados sería lo mejor para ambos miembros de la pareja, no solo para su propia salud, sino también para sus posibilidades de embarazo y la salud de su futuro hijo”.
Otros estudios previos han vinculado un crecimiento embrionario más lento en el primer trimestre con mayor riesgo de parto prematuro, bajo peso al nacer y problemas cardiovasculares en la infancia. Un desarrollo alterado del saco vitelino se asocia, además, con mayor riesgo de aborto espontáneo y parto prematuro.
“Es importante destacar que, al tratarse de un estudio observacional, nuestro trabajo muestra asociaciones, pero no puede demostrar efectos causales directos del consumo de ultraprocesados sobre estos resultados en las primeras etapas de la vida”, puntualizó Gaillard. “Se necesita más investigación para replicar nuestros hallazgos en poblaciones diversas y para estudiar los posibles mecanismos biológicos”.
En el futuro, el equipo investigará si estas diferencias se deben al bajo valor nutricional de los ultraprocesados, a la mayor exposición a aditivos o incluso a microplásticos.
“Nuestra investigación muestra que debemos pensar de forma más amplia sobre la fertilidad y el embarazo temprano. Debemos alejarnos de la idea de que solo la salud y el estilo de vida de las futuras madres son importantes, y reconocer que la salud y el estilo de vida tanto de la madre como del padre desempeñan un papel clave. Nuestros resultados ponen de relieve la necesidad de prestar más atención a la salud masculina en el periodo preconcepcional, que tradicionalmente se ha pasado por alto”, subrayó la investigadora.





