A pesar de la notable reducción en las tasas de tabaquismo en las últimas décadas, el consumo de cigarrillos sigue representando una de las principales causas de mortalidad evitable a nivel mundial. Un nuevo estudio publicado esta semana en la revista Nicotine and Tobacco Research revela que las diferencias socioeconómicas no solo influyen en la probabilidad de fumar, sino también en el grado de adicción y en las dificultades para dejar el hábito.
La investigación, liderada por Annika Theodoulou, investigadora de la Universidad de Oxford, demuestra que las personas en situaciones de mayor desventaja económica son más propensas a fumar, presentan niveles más altos de dependencia al tabaco y encuentran mayores obstáculos para abandonar el consumo. Según Theodoulou, estos patrones se mantienen de forma “constante” independientemente del indicador socioeconómico utilizado, lo que confirma una brecha persistente en salud pública.
“El grado de tabaquismo suele ser más elevado entre las personas más desfavorecidas”, explica la autora principal. “Por ello, los esfuerzos continuos para aumentar el acceso y la aceptación de los servicios para dejar este hábito entre las personas con menos ingresos son pasos fundamentales para abordar las desigualdades en materia de salud”.
El estudio, realizado en colaboración con el University College de Londres y la Universidad de Massachusetts Amherst, y con apoyo parcial del Instituto Nacional de Investigación en Salud y Atención Médica del Reino Unido (NIHR), analizó datos del Smoking Toolkit Study (STS), una encuesta continua representativa de adultos en Inglaterra. Se examinaron casi 195.543 participantes entre 2014 y 2023, evaluando vínculos entre hábitos tabáquicos y cinco indicadores de posición socioeconómica: grado ocupacional, situación laboral, tipo de vivienda, nivel educativo e ingresos familiares.
Los resultados muestran que las diferencias persisten en múltiples dimensiones. Las personas con mayor desventaja —medida por ocupación de menor estatus, ingresos bajos, menor educación o vivienda de alquiler— presentan mayor prevalencia de tabaquismo, urgencias más intensas por fumar (indicador de mayor adicción) y menor motivación o éxito en los intentos de abandono.
En concreto, quienes viven en viviendas de alquiler tienen menos probabilidades de lograr dejar de fumar en comparación con los propietarios. Asimismo, los grupos con ocupaciones de menor prestigio, ingresos familiares reducidos y menor nivel educativo intentan dejarlo con menos frecuencia y con tasas de éxito inferiores.
Aunque los cigarrillos electrónicos son ampliamente utilizados por quienes buscan abandonar el tabaco, el estudio no encontró conclusiones claras sobre diferencias consistentes en su uso según el nivel socioeconómico, ya que los patrones variaban.
En Inglaterra, la prevalencia actual del tabaquismo se sitúa en torno al 11,9% entre los adultos, mientras que en Estados Unidos alcanza el 11,6%. Sin embargo, el estudio subraya que una mayor prevalencia en grupos desfavorecidos contribuye directamente a un aumento de enfermedades, discapacidades y muertes prematuras, perpetuando las desigualdades en salud.





