Un equipo de investigadores de la Universidad de Yamanashi (Japón), liderado por el biólogo del desarrollo Teruhiko Wakayama, ha demostrado que la clonación repetida (o seriada) de mamíferos no puede mantenerse de forma indefinida. Aunque las primeras generaciones de clones parecen sanas y con una esperanza de vida normal, con el paso de las generaciones se acumulan mutaciones en el ADN que terminan siendo letales y reducen drásticamente la tasa de éxito del proceso.
El estudio, publicado en la revista Nature Communications, se basó en un experimento excepcional que duró casi 20 años. Partiendo de una única hembra de ratón donante (de pelaje agutí), los científicos generaron más de 1.200 ratones clonados mediante transferencia nuclear de células somáticas, alcanzando hasta la 57ª generación de re-clonación. Las ratonas clonadas de generaciones tempranas gozaban de buena salud y vivían aproximadamente dos años, similar a los controles. Sin embargo, a partir de la 27ª generación comenzó a observarse una disminución progresiva en la tasa de natalidad, que se agravó notablemente en generaciones posteriores.
En la 58ª generación, el proceso llegó a su fin: todos los ratones clonados murieron al día siguiente de nacer, a pesar de no presentar anomalías visibles externas. El análisis de secuenciación genómica completa reveló que las mutaciones se acumulaban a un ritmo aproximadamente tres veces superior al de los ratones nacidos por reproducción sexual. Entre otras alteraciones, se detectaron variantes estructurales grandes y mutaciones que afectaban funciones esenciales, lo que explica la caída en la viabilidad.
ANOMALÍAS EN LA PLACENTA Y EL ROL DEL SEXO
Uno de los hallazgos consistentes en todos los clones, independientemente de la generación, fue la alteración en la estructura de la placenta (más pesada y con cambios en las capas, como una expansión de la zona esponjosa). Estas anomalías placentarias, ya conocidas en la clonación, no empeoraron de forma acumulativa con las generaciones, pero sí contribuyeron a las dificultades reproductivas.
Cuando los ratones clonados de generaciones avanzadas se aparearon de forma natural, sus descendientes (nietos) mostraron una formación placentaria normal y una mejora significativa en la fertilidad. Esto indica que la reproducción sexual permite una “reparación” o mantenimiento de la integridad genómica que la clonación por sí sola no logra proporcionar. Los investigadores destacan que, aunque algunas plantas y animales inferiores pueden reproducirse asexualmente de manera sostenida, los mamíferos parecen depender del apareamiento para evitar la acumulación progresiva de errores genéticos.
IMPLICACIONES CIENTÍFICAS Y TECNOLÓGICAS
Anteriormente, el mismo equipo había logrado clonar en serie hasta 25 generaciones sin observar impactos claros en la salud, lo que llevó a pensar que el proceso podría continuar indefinidamente, especialmente con el uso de reactivos como el ácido tricostatina A para mejorar la reprogramación nuclear. Los nuevos resultados corrigen esa visión: existe un límite tecnológico claro.
Wakayama ha señalado que “nadie había continuado la re-clonación durante tanto tiempo”, y que este trabajo revela por primera vez que la clonación seriada en mamíferos alcanza un punto crítico. Aunque la técnica sigue siendo valiosa para la investigación científica (por ejemplo, en estudios de desarrollo o conservación), su baja tasa de éxito a largo plazo limita su utilidad práctica a gran escala, como en la agricultura o la producción de animales transgénicos.
Estos hallazgos no solo ponen de manifiesto los límites actuales de la biotecnología de la clonación, sino que también aportan evidencia sobre por qué la reproducción sexual ha sido evolutivamente favorecida en mamíferos: ayuda a preservar la estabilidad del genoma frente a la acumulación de mutaciones.





