En respuesta al alarmante repunte de casos de sarampión en Estados Unidos —el más alto desde el año 2000—, Mehmet Oz, el administrador de los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS) bajo la administración del presidente Donald Trump, ha instado públicamente a los estadounidenses a vacunarse contra esta enfermedad altamente contagiosa.
Aunque Estados Unidos mantiene aún el estatus de eliminación del sarampión según los criterios internacionales de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la persistencia y el crecimiento explosivo de los brotes en 2026 ponen en riesgo inminente esa clasificación. Expertos estiman que, de no revertirse la tendencia, el país podría perder el estatus de eliminación en los próximos meses.
En una entrevista reciente en CNN con la presentadora Dana Bash, Oz fue directo al grano: “Vacúnense, por favor. Tenemos una solución para nuestro problema”. Agregó que “no todas las enfermedades son igual de peligrosas ni todas las personas igual de susceptibles, pero el sarampión es una de esas patologías contra la que hay que vacunarse”. El llamado llega en medio de un contexto político tenso, ya que su superior directo, el secretario de Salud Robert F. Kennedy Jr., ha cuestionado durante años la seguridad y necesidad de ciertas vacunas, incluyendo revisiones a las recomendaciones federales para inmunizaciones infantiles como las combinadas contra sarampión, paperas, rubéola y varicela.
La presentadora Bash confrontó a Oz sobre esta aparente contradicción entre su mensaje pro-vacunas y las posturas históricas de Kennedy, quien ha impulsado cambios en las guías vacunales y ha despedido a miembros del comité asesor de inmunización. Oz defendió que la administración siempre ha apoyado la vacunación contra el sarampión en particular, citando declaraciones previas de Kennedy instando a vacunarse ante brotes iniciales.
Sin embargo, especialistas en salud pública consideran que el pronunciamiento de Oz llega “demasiado tarde”. Sruti Nadimpalli, profesora asociada clínica en enfermedades infecciosas pediátricas de la Universidad de Stanford, señaló en correspondencia con medios internacionales que se requiere un respaldo más proactivo, firme y consistente de los líderes a las vacunas infantiles, cuya seguridad y eficacia están ampliamente demostradas por décadas de evidencia científica.
Los datos más recientes del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) confirman 910 casos en lo que va de 2026 (hasta mediados de febrero), un salto drástico respecto a los 71 reportados en el mismo período del año anterior. En 2025 se registraron más de 2.200 casos —la cifra anual más alta en más de tres décadas—, con brotes concentrados en estados como Carolina del Sur (donde el brote principal supera los 900-950 casos), Texas, Florida y otros. La cobertura vacunal contra el sarampión (vacuna triple viral o MMR) permanece por debajo del 95% necesario para lograr la inmunidad de grupo en muchas comunidades, y en zonas afectadas es notablemente inferior.
A nivel global, la situación es mixta. Mientras Europa y Asia Central registraron una caída del 75% en casos entre 2024 (año récord) y 2025, varios países —incluidos Austria, España y el Reino Unido— perdieron su estatus de erradicación a inicios de 2026. La OMS y UNICEF han advertido repetidamente sobre los riesgos de la infravacunación, la erosión de la inmunidad colectiva y los brotes en poblaciones vulnerables.
Fatima Cengic, especialista en inmunización de UNICEF para Europa y Asia Central, explicó que el sarampión se ha convertido en “víctima de su propio éxito”: gracias a campañas históricas de vacunación, la enfermedad es hoy poco común, lo que genera una falsa sensación de seguridad y reduce las tasas de inmunización. Además, los gobiernos tienden a destinar menos recursos a programas de vacunación cuando la mortalidad baja, lo que agrava el problema a largo plazo.
“Dada la evolución global, prevemos que se avecina un gran problema”, advirtió Cengic. En ambos lados del Atlántico, la combinación de desinformación, hesitación vacunal y políticas que cuestionan las recomendaciones científicas ha facilitado la reaparición de una enfermedad que puede causar complicaciones graves, hospitalizaciones e incluso muertes en niños y adultos no inmunizados.





