BARCELONA: MIRADA, MATERIA Y ESPÍRITU

La Ciudad Condal, que suele desbordar de atractivos, en este 2026 agrega la particularidad turística de conmemorar el centenario de la muerte de Antoni Gaudí, el arquitecto modernista que dejó el legado de icónicos edificios que suelen ser recorridos por millares de visitantes.
La Ciudad Condal, que suele desbordar de atractivos, en este 2026 agrega la particularidad turística de conmemorar el centenario de la muerte de Antoni Gaudí, el arquitecto modernista que dejó el legado de icónicos edificios que suelen ser recorridos por millares de visitantes.

Una energía poderosa, envolvente y distinta embarga al visitante en cada paso por Las Ramblas. Las bulliciosas mañanas de sol pleno en las playas de Barceloneta siempre atraen, encadenadas con una inolvidable zambullida húmeda en el Mediterráneo. Tal vez, abandonarse en los mágicos encantos del Barrio Gótico, con su portentosa catedral de arquitectura catalana, o una caminata serena y conmovedora por Montjuïc, con su icónica Plaça Espanya y el impactante Museu Nacional d’Art. O, por el contrario, uno puede alejarse del mar para absorber la naturaleza imponente del Tibidabo, la montaña más alta de la sierra de Collserola. Cualquiera de nosotros no podrá evitar emocionarse en El Born, con el Museo Picasso, o con una imprescindible parada en el Palau de la Música Catalana, enclavado en el cercano barrio de Sant Pere, obra del arquitecto modernista Lluís Domènech i Montaner.

Hay decenas de alternativas más, como un tour al amanecer al monasterio de Montserrat, un crucero para admirar la ciudad desde la costa, una visita al Mirador Torre Glòries o regocijarse en el L’Aquárium. 

Es solo una apretada síntesis, apenas un puñado de los infinitos lugares deliciosos para visitar en una ciudad emblemática, con un predicamento asentado en su belleza, lo que la hace extraordinaria. 

La ciudad de Barcelona, la capital de Cataluña, es un ícono distintivo de las urbes europeas que combina con una singular naturalidad factores que tienen que ver con la historia, la cultura y el arte, todo mixturado con un grado de modernidad que la convierte, sin duda, en uno de los destinos más apasionantes y atractivos del planeta. 

Cada rincón de esta vibrante ciudad tiene algo especial que ofrecer. Solo hay que abrir los ojos y la expectativa explosiona hacia el infinito.

Y ni que hablar durante este 2026. Para renovar la convocatoria al turismo, se determinó que sea el Año Gaudí, conmemorando el centenario de la muerte del arquitecto que impulsó obras extraordinarias que ilustraron la ciudad, y que mantiene una vigencia determinante en la actualidad, luego de más de un siglo. La Generalitat de Cataluña aportó un presupuesto de 6,5 millones de euros para sumar al trabajo que en forma conjunta realizan la propia alcaldía de la ciudad y puntualmente la Cátedra Gaudí de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) y el Consell Gaudí (Departamento de Cultura de la Generalitat). Anna Mollet, vocera del comité de organización del Año Gaudí, definió con claridad: “Los tres ejes comunicativos que se declinan a partir del lema ‘Gaudí, el orden invisible’ son mirada, materia y espíritu. Mirada es el método, materia la técnica y espíritu el mensaje, dando lugar a una nueva manera de acercarse al genio”. El hecho de denominarlo “Año Gaudí” tiene una fortísima connotación turística y de consumo, pero a la par invoca la opción de “estudiar, conocer, difundir y preservar el trabajo del Gaudí científico”.

Como si le faltara algo a la Ciudad Condal, denominada así desde el siglo IX, cuando se proclamó como la capital del Condado de Barcelona.

Con tres imponentes fachadas que narran la vida de Jesús, la Sagrada Familia es la construcción más visitada de España y la segunda en Europa

MARAVILLA INCONCLUSA

Antoni Gaudí i Cornet fue atropellado por un tranvía hace 100 años, el 10 de junio de 1926, cuando estaba por cumplir los 74. Había nacido el 25 de junio de 1852, en Reus o Riudoms, nunca se supo muy bien, ambas ciudades de Tarragona. Arquitecto, urbanista y paisajista, aprendió escultura, carpintería, forja, vidriería, cerámica, herrería, moldeado en yeso y otros oficios en los talleres artesanales de Eudald Puntí, Llorenç Matamala y Joan Oñós. Así fue absorbiendo la potente corriente modernista catalana y sumó su impronta personal para generar un enorme impulso, con un estilo de formas orgánicas y estructuras inspiradas en la geometría natural.

A sus 30 años empezó a diseñar y construir su obra maestra: el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, 

una basílica católica. Es la construcción más visitada de España y la segunda en Europa tras la basílica de San Pedro del Vaticano. Un diseño para una construcción eterna, que luego de casi un siglo y medio aún no concluyó y no concluirá por largo rato. Tiene tres imponentes fachadas que narran la vida de Jesús: el Nacimiento, la Pasión y la Gloria (todavía incompleta). El interior se asemeja a un bosque de columnas, y el sol lo ilumina a través de los vitrales. Y la base cuenta con 18 torres con consagraciones especiales: una a la Virgen María, una a cada uno de los 12 apóstoles, cuatro para los evangelistas, y la central a Jesucristo. 

Justamente, en febrero pasado, la Sagrada Familia conquistó los cielos: ahora es la iglesia más alta del mundo al alcanzar los 172,5 metros con la colocación de la cruz en la torre de Jesucristo. La basílica deberá estar impecable para la misa del 10 de junio, cuando se conmemore el centenario de la muerte de su factótum. 

El 19 de marzo, el concierto del Orfeó Català recordó la colocación de la primera piedra, todo supervisado por Gaudí. Luego pasó allí la última década de su vida. Se había mudado en 1914 y, tras su muerte, fue enterrado en su cripta. Imposible no estremecerse al detenerse ante ella.

La Casa Milà es popularmente conocida como «La Pedrera».

LA RUTA DE GAUDÍ

Passeig de Gràcia es la calle principal del distrito catalán del Eixample. Además de ser uno de los más importantes centros comerciales y financieros de la ciudad, el visitante encontrará allí dos edificios famosos de Antoni Gaudí: La Pedrera y Casa Batlló. 

La primera, también conocida como la Casa Milà, es la obra más controvertida del “arquitecto de Dios”, como se lo llamó a Gaudí. A su vez, es su concepción más innovadora, por cuestiones como anular la escalera principal y utilizar ascensor, cielorrasos ondulados, azotea con 29 chimeneas, fachada no estructural, barandas de hierro forjado en sus 32 balcones, cada uno convertido en una pequeña terraza… Además de un garaje para carruajes y automóviles en el sótano. La Pedrera fue construida en 1906 por encargo de Pere Milà y Roser Segimon. Fue un alojamiento y luego un centro cultural; lo es en la actualidad.

La casa Batlló fue adquirida por el industrial textil Josep Batlló i Casanovas en 1903 para ser demolida, pero Gaudí optó por una reforma integral: rediseñó la fachada ondulante revestida con cerámica y vidrio, amplió los espacios interiores y los patios. La transformó en una verdadera obra de arte, admirada cada año por cerca de un millón de visitantes.

El Parc Güell, que también es llamado el “paraíso colorido”. El conde Güell fue el gran mecenas del “arquitecto de Dios”.

El Parc Güell, llamado el “paraíso colorido”, es otro diseño de Gaudí. Hermoso parque ubicado en una colina, decorado con esculturas y vidrieras de estilo mosaico, entre jardines con vegetación exuberante, decorados por hermosas esculturas y elementos arquitectónicos. Ocupa 12 hectáreas y contiene la Casa Museo Gaudí (allí vivió dos décadas desde 1906). Originalmente fue un barrio privado para la burguesía adinerada en la denominada Montaña Pelada. Su Escalinata del Dragón es una verdadera maravilla. 

No confundir con el Palau Güell, otro encargo del industrial Eusebi Güell. Igual que la Casa Vicens, un nuevo trabajo a pedido, aunque esta residencia suntuosa fue uno de los primeros hitos del modernismo en Cataluña y Europa: Gaudí anticipa allí muchas de las ideas que desarrollaría después. La Casa Calvet, su obra más conservadora, que fue premiada en 1900, tenía cuatro pisos y estilo barroco. Fue patrocinada por el comerciante Pere Màrtir Calvet, en pleno centro barcelonés. Hoy es un restaurante chino.

Tres emblemáticas obras, de las menos populares del artista de la arquitectura, no son menos atrayentes. Los Pabellones de la Finca Güell, en la Universidad de Barcelona, fueron el primer trabajo de envergadura que Gaudí realizó para su gran mecenas: también la primera obra con la técnica del trencadís, que sería la base de su estilo. Se destacan en ella la casa del portero, las caballerizas y especialmente la puerta del estacionamiento de carruajes, elaborada en hierro forjado con la forma de un dragón. Gaudí también realizó el Colegio de las Teresianas cuando ya era conocido: un encargo de Enric d’Ossó para un doble uso, convento y escuela. Por su parte, la Torre Bellesguard lejos está de constituir una vivienda convencional, sino que fue el lugar donde vivió el último rey de la dinastía catalana, Martín el Humano.

Siete de sus obras fueron distinguidas como Patrimonio Mundial por la Unesco, más allá de que varias otras son, también, verdaderamente geniales, como el Portal de la Finca Miralles, la Nau Gaudí y el Primer Misterio de Gloria del Rosario Monumental de Montserrat. A ellas se suman los trabajos realizados fuera de Cataluña: el Capricho de Comillas, en Cantabria; la Catedral de Mallorca, en Baleares; y el Palacio Episcopal de Astorga y la Casa Botines, en Castilla León.

La inexorable visita a Barcelona deberá ser durante este 2026, el Año Gaudí. O será en algún momento de la vida. 

La Ciudad Condal desborda de atractivos, la imaginación explota y la necesidad de recorrerla se hace intensa. Qué decir si a la lista de atractivos se adosa semejante variedad de espectaculares beldades arquitectónicas…

La estremecedora Sala Hipóstila, dentro del Parc Güell: está formada por 86 columnas estriadas que se inspiran en el orden dórico.

 

CIUDAD DE SOMBRAS  

Barcelona amanece. Un asesinato cruento se había producido durante la madrugada. La imagen se centra en el balcón de La Pedrera, uno de los edificios más emblemáticos de Antoni Gaudí. Así se inicia el primer capítulo de Ciudad de sombras, un thriller policial concebido en 2025, producido por Netflix. Se trata de una creación de Jorge Torregrossa, interpretada por Isak Férriz, Vero Echegui y Ana Wagener. El nudo argumental se centra en asesinatos rituales cometidos en las icónicas construcciones del genial arquitecto. La serie está basada en la novela El verdugo de Gaudí, de Aro Sáinz de la Maza, una de las historias que componen la saga del detective Milo Malart. El legado de Gaudí, claro, no se ciñe a los excelsos trabajos de arquitectura, sino que produjo por consecuencia un estallido que se sintió en muy diversas expresiones artísticas. Obras teatrales, pinturas, novelas, documentales y mucho más. 

 

EL DINERO DE GÜELL 

Eusebio Güell y Bacigalupi, conde de Güell, fue un industrial y político español, multimillonario. Resultó un mecenas muy especial para el “arquitecto de Dios”. Por sí solo, bancó económicamente muchas de sus obras, como se detalla en la nota central. Y también lo hizo con una de las pocas obras de carácter obrero realizadas por Gaudí: se llamó, claro, Colònia Güell. Se encuentra quince kilómetros al suroeste de Barcelona, en un antiguo complejo industrial. Al transitar sus interiores, se puede percibir cómo vivían y trabajaban los obreros alrededor de las fábricas a finales del siglo XIX. Y tiene una particularidad: la leyenda asegura que la cripta del templo del complejo fue una suerte de entrenamiento intensivo para el artista que ya tenía planeada la cripta que haría construir en la Sagrada Familia.

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