El trabajo, publicado en Science proyecta la evolución de los bosques europeos hasta 2100 bajo los tres escenarios climáticos del IPCC. Comparado con el período reciente 2001-2020 —ya el más perturbado en los últimos 170 años—, las perturbaciones podrían duplicarse en el peor escenario de altas emisiones, con un aumento especialmente marcado en los incendios: la superficie quemada anual en Europa podría casi triplicarse, convirtiendo en habituales eventos que hoy se consideran extremos.
Las plagas de insectos, en particular los escarabajos xilófagos como el Ips typographus (perforador de la corteza, autóctono pero devastador en brotes masivos), aumentarían cerca de un 50%. El calentamiento acelera su ciclo reproductivo, permite su expansión a latitudes más altas y debilita los árboles por sequías y calor, facilitando mortalidades masivas en coníferas. Los temporales de viento muestran un incremento menor y menos preocupante.
La región mediterránea aparece como la más vulnerable: hasta el 90 % de sus bosques podrían verse afectados por más incendios y plagas, debido a la combinación de sequías prolongadas, calor extremo, abandono de usos agrícolas y pastorales (que elimina el mosaico de paisaje protector) y bosques jóvenes y homogéneos. Otras zonas de alto riesgo incluyen el oeste de Francia, las islas Británicas y los Cárpatos, aunque el fenómeno afecta a toda Europa.
Entre las consecuencias destacan la reducción de bosques maduros —ya solo representan el 3 % del total en el continente—, el aumento de bosques jóvenes, una menor capacidad de absorción de CO₂ (con impacto en la mitigación climática), pérdidas de biodiversidad asociada a hábitats antiguos y riesgos socioeconómicos para la gestión forestal, la prevención de incendios y economías locales dependientes de la silvicultura.
Sin embargo, el estudio ofrece un mensaje de esperanza: una reducción ambiciosa de emisiones podría limitar el aumento global de perturbaciones a alrededor del 20 %, muy por debajo de los escenarios sin mitigación. Josep Maria Espelta (CREAF) resalta que el punto de partida ya es alto, por lo que “aun así, la situación puede empeorar aún más” sin acción. Jordi Garcia-Gonzalo (CTFC) añade que combinar la mitigación climática con una gestión forestal adaptada —apoyada en nuevas herramientas de decisión— puede maximizar la captura de carbono, reducir riesgos de incendios y aumentar la resiliencia, asegurando servicios ecosistémicos clave como el suministro de agua.





