Escuchar música no solo nos hace mover el pie o balancear la cabeza. Ahora sabemos que también parpadeamos al compás, aunque casi nunca lo notemos.
Un equipo liderado por la neurocientífica Yi Du, de la Academia China de Ciencias, ha descubierto que los parpadeos —un acto reflejo y aparentemente desconectado de la voluntad— se alinean con el ritmo de la música de forma automática. El hallazgo, publicado esta semana en la revista PLOS Biology, amplía lo que entendemos por sincronización auditivo-motora: ese mecanismo cerebral que nos permite caminar al paso de una marcha o aplaudir en un concierto.
Los investigadores reunieron a 103 voluntarios sin formación musical y les pusieron piezas de música clásica occidental con tempo constante (por ejemplo, fragmentos de Bach o Mozart). Mientras escuchaban, una cámara de alta velocidad registraba cada parpadeo y un electroencefalograma (EEG) medía la actividad cerebral.
El resultado fue claro: los parpadeos tendían a producirse justo en los tiempos fuertes del compás, al mismo tiempo que las ondas cerebrales se “enganchaban” al pulso musical. El efecto no dependía de la melodía: cuando reprodujeron las mismas piezas al revés o incluso un simple tono repetitivo (un metrónomo), los parpadeos seguían sincronizados.
Para comprobar si era un reflejo automático o requería algún grado de atención, los científicos añadieron una segunda tarea: los participantes debían detectar la aparición repentina de un punto rojo en la pantalla. En cuanto su mente se concentraba en lo visual, la sincronía desapareció por completo.
“Esto nos dice que el fenómeno necesita atención al sonido, aunque sea una atención pasiva”, explica Yi Du. “No hace falta que estemos pensando “ahora parpadeo con el ritmo”; basta con estar escuchando”.
UNA CAPACIDAD UNIVERSAL, NO SOLO DE MÚSICOS
Ninguno de los participantes era músico profesional, lo que sugiere que sincronizar los parpadeos con la música es una propiedad básica del cerebro humano y no un talento adquirido. El equipo cree que este “baile ocular” podría usarse como ventana para estudiar cómo procesamos el ritmo y cómo se entrelazan audición, movimiento y atención.
El descubrimiento también abre puertas en neurología. Enfermedades como el Parkinson o ciertos trastornos del espectro autista muestran alteraciones en la sincronización auditivo-motora, y las terapias basadas en música (por ejemplo, caminar al ritmo de una canción) han demostrado ser útiles. Registrar parpadeos —algo sencillo, no invasivo y que no requiere esfuerzo del paciente— podría convertirse en una nueva herramienta para evaluar el progreso o incluso para diagnosticar precozmente.
“Un gesto diminuto, como un parpadeo, revela una coordinación profunda entre oír y actuar”, resume Yi Du. “A veces, los pequeños comportamientos cuentan grandes historias sobre cómo funciona el cerebro”.
