Un nuevo estudio de gran escala, realizado por investigadores de la Universidad de California en San Francisco (UCSF), la Universidad del Sur de California (USC), Kaiser Permanente y el Instituto de Salud Pública de Oakland, confirma que el consumo de cannabis en la adolescencia representa un factor de riesgo importante para trastornos mentales graves en la adultez temprana.
El trabajo, publicado en la revista JAMA Health Forum, siguió a 463.396 adolescentes de entre 13 y 17 años hasta los 26 años, analizando registros electrónicos de visitas pediátricas rutinarias entre 2016 y 2023 en el sistema de salud Kaiser Permanente del norte de California. Los investigadores utilizaron cribados universales de consumo de cannabis en el último año, lo que permitió captar cualquier nivel de uso, no solo el intensivo.
Los resultados muestran que los adolescentes que reportaron haber consumido cannabis en el último año presentaban un riesgo duplicado de desarrollar trastornos psicóticos y bipolares, incluso después de controlar por condiciones mentales previas y uso de otras sustancias. Además, se observaron aumentos significativos en el riesgo de depresión (34% mayor) y ansiedad (24% mayor). En promedio, el diagnóstico de estos trastornos llegaba entre 1.7 y 2.3 años después del reporte de consumo.
«A medida que el cannabis se vuelve más potente y se comercializa de forma más agresiva, este estudio muestra que su consumo en adolescentes se asocia con el doble de riesgo de trastornos psicóticos y bipolares, dos de las condiciones de salud mental más graves», advirtió Lynn Silver, directora del programa Getting it Right from the Start del Instituto de Salud Pública y coautora del estudio.
Por su parte, la autora principal, Kelly Young-Wolff, investigadora senior en la División de Investigación de Kaiser Permanente, enfatizó: «Incluso después de tener en cuenta condiciones de salud mental previas y el uso de otras sustancias, los adolescentes que dijeron consumir cannabis tenían un riesgo sustancialmente mayor de desarrollar trastornos psiquiátricos. Es imperativo que los padres y sus hijos tengan información precisa y basada en evidencia sobre los riesgos».
Esta correlación entre el cannabis y los problemas mentales no es nueva, pero el diseño longitudinal y la muestra masiva del estudio —que no se limitó a usuarios frecuentes o con trastorno por uso— refuerza la evidencia previa. Estudios anteriores, como uno de 2024, ya apuntaban a una relación más fuerte de lo estimado entre la marihuana y los trastornos psicóticos.
El contexto actual agrava la preocupación: el cannabis es la droga ilegal más consumida por adolescentes en Estados Unidos. Según la encuesta Monitoring the Future, el uso en el último año sube del 8% en 8º grado (13-14 años) al 26% en 12º grado (17-18 años). La Encuesta Nacional sobre Consumo de Drogas y Salud de 2024 indica que más del 10% de los jóvenes de 12 a 17 años lo consumieron recientemente. En California, los niveles promedio de THC en la flor superan el 20%, y los concentrados pueden llegar al 95%, cifras mucho más altas que en décadas pasadas.
En contraste, en México, datos presentados por la presidenta Claudia Sheinbaum en diciembre de 2025 muestran una disminución en el consumo experimental de cannabis entre adolescentes (de 5,3% a 3,7% entre 2016 y 2025), aunque el uso en adultos aumentó.
En Europa, el debate continúa: en Alemania, donde se legalizó parcialmente el consumo lúdico, la CDU (partido del canciller Friedrich Merz) debate en su congreso anual una moción sobre el tema que podría generar tensiones con su socio de coalición, el SPD.
Los autores del estudio llaman a una respuesta de salud pública urgente: reducir la potencia de los productos, limitar la exposición y el marketing dirigido a jóvenes, y tratar el consumo adolescente como un asunto serio de salud, no como algo benigno.





