MICAELA CHAUQUE: “LO QUE HAGO ES IDENTIDAD”

Representante de la música del noroeste argentino, con la quena y el sikus lleva la cultura andina a cada rincón del país. Fue la primera mujer de su comunidad en poder tocar un instrumento reservado para los hombres.
Representante de la música del noroeste argentino, con la quena y el sikus lleva la cultura andina a cada rincón del país. Fue la primera mujer de su comunidad en poder tocar un instrumento reservado para los hombres.

Todas mis quenas y sikus están / grito y simiente contra el invasor / mi canto es mi tierra, mi pachamama…”, entona Micaela Chauque en Corazón de agua, en una súplica musical para que se cuide este recurso natural. Antes de interpretarla con su banda en el Festival de Folklore de Cosquín, expresó: “Por el agua, por la vida, por lo que protegemos todas las comunidades indígenas del mundo”. En un verano festivalero en el que se armó revuelo tanto arriba como abajo del escenario por presencias o discursos políticos, no levantó la voz, pero su mensaje fue contundente. Habló de resistencia territorial y demostró también la resistencia cultural de los pueblos de la región andina. “Tenemos que abrir la mente y los corazones para poder decidir”, le dice a Convivimos y le comenta que este tema trata de un mensaje que encontró en la montaña. “Es algo que siempre estuvo ahí, solamente había que ir a buscarlo”, completa su idea.

Desde que empezó con la música, Micaela ha ido dejando huella. Nacida en una comunidad colla de Iruya, en Salta, donde las mujeres bailan, pero no tocan instrumentos de viento, en su adolescencia cambió las danzas por la música. Cuando aprendió a ejecutar la quena –reservada solo para los hombres–, se propuso poder tocarla en su comunidad. Y lo logró: se convirtió en la primera mujer bendecida por los ancianos para poder hacerlo y transformó esa costumbre. 

También en 2016 creó el Encuentro Nacional de Mujeres Artistas Jallalla Warmi, que reúne anualmente a artistas de las distintas disciplinas, provenientes de diferentes regiones del país y del exterior. La cita es en Tilcara, la ciudad jujeña donde vive y todos los días la abraza el paisaje de la Quebrada de Humahuaca, al que reconoce como necesario para que surjan las melodías de sus canciones. 

Sus últimas composiciones están incluidas en Corazón de agua, álbum que lanzó a finales del año pasado y que continúa presentando por el país. Es el cuarto disco de su carrera, que ya supera las dos décadas. “Lo más importante es sentirse feliz con lo que una está haciendo, con la capacidad de poderlo disfrutar. Eso no pasa muy seguido, se trata de lograr ese equilibrio”, asegura. 

  • Este verano surgió la polémica de si política sí o no en los festivales, ¿qué pensás? 

Es una cuestión de puntos de vista sobre los temas que a un pueblo le interesan. O sea, nuestro público tiene pensamientos, pero para eso hay espacios. A veces se sienten más identificados con un artista y otras veces no, entonces es como que no coinciden. En mi caso, lo que hacemos es música folklórica andina; una raíz del noroeste argentino que tiene que ver con la historia de cientos de años del gran pueblo andino, que ha sobrevivido felizmente para nosotros porque nos está trayendo mucha alegría, con los ritmos del huaino, el carnavalito, el carnaval norteño, la alegría, el festejo y todo eso. Hay muchísimas maneras de manifestar lo que sentimos con respecto a la forma de vida que tenemos en nuestra región, y eso es lo que nosotros estamos haciendo y respetando. Sucede que la prensa y en particular el público, capaz viven en una realidad muy alejada de la que yo estoy contando. Les estoy contando historias de montaña, de quebrada, de cóndores, de Wiphala, todo eso que quizás es un paisaje no tan común para ese público. Entonces, esa manera de transpolar una realidad hacia otra, a la que por ahí uno no accede porque la única manera de hacerlo es viajando y a veces no podemos, es a través de la música y el espectáculo, los festivales permiten ese acercamiento. Son distintas miradas. Es como la belleza, que es según el ojo de la persona que mira.

  • ¿Cuál es tu mensaje? 

Lo que hacemos nosotros es identidad. Representamos a un gran pueblo del noroeste argentino y así se vivió hace quinientos años y se sigue viviendo hasta el día de hoy. Esa identidad excede las fronteras de la política y la moda de este momento. 

  • ¿Te preocupa que se pierdan estas tradiciones, esta manera de vivir, incluso la música?

Sí, porque tiene que ver con el interés del público, con que entendemos las tradiciones como si fuese algo muerto, algo lejano, algo que no genera interés. Pero no es así, hay muchas familias que mantienen vivas las tradiciones folklóricas y, de hecho, sus hijos, sus nietos, las personas jóvenes lo están demostrando. Hay un montón de talentos muy jovencitos que están formando parte de este nuevo cancionero que se genera en estos espacios del folklore, como los festivales. Ese proceso de cambio es muy importante. 

  • ¿Te sumó responsabilidad haber logrado la aceptación de los ancianos de tu comunidad para poder tocar la quena? 

Sí, mi idea fue querer hacer música, yo quería expresarme. Antes de hacer música, bailaba danzas folklóricas. Después, pasé a los instrumentos cuando me di cuenta de que con ellos la manera de sentir era distinta, y porque tenía facilidad también para tocar. Este proceso marcó esta necesidad de querer integrarme a una comunidad, donde sabemos que los instrumentos eran ejecutados por hombres, entonces sabía que estaba frente a un desafío. Y lo logramos, junto al apoyo de varias abuelas que tocaban la caja o cantaban coplas, que me acompañaron, me amadrinaron para que pudiese tocar en mi comunidad.

  • ¿El lugar de la mujer en el folklore ha ido creciendo?

Va como evolucionando. O sea, ya hicimos esto, ahora construyamos algo nuevo. De eso se trata. 

“Lo más importante es sentirse feliz con lo que una está haciendo».

  • Se realizó la décima edición del Encuentro Jallala Warmi, ¿qué balance hacés?

Es un acto necesario para la difusión y sobre todo para la manifestación. Muchas mujeres merecen un espacio en el cual sean valoradas como tales, donde la expresión de decir, hacer y pensar de una manera particular o propia sea realmente reconocida por un público. El Jallala Warmi trató de acortar la brecha muy grande entre la invisibilidad y la visibilidad de un montón de obras de mujeres. Tanto es así que se creó una red de músicas de Jujuy. Es importantísimo que esta tarea continúe, porque todavía hay muchas otras que no se están visibilizando. Sin embargo, hay un cambio histórico, porque ya se nota el reconocimiento que están empezando a tener las mujeres en nuestras condiciones, mujeres autogestivas, trabajadoras de la cultura, no hegemónicas, con artes no hegemónicos también. O sea, realmente hay una gran apertura, y eso es muy bueno, un buen augurio para lo que se viene.

 

  • ¿La música andina está avanzando dentro de la escena del folklore? 

Sí. Está avanzando con pasos lentos tal vez, capaz accidentados, no lo sabemos. Pero a los exponentes de la música popular argentina les gusta nuestro género y lo incorporan rápidamente.

  • ¿Te sentís feliz con lo que hacés? 

Sí, esa es una construcción que una hace con el tiempo. No es fácil llegar a ser auténtica con una misma, o sea, respetar la idea propia. Es muy fácil dejarse llevar por lo que a la gente le gustaría escuchar, pero no me parece que sea algo que deba definir al artista, sino que el artista se construye a través de su identidad y de una propuesta artística que tenga coincidencia y sentido con lo que somos.

  • ¿De qué está hecho tu corazón?

Nosotros en el cuerpo tenemos todos los elementos de la naturaleza. Nuestro cuerpo compone todo el universo, eso dice la cultura andina. Se trata de comprender que en definitiva venimos de un rayo de luz, del sol, que nos ha dado vida. De ahí, vivimos en un ambiente rodeado de estos elementos, porque con ellos nosotros podemos convivir, podemos respirar, podemos sostenernos acá. Se trata de comprender el sentido de quiénes somos cuando nos reflejamos en cada aspecto de nuestra Pachamama, de la montaña, del río. Por eso, la naturaleza es muy importante.

 

PING-PONG   

El folklore es… Vida, familia. 

La patria es… La comunidad.

¿Un color? Verde esmeralda. 

¿Un paisaje? Ahora, una laguna.  

¿Una comida? Un asado.

¿Una cantora o música? Mariana Carrizo. 

Hoy, ¿Jallala qué? Jallala Warmi [mujer].

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