En el Centro de Convenciones Kay Bailey Hutchison, en Dallas, Estados Unidos, las locales Supernova Comets eran las favoritas. Sin embargo, las jugadoras de Furia consiguieron darle a Sudamérica su primer título en la liga de Counter Strike más importante del mundo, considerada un mundial para sus participantes. En el equipo brasileño destaca la argentina Lucía Dubra, más conocida como “Lulitenz”, una chica de 24 años nacida en Carlos Tejedor, en la provincia de Buenos Aires.
Sus primeros contactos con los juegos en la computadora los tuvo en DyD Computación, en aquel entonces el único cíber del pueblo, propiedad de su padre. Fue su hermano diez años mayor, Guido, quien le enseñó a meterse en un servidor para jugar on-line, y gracias a sus tutoriales Luli pudo comenzar a medirse con jugadores de otras ciudades.
Desde el principio, a pesar de la cercanía virtual de su hermano, que compartía el servidor con ella, Luli percibió la hostilidad de un ambiente con una mayoría masculina abrumadora y dispuesta a amedrentar a las chicas que se animaran a ingresar. Eran moneda corriente los chistes sexistas que ella, a sus nueve años, no llegaba a comprender, las burlas que intentaban relativizar sus habilidades y los insultos que, prescindiendo de toda sutileza, buscaban dañar y provocar el abandono. Pero el disfrute por la actividad, la diversión del juego y una actitud desafiante forjada en los múltiples deportes que practicaba la sostuvieron frente a la pantalla.
Off-line, su deporte favorito era el tenis, aunque el talento y los resultados no acompañaban sus expectativas. En atletismo, puntualmente en carreras de resistencia, se lucía. Le salía bien, pero no le gustaba. En el Counter Strike logró unir habilidad y deseo, fue allí donde consiguió alimentar al mismo tiempo su sed competitiva y su espíritu lúdico. Cuando recibió como regalo de cumpleaños el Counter Strike Global Offensive, se dio cuenta de que su capacidad era superior al promedio: “Ahí vi que era buena de verdad. Y me dieron ganas de ser mejor”, recuerda. Sus amigos lo percibieron y la alentaron a que buscara la manera de jugar profesionalmente, pero ella no se animaba a dar el paso. “No quería ni intentar ser profesional, porque me daba miedo no ser, al final, tan buena como creía que era. Me iba a costar ese golpe”, confiesa. A pesar de ese temor, una parte suya pugnaba por medirse ante rivales de dificultad creciente, y creó un perfil en una plataforma donde se desafían entre jugadores y jugadoras, donde se suben partidas y, quienes quieren, dejan sus datos de contacto.
De ese modo llegó a ella un grupo de chicas que reclutaba jugadoras. Le tomaron una prueba y quedó. Se pusieron de nombre “Wings”, y al poco tiempo se sumaron a una organización pequeña que les pagaba la suscripción a la plataforma que les permitía participar en sorteos y el servidor donde jugar. Fue su primera experiencia dentro de un equipo, y todavía en paralelo estudiaba Ingeniería en Sistemas en la universidad.
No llegó a plantearse siquiera la posibilidad de dejar la facultad y ser, definitivamente, una jugadora profesional de Counter Strike. En octubre de 2023 la contrató el equipo W7M, de Brasil, y unos meses más tarde, a mediados de 2024, hizo una prueba para ingresar a Furia, una organización mucho más grande y ambiciosa. Fue entonces cuando la facultad quedó a un costado y comenzó una vida de deportista de elite.
Todas las tardes entrena tácticas y hace prácticas de juego on-line junto a sus compañeras y entrenadores. Son siete horas dedicadas en exclusiva al juego. Por las mañanas, realiza tareas diversas junto a su fisioterapeuta y algunos encuentros con la psicóloga de la organización. Cada mes viaja desde Buenos Aires, donde reside, a San Pablo, sede de su equipo, para reuniones y eventos.
Aun siendo una figura destacada, el machismo del ambiente permanece. El acoso se redujo a causa de su nivel de exposición y relevancia, pero sobreviven comentarios burlones y ataques que ella consigue desactivar cada vez con mayor facilidad. “No sé si eso va a cambiar alguna vez. Me armé una coraza, tengo espacios seguros, expongo a quienes atacan y sé devolver las agresiones. Sé que lo que me dicen es porque les enoja que sea mejor, que les gane. Soy profesional y campeona del mundo”, concluye.
