Toda una compañía teatral, su escenografía, las luces, la orquesta en el foso, el vestuario y lo demás caben en su voz. Sensible y arrolladora, Elena Roger es capaz de transportarse y transportar a otros cuando canta. Ser testigo de la potencia y la emoción con la que interpreta la música es una experiencia singular y movilizadora. Talentosa y decidida, rebelde para sobreponerse a lo que otros veían como imposibilidades y para ella no eran más que cualidades, forjó una carrera robusta, plagada de éxitos comerciales, reconocimientos de crítica y aplausos del público. Figura mundial con sede en el barrio porteño de Barracas, se mueve a su propio ritmo, aunque muchas veces el mundo pareciera ir a velocidades muy distintas.
Luego de un amplio recorrido que tuvo al teatro musical como escenario principal, y después de una serie de presentaciones y discos junto al quinteto Escalandrum, en 2025 Elena presentó un concierto diferente, despojado, con el acompañamiento de Nicolás Guerschberg en el piano y un repertorio que cruza las obras que protagonizó y canciones que acompañaron su vida. Este formato, nacido en principio para tres presentaciones, la llevó de gira por distintas provincias de la Argentina y por varias ciudades del mundo, y es el proyecto con el que inicia este 2026 aún fresquito.
- Mencionaste que este concierto es una invitación a entender cosas tuyas, ¿qué dice este repertorio de vos?
Descubrí que estaba bueno para revisar un poco quién soy. La gente que me conoce solo de entrar y salir de personajes ve algo diferente en este recital. Puedo revisar por qué canto cada canción. A mí me gusta que todo tenga un sentido, y me atrae esto de revisarme a mí misma después de treinta años de carrera: los lugares por donde pasé, las obras que protagonicé, el sentido de cada una de las músicas que interpreto. El tango, por ejemplo, que a lo mejor tiene una connotación más familiar; el bolero de Chico Novarro, que adquirí al trabajar con él; algunos musicales que no interpreté y aquí puedo darme el gusto. En el armado y en las entrevistas que me hicieron, me di cuenta de que había algo potente en lo íntimo, lo simple. Hay mucho ruido en el exterior, en las calles, tanto informativo, tanto estímulo, tanta interferencia, y esta es una propuesta auténtica y sin artilugios que invita a emocionarse y ser parte de este ritual del teatro con lo más simple del hecho artístico: un piano y una voz.
- ¿Cómo opera en vos el momento de cantar lo que ya cantaste en un musical, pero ahora con menos estructura y sin desarrollo de personaje?
En cuanto comienzo a cantar, es como si todo eso estuviera, al menos para mí. Me sumerjo en la música y recupero las sensaciones de estar transitando la obra, estoy nuevamente dentro del personaje, de la historia, y siento como si me acompañara lo mismo que en aquel momento. A veces asombra que con muy poquito a uno le puedan pasar cosas, no necesitamos tantos estímulos… No lo digo en contra de las propuestas que son más llenas y con más estímulos, sino simplemente con la intención de volver a revisar que la humanidad empezó con menos, y con menos también podemos lograr emociones intensas.
- ¿Sentís que a veces hay mucho accesorio?
Desde lo artístico, entiendo que el artista tiende a mostrar cosas nuevas. Y que, al haber muchos más elementos, uno quiera usar todo. Está buenísimo, son épocas y estilos. En un momento hay obras clásicas precisas y verídicas, con una actuación superverdadera, con vestuario de época, exacto, buscando el realismo más puro. Y en otro momento, se hacen obras clásicas, pero con vestuarios descontracturados, Shakespeare con una actuación moderna. El arte puede tener distintos lenguajes. Estamos en una era donde hay mucho concierto lleno de grandes luces y pantallas y orquesta. Mi propuesta, siendo tan austera, de todas maneras llega a las emociones. Me emociono yo, se emociona el público y suceden un montón de cosas. Hay algo similar a lo que pasa con un cuentista, que solamente narrando, junto a una vela, nos puede llevar a la imaginación más grande.
- Al indagar en quién sos y presentárselo a los demás, ¿qué respuestas encontraste?
Soy una persona de 50 años que se muestra tal cual es. No tengo careta, no hago un personaje arriba del escenario en esta ocasión. Soy la misma que está hablando ahora. Y la gente encuentra eso, me ve a mí directamente, no a través de un personaje como en Piaf, Mina o Los miserables. Me entusiasma que eso sea bien recibido, y quiero seguir haciéndolo.
- La simpleza que describís en el escenario tiene mucha relación con la forma en la que vivís. Hay algo que puede parecer menor, pero es toda una declaración de principios: no usás maquillaje. ¿Sentiste alguna vez alguna fricción entre esta forma de ser y el modo en el que se vive en la sociedad o en el medio?
Yo no me siento atacada ni no aceptada. Sí me acuerdo de que cuando vine de Londres y, en algunas notas, no quería maquillarme, eso era una gran lucha. No era tan aceptable. Estuvo medio pesado. No fue una decisión caprichosa, sino que en un momento me pregunté para qué lo hacía, por qué recurría a productos que generan ciertos residuos y que, además, algunas veces son testeados en animales. No soy inocente ni necia, sé que hay medicamentos que se prueban en animales y, aunque me gustaría que existiera una mejor forma de desarrollarlos, puedo llegar a entender el bien mayor que persiguen. En el caso de un cosmético, en cambio, prefiero desistir de su uso. Y considero que no es una pérdida, que hay mucha belleza en los rostros tal como son. Lo extiendo a otras cuestiones: tampoco me tiño el pelo, ¿por qué un hombre canoso puede ser sexy y a una mujer canosa se la trata de descuidada?
«Si tuviera que elegir mi momento favorito, sería la parte creativa».
- ¿Esa visión está cambiando?
Sí, hay una mayor aceptación de esta propuesta. Pamela Anderson, por ejemplo, también elige salir sin maquillaje, y es una muestra de la liberación femenina, el empoderamiento. También tengo más años de profesión, y el recorrido me da más autoridad en algunas cosas. Y la edad. Entiendo a quien quiera usar su tiempo y energía en maquillarse, teñirse o lo que fuera, no juzgo. Yo soy una persona que nunca tuvo ganas de estar en la peluquería varias horas para mantener las raíces y que no se vean mis canas, ni de sentarme un rato largo para que me maquillaran. Ni siquiera me tomo mucho tiempo para vestirme. Cuando me visto bien, en general, es porque tengo una estilista para los eventos. No uso mi tiempo para salir de compras a ver qué me pongo. No me sale, no me gusta y quiero que me acepten así.
- ¿Siempre pensaste de esta manera?
Sí, desde que recuerdo prefiero centrarme en otras cosas. Hay una sensibilidad profunda que me acompaña desde siempre. Crecí en el barrio de Barracas, que para mí es como mi pueblo. A los 18 años, cuando empecé a ir al conservatorio, tomaba el colectivo que cruzaba el límite de la República de Barracas hacia el mundo. En ese viaje miraba mucho, me gustaba observar por la ventana lo que sucedía. La vida me emociona. De repente, veía a un anciano con su nieta o tratando de caminar, o a un perrito abandonado, y me emocionaba. Escuchaba música y la vida me emocionaba. Me encontraba con una lágrima cayéndome.
- ¿Te sigue pasando?
Totalmente. En el Mundial pasado, mi marido se burlaba por las cosas que me emocionaban. Yo dejé de seguir fútbol hace muchos años, simplemente quedó a un costado porque algunas cosas que lo rodeaban no me gustaban. En el Mundial, en cuanto escuché el apellido Mac Allister, me acordé del jugador que veía de chica en Boca, y apenas me contaron que el de ahora es su hijo, me resultó emocionante y lloré. El entenderme tan sensible hizo que seleccionara mejor a lo que me expongo. Mi mamá solía ver muchas noticias y comentarlas conmigo, hasta que le pedí que me dejara al margen de todas esas atrocidades, porque me afectaban demasiado. Elijo nutrirme de cosas bellas. No suelo ver series ni películas en las que haya crueldad, soy más de ir al teatro, de leer. Pero, sobre todo, intento que mi cabeza esté en el hacer.
- Aunque hiciste cine, televisión y series para plataformas, el espacio donde más te desarrollaste es el teatro, ¿es una preferencia personal? ¿O simplemente las propuestas y posibilidades se dieron así?
De chica comencé a trabajar en teatro musical, me fue bien y se fueron encadenando años de propuestas muy ricas en ese espacio. Entiendo que se me asocie más a eso, porque es lo que más hice, aunque a veces me resulta incómodo el encasillamiento, como si no pudiera ser todo a la vez. Me sucede que, cuando actúo en series, me preguntan si dejé lo otro, o al revés. Y a mí me gusta por igual interpretar en cualquier formato. Si tuviera que elegir algo como mi momento favorito, sería la parte creativa en general. La de los ensayos, las propuestas, los errores y la búsqueda. Es lo que más disfruto de los procesos. Después, hay que mostrarlo y tiene que ser perfecto, entonces ahí me agarran las inseguridades. La crítica no sé si me importa tanto cuando estoy segura de lo que estoy haciendo, pero sí me gusta que lo que se ensayó salga bien. Y siempre hay un riesgo. Pero en el proceso de ensayo no pasa nada, es divertido. Es una etapa de libertad.
COMIENZO DE AÑO
Apenas iniciado enero, el miércoles 7, se presentará en Mar del Plata con el concierto con el que giró en 2025. Una semana después, cantará en Viña del Mar, y el 16 lo hará en Santiago de Chile. Luego se abocará de lleno a Invasiones I. No bombardeen Buenos Aires, la ópera rock escrita y dirigida por Ricardo Hornos, con música y letra de Charly García, que tiene como contexto las invasiones inglesas de 1806.
“Cantar canciones de Charly es muy especial para mí. Mi hermano, ocho años mayor que yo, me introdujo a Charly. Después, seguí escuchándolo por mi cuenta en la adolescencia. Para mí, Charly es un todo, tengo muy adentro su música, y esta obra me parece un homenaje muy hermoso que le hacemos”, comparte sobre la obra que estrenará en marzo en la sala Martín Coronado del Teatro San Martín.
