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BIANCA FARRIOL: POR ENCIMA DE CADA DESAFÍO

Llegó al vóley por casualidad, sin saber demasiado del deporte. Ante las dificultades siempre optó por insistir, para demostrarse –y demostrar– sus capacidades. Hoy es una pieza clave de una selección en pleno crecimiento.
Llegó al vóley por casualidad, sin saber demasiado del deporte. Ante las dificultades siempre optó por insistir, para demostrarse –y demostrar– sus capacidades. Hoy es una pieza clave de una selección en pleno crecimiento.

El día en que Bianca Farriol decidió pasar de jugar al handball en la escuela a hacerlo de manera federada, comenzó su carrera en el vóley. A punto de firmar la planilla de inscripción en la Universidad de La Matanza, se le acercó un preparador físico del lugar y le sugirió que cambiara de deporte, por la altura. Su mamá, que la acompañaba, se acopló a la sugerencia, ya que prefería un deporte con menos roce físico para ella. Con un desarrollo vertiginoso, Bianca se convirtió en una central que hoy es fija de la selección argentina y fue elegida como la mejor en su puesto en la Copa América ganada este año.

  • Comenzaste a conseguir resultados y convocatorias desde muy temprano, pero los comienzos igual fueron desafiantes, ¿no?

Sí, fue heavy, porque era muy nueva, no me salían movimientos básicos como saltar y pegarle fuerte a la pelota, no tenía la técnica necesaria. Y algunas compañeras no me aceptaron, me hicieron difícil la adaptación. Trataba de no darle mucha bola a eso, pero volvía a mi casa llorando siempre, porque me insultaban, el trato era hostil. A esa edad, yo estaba reforzando mi carácter, recién empezaba y no me sentía con el aval como para defenderme o responder. Me la banqué. Cuando me llamaron para ser parte del equipo que competía en la liga metropolitana por primera vez, me empezaron a mirar con otra cara.

  • Teniendo en cuenta que claramente el clima no era el mejor, ¿qué te hacía seguir?

Te digo la verdad, no tengo ni idea. Es algo que siempre me cuestiono. Mi mamá me decía “Ya está, te voy a sacar de ahí, no puede ser que vengas sufriendo”, pero a mí el deporte me enganchaba cada vez más. Yo veía mejoras cada semana, incluso a pesar de que era autocrítica al palo. Quería saber hasta qué nivel podía llegar, desafiarme a mí misma. Ya tenía la obsesión de verme como jugadora de vóley. Y, además, no les quería dar el gusto a esas chicas que me trataban mal.

  • ¿Cómo fue cuando te llamaron por primera vez a una selección?

Llevaba un solo año de vóley y ya me estaban llamando para ir a entrenar. Yo estaba en vacaciones de verano y no entendía nada, porque era muy nueva en el mundo del deporte y no sabía ni qué era el Cenard, dónde tenía que ir, cómo prepararme, qué bolso llevar. Y tampoco mis papás, porque encima yo soy la pionera de mi familia jugando vóley. Fue algo muy asombroso. “Voy por buen camino”, pensé.

  • Todo esto te confirmaba que era una actividad que tenías que seguir, porque te iba bien. ¿Hasta ese momento habías pensado en una carrera en el vóley? ¿O solamente era un hobby?

No tenía ni siquiera referentes hasta ese entonces, no sabía quiénes eran las mayores. No pensé en tener una carrera en el vóley, sino que fue un desafío mío.

Luego de un paso por San Lorenzo, en plena pandemia le surgió la oportunidad de jugar en Europa y no dudó en aprovecharla. Su primer destino fue Béziers, en el sur de Francia, un lugar que la maravilló al punto de que planea vivir allí al menos un tiempo una vez que se retire. Después llegó a Grecia: se asentó en un equipo multicampeón, como el Olympiacos, donde compartió plantel con una histórica del seleccionado argentino, Yamila Nizetich. Finalmente, recaló en Italia, la liga más competitiva del mundo, en la que no llegó a debutar por una lesión que la marginó también del último mundial.

En la Copa América disputada en Brasil, Bianca vivió una situación que no imaginó: campeona y mejor central del torneo, apenas obtenido el título en el vestuario no predominaba la alegría, sino una extraña sensación de despojo. En otras circunstancias, el logro habría valido la clasificación de la Argentina a la Liga de Naciones, pero un cambio reglamentario reciente y decisiones tomadas por otras federaciones dejaron al país sin posibilidades de acceder a dicha competencia. “Estamos muy decepcionadas con la FIVB y con Norceca. Fuimos muy decididas al torneo, muy convincentes. Ganamos la competencia invictas, perdiendo un solo set contra Brasil, pero salí de la cancha, me fui al vestuario y me puse llorar. Sentí que fue un torneo innecesario, en el que ni siquiera tomamos ritmo de juego, porque fueron equipos que estaban en muy bajo nivel. Nos fuimos con la sensación de que hicimos nuestro trabajo, pero no fue suficiente. Y la verdad que fue horrible sentirse así”, confiesa.

  • Poco después, te lesionaste y te perdiste el mundial, ¿cómo tomaste eso?

Fue difícil ver el mundial, me agarró nostalgia porque quería estar con las chicas, hice toda la preparación junto a ellas. Pero estoy muy contenida, justo me agarró aquí, en el país, cerca de mi familia y mis seres queridos. Me tomé muy relax todo, son cosas de la vida y del deporte. Voy a volver más fuerte.

 

FUERA DE LA CANCHA

De chica, Bianca combinó el deporte con el modelaje. Su agencia la pensaba como opción para presentarse en Miss Argentina, pero su crecimiento físico y su interés por el deporte la alejaron de aquel ambiente. Ahora, aprovechó la convocatoria de Argcamps y brinda campus a jóvenes deportistas en distintos puntos del país. Proyecta, también, streamear en la plataforma Kick: serán una serie de charlas con jugadoras que viven en otros países, para contar sus vidas y mantenerlas conectadas con el público. Como si fuera poco, estudia Licenciatura en Finanzas. “Me gusta estar ocupada”, aclara.

 

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