En un hogar con un gran historial deportivo –con práctica de fútbol, tenis y, sobre todo, vóley (incluyendo su variante playera)–, la crianza incluyó una máxima que se cumpliría a rajatabla: “El deporte es igual de importante que el colegio”. La pequeña Alma, hoy figura de Las Águilas, la selección argentina de hockey sobre hielo, hizo carne las palabras de su padre, pero más que nada su ejemplo, y desde que tiene uso de memoria se encuentra en movimiento. Luego de haber jugado vóley, fútbol y tenis, y de haber incursionado en el taekwondo y la danza, a los 10 años descubrió el roller hockey y encontró su verdadera pasión. “Me enamoré y no paré. Me fascinó la velocidad y la adrenalina del deporte. Los deportes que había jugado antes me parecían lentos, todavía siento eso cuando los veo o juego, en cambio sobre ruedas vas muy rápido y la sensación me encanta. Al principio, yo sabía patinar, pero no es lo mismo que hacerlo para competir, porque tenés que frenar, girar, buscar el tejo, y las rivales te impiden eso constantemente. Todas las semanas aparecía con un moretón nuevo, porque yo no le tenía miedo a nada y me la pasaba dándome palazos. Mi mamá hoy me confiesa que vivía con miedo de que me lastimara mucho. Pero ese vértigo era lo que más me atraía”, asegura.
- ¿Cuándo empezaste a notar que tu compromiso con este deporte excedía el desarrollo que tiene en el país?
A los 15 años, creo, en mi primer mundial con la selección junior. Me daba cuenta de que yo era una de las mejores del equipo y que otras chicas que estaban seleccionadas no tenían nivel para jugar internacionalmente, solo que no había nadie mejor que ellas. Entendí que el desarrollo del deporte en la Argentina se había quedado atrás, o que no había tanta gente a la que realmente le importara como para seguir mejorando. Para muchas de las chicas era solamente un hobby. Lógicamente, en ese mundial no nos fue tan bien…
- ¿Qué te generaba notar que el resto no se lo tomara tan en serio como vos?
Me daba un poco de bronca, pero también entendía que no podía obligar a nadie a hacer algo que no quería, y que estaba bien si alguien se lo tomaba como hobby para divertirse. Decidí enfocarme en hacer lo mejor que pudiera, ocuparme de lo que me puedo encargar, ya que no puedo controlar al resto. Apunté a quedar en la selección senior, jugar con las mayores, y al mundial siguiente lo logré.
En paralelo, conoció el hockey sobre hielo, un deporte muy cercano, aunque con una mayor dificultad. Justamente el desafío que implica esta mayor exigencia fue lo que poco a poco la volcó hacia esa modalidad: “En el roller me siento mucho más cómoda y tengo mejor desarrollo de juego que en hielo. Por eso quiero insistir, ver hasta dónde puedo llegar. Es más vertiginoso, hay más adrenalina y desgasta más. Quiero aprovechar mi juventud en el hielo porque, además, sé que el roller siempre va a estar ahí para cuando decida volver”, analiza.
Actualmente, Alma integra el equipo de la academia Purcell, en Canadá. Es el proyecto de un colegio secundario, que no compite oficialmente en ligas, pero tiene partidos constantemente en torneos de exhibición o amistosos. El roce que adquiere allí es algo que busca desde que en 2021 su amiga Mila Lutteral, también jugadora de Las Águilas, la invitó a acompañarla a un camp de hockey sobre hielo en Hungría. Repitió la experiencia en Florida, Estados Unidos, y gracias a uno de los organizadores de aquellos encuentros consiguió el espacio en Canadá, donde está desde enero del año pasado.
“Fue un shock cultural, primero que nada: la gente respeta mucho el espacio personal comparado con la Argentina, todo el mundo se saluda de lejos, y el abrazo solo es para los amigos. En cuanto al hockey, en la Argentina estaba acostumbrada a ser de las mejores del equipo, y cuando llegué aquí, pasé a estar entre las últimas. Es lo que vine a buscar, en parte, desafiarme, pero no deja de ser duro. Este año me siento mucho más cómoda, cambió mi juego, mi forma de patinar. Soy asistente del equipo, también, entonces tengo otro rol”, cuenta.
- Hay varias jugadoras con experiencias en el exterior, ¿cómo repercute en la selección?
Nos hace mejores. En el continente nos destacamos, y ya ganamos el torneo de la 3×3 Series que organiza la IIHF (N. de la R.: International Ice Hockey Federation, entidad a cargo de los mundiales de la disciplina). Es lo máximo a lo que podemos aspirar por el momento, porque no cumplimos los requisitos para clasificar a un mundial. Entre otras cosas, necesitamos tener una liga propia, que aparentemente comenzaría en abril de este año. Si se cumple eso, y otras cuestiones, vamos a poder cumplir el sueño de ir a un mundial.
EL HOCKEY, PRIMERO
En su tiempo libre en Canadá, Alma preparó las aplicaciones para enviar a distintas universidades. Le gustaría estudiar Relaciones Internacionales o Negocios Internacionales, pero está abierta a estudiar cualquier cosa si eso le permite continuar creciendo en el hockey: “Si la entrenadora de una universidad está interesada en mí y tengo un lugar en el equipo, estudiaré lo que haya en esa universidad. Lo más importante es jugar al hockey, después veo qué carrera hacer”, confiesa.
