En la cancha, su hermano jugaba junto a los demás nenes. Ella, con cuatro años, esperaba del otro lado del alambrado. No era una espectadora, sino que estaba sumamente comprometida con la función que se había adjudicado a sí misma: cada vez que la pelota cruzara para su lado, debía devolverla lo antes posible. Lo hacía pateando, claro, como buena futbolera que era. En su casa, desde el momento en que aprendió a pararse, jugaba en el estrecho pasillo que llevaba a las habitaciones. En el barrio, ya más grande, era parte de los picados con primos y vecinos. Había en ella una incipiente técnica que se desarrollaría en el tiempo y una avidez que nunca se apagó. El entrenador percibió aquello y le dijo a su papá que la anotara en el equipo de los más chiquitos. Así comenzó el recorrido que llevó a Agostina Chiesa a jugar al fútbol, primero, para luego consolidarse en el futsal.
- Cuando comenzaste, ¿eras la única nena?
Sí, con los años empezaron a abrir las escuelitas para nenas, pero las madres no las dejaban ir. Lo terminaron sacando, no prosperó. Seguí jugando con varones hasta que a los 14 años recién pude jugar oficialmente en Chaco Forever la liga provincial.
- ¿Jugaste algún otro deporte de chica?
Hice dos o tres años de hockey. Lo hacía en paralelo, porque mi mamá me llevaba. También quería que hiciera baile. Hoy lo hablamos y bromeamos, pero en ese momento ella no estaba muy a favor de que jugara al fútbol e intentaba que me enganchara con actividades más asociadas a lo femenino. Pero me gustaba demasiado el fútbol.
- Durante años, te dedicaste principalmente al fútbol, y el futsal era algo secundario, ¿no?
Más o menos. Yo jugaba fútbol de once, pero porque había más organización, competencias, pero el futsal siempre me gustó, porque es más rápido, hay que tomar decisiones en muy poco tiempo, tiene más adrenalina. En ese momento, no le prestaba tanta atención a la táctica, a la técnica, y también me servía como para jugar mejor en la cancha de once.
En una visita de la selección femenina de fútbol a Chaco, Agostina se acercó a hablar con jugadoras de River, el equipo del que toda su familia, y ella misma, son hinchas. Le consiguieron una prueba, que pasó, pero en ese momento, a sus 15 años, sus padres no le permitieron mudarse a Buenos Aires. Recién cuando terminó el colegio y cumplió 18 pudo sacarse las ganas y vivir la experiencia. En Buenos Aires, jugó en River y Racing. En paralelo, jugaba al futsal de forma recreativa, hasta que tuvo la oportunidad de cambiar de deporte. “En un partido contra Boca, me vio una chica que jugaba en un equipo de Italia al futsal. Cuando terminó el partido, se me acercó y me preguntó si yo tenía la posibilidad de hacerme la ciudadanía. Le dije sí y enseguida ella, con su club, me ayudaron con los papeles y me contrataron para jugar allá. Desde ahí, no jugué nunca más al fútbol de once, fue el final”, cuenta.
En Italia pasó por distintos clubes, y luego fue a España, una de las mecas del futsal femenino internacional. Desde Europa, recibió sus primeros llamados a la selección de futsal (ya había tenido experiencia en el sub-20 de fútbol), y comenzó una etapa de lucha por conseguir que se organizaran competencias que los hombres disputaban desde hacía rato. Más concretamente, un mundial: el masculino se juega desde 1989 y el femenino, luego de muchos intentos, se jugará por primera vez este año. “Casi no teníamos competencia, solo alguna Copa América, que en ese momento se llamaba Sudamericano, pero no se sabía si se hacía cada dos años, cada tres, cada cuatro. Era más o menos cuando Conmebol quisiera organizarlo. Encima, AFA no pagaba el pasaje para las jugadoras que vivíamos afuera, entonces solamente iban las que se lo podían pagar o las que jugaban en el futsal local”, relata.
- Hicieron mucho para cambiarlo…
Sí, teníamos que reunirnos y pedir amistosos o competencias para mantener el nivel del seleccionado. El pedido del mundial también lo hicimos entre todas, porque lo necesitábamos. Algunas cosas comienzan a suceder, ya tuvimos algunas giras internacionales, en España y Marruecos. Creo que la única forma de que crezca la selección y que crezcamos como jugadoras es teniendo competencia, así que siempre lo vamos a exigir.
- ¿Es difícil tener que impulsar también cuestiones que suceden fuera de la cancha?
Sí, es un garrón, pero creo que es algo que en algún momento va a dejar de suceder. Eso será para las generaciones que vengan. Te saca un montón de energía, pero sabés que es para que todo cambie y para que las cosas mejoren.
MUNDIAL
El 21 de este mes comienza en Manila, Filipinas, el primer mundial de futsal organizado por FIFA. La Argentina compartirá grupo con Filipinas, Polonia y Marruecos. La selección actualmente ocupa el cuarto lugar del ranking mundial, y Agostina se ilusiona con un buen resultado en el torneo: “Hemos jugado contra Brasil y España, las mejores selecciones, y hemos estado a la altura. No hay nadie que sea muy superior a la Argentina. Hoy la diferencia no es tan grande como en otras épocas. Trabajamos y trabajaremos para que eso se vaya achicando cada vez más”, analiza.
