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Violeta Urtizberea: “Para mí, actuar siempre es una fiesta”

Lo que comenzó como un juego nunca perdió esa esencia, ni siquiera cuando también se convirtió en un trabajo. La actuación es, para Violeta Urtizberea, un espacio lúdico, de exploración y de placer: “Yo quiero ser actriz y nada más”, declara.

Con el deseo como motor y el goce como objetivo, supo conservar un espacio lúdico en el que siempre se sintió a gusto. El juego de la infancia, ese desafío alegre de ser otras personas –primero a través de la imitación y la parodia, para luego darle forma a una interpretación con mayor compromiso– se mantuvo a lo largo de los años como el divertimento favorito. Intentó nadar en otras aguas, pero ya en la superficie notó que ninguna le interesaba lo suficiente como para sumergirse demasiado. La actuación la acunó, le dio sentido a cada puerta que abrió, y sigue haciéndolo en cada proyecto del que forma parte. En el teatro independiente y en plataformas comerciales, Violeta Urtizberea fluye con las herramientas adquiridas con el paso del tiempo y esa frescura de niña que consigue conservar.

  • Ya tenés casi 30 años de profesión, ¿te genera algo pensar en eso?

No, la verdad que no siento la carga de los años. A veces veo a otros actores y siento que tienen hasta más experiencia que yo. Hay un montón de cosas que nunca termino de entender, que tienen que ver más con las cuestiones técnicas, las luces, las cámaras… Por supuesto que fui aprendiendo a lo largo de todos estos años un montón de cosas, pero tengo una relación más intuitiva e ingenua. Me divierte mucho actuar, entonces nunca me siento harta. Escucho a actores decir “No tengo más ganas de hacer esto”, y a mí no me pasa para nada. Para mí siempre es una fiesta actuar, no perdí la emoción. Juan, mi novio, ahora empezó a actuar, y está feliz. Se divierte mucho, tiene esa sensación de las primeras veces, me cuenta todo muy entusiasmado. Y yo lo entiendo, porque actualmente me sigue pasando. Es muy divertido ser actor, hacerte un grupo de amigos nuevos cuando estás trabajando en una serie, y de golpe tenés una recotidianidad con un grupo de gente durante un tiempo determinado. Se vuelven como tu familia.

  • ¿Es una búsqueda mantener esa ingenuidad que mencionabas?

No sé, me sale naturalmente. Es como chiche nuevo siempre, para mí, por suerte. Es un planazo ir a trabajar. Poder trabajar de algo que me entusiasme tanto me parece un milagro.

Foto: Nico Pérez / Estilismo: Lula Romero.
  • Siempre conectaste más desde el lado de las ganas que de la necesidad, ¿no?

Hago un montón de cosas por necesidad económica, pero en general, en lo que tiene que ver con la actuación, me dejo guiar mucho por lo que siento que me va a divertir. Hay muchas cosas que no hago y que quizás debería hacer por una cuestión estratégica de carrera o de llegar a ciertos lugares, pero no las elijo porque no me divierten o no me siento cómoda. Elijo bastante, teniendo en cuenta el pasarla bien.

  • ¿Te planteaste hacer esas cosas que decís para construir una carrera determinada?

A veces sí, pero la verdad que a esta altura trato de respetar mi deseo. Al principio, me preguntaba qué tipo de carrera quería, y después me fui dando cuenta de que hay cosas que no me interesan. Como ser una superestrella, hacer la tapa de las revistas mostrando mi familia, mi casa, ser yo un personaje, más allá de la actuación. Todo eso no me interesa tanto, no me divierte, no quiero estar en la boca de periodistas de espectáculos. Yo quiero ser actriz y nada más. Muchas veces me proponen ocupar otros espacios en la televisión, que no tienen que ver con actuar, y la verdad es que no me interesan. No tengo ganas de estar en la tele por estar en la tele. Igual, no digo que nunca lo vaya a hacer, porque no sé qué me puede pasar en un futuro, qué inquietudes me pueden llegar a aparecer. Pero siempre me encuentro pensando que a mí me gusta actuar y nada más. Después, la popularidad y todo eso es una consecuencia. Los flashes, las cámaras, ser el personaje del año, no me excita.

“No quiero estar en la boca de periodistas de espectáculos. Yo quiero ser actriz y nada más”.

Luego de su aparición precoz en televisión a los 10 años, en la cantera de jóvenes talentos que fue Magazine For Fai (conducido por su padre, Mex), la continuidad laboral no fue sencilla de mantener. A los 18, sus padres la instaron a que comenzara a trabajar, y pasó por distintos empleos, desde promotora hasta vendedora. En todos ellos confirmó que solo le gustaba actuar. Decidió, entonces, buscarse un representante, se hizo un book de fotos y se presentó a todos los castings a los que pudo, para poner la rueda a girar. Desde allí, no paró. Su primer protagónico en tele fue en Enséñame a vivir, y más adelante integró una larga lista de éxitos, entre los que se destacan Lalola, Las estrellas y Educando a Nina, entre otros. En paralelo, se desarrolló en el teatro independiente, el ámbito donde más disfruta trabajar. Despierto, Inferno, Una casa llena de agua y Quiero decir te amo son algunas de las obras en las que se destacó. “Lo que más me gusta hacer es teatro independiente. Se permite una búsqueda artística que quizás en el teatro comercial no siempre está. Es un espacio que me dejo más para hacer con gente con la que tengo una comunión artística y comparto algo que me interesa cuidar. Son procesos más largos de investigación, donde uno puede explorar en los ensayos. En la tele te dan una escena, la ensayás dos veces y la hacés. Acá, esa misma escena la ensayás meses y la haces trescientos millones de veces. Entonces, hay muchas capas para investigar. Me atrae que el material sea interesante y que tenga esa posibilidad de profundizar. En mis últimas obras trabajé con Mariano Tenconi Blanco y con Andrea Garrote, con texto de Tamara Tenenbaum. Es gente que me genera muchísimo respeto y admiración, y siento que lo que tienen para aportarme a mí como actriz es muchísimo. Me ayudan en mi crecimiento actoral. Es como estar trabajando y, a la vez, haciendo un taller de actuación”, cuenta.

  • ¿Todo ese crecimiento es divertido? Porque muchas veces el proceso puede ser duro…

Sí, el proceso es incómodo, por supuesto. Cuando estoy haciendo un proceso de ensayo, si no la paso un poco mal, pienso “Acá no se está produciendo el clic”. Para que haya un movimiento y un crecimiento, algo tiene que incomodarte. Si no, es como que estás haciendo lo que ya conocés, lo que manejás y hacés de taquito. Yo creo que en los procesos teatrales siempre tiene que haber un momento en que sientas que todo es una porquería, que actuás pésimo y que lo vas a hacer horrible. Cuando lográs traspasarlo, nace algo nuevo.

Foto: Nico Pérez / Estilismo: Lula Romero.
  • Y cuando lo resolvés, ¿pasa lo contrario y te sentís una fenómena?

Por momentos sí y por momentos no. Todas las funciones son distintas y, cuando creés que la tenés atada, de golpe hacés una función horrible. Eso está buenísimo, porque sentir que la tenés atada, en la vida en general, es malo. Siempre la vida te la devuelve, se las arregla para hacerte saber que no sos un capo. Y está bien que así sea, porque si no hay movimiento, no hay vida.

  • ¿Hay un paralelismo con la maternidad? Porque es un terreno de movimiento constante, en el que las estrategias que funcionan hoy ya no sirven para nada mañana, ¿no?

Totalmente. Está todo tan vivo y en constante movimiento que es difícil acomodarse. Todo lo que te sirve en un momento, te deja de servir y tenés que buscar nuevas herramientas. Pero es hermoso, una interacción y un aprendizaje constantes.

  • Lila tiene 5 años, y más o menos a esta edad comenzabas a jugar a actuar en tu casa, con Fernán Mirás [N. de la R.: estaba en pareja con la mamá de Violeta], que te filmaba y editaba videos. ¿Notás en ella algún interés en jugar a eso?

No sé, la verdad. Ella es un poco tímida, no le gusta ser el centro de atención ni en su cumpleaños. A veces pienso que eso significa que no va a querer ser actriz ni música, o lo que sea que tenga que ver con el arte y estar en primer plano. Pero la verdad es que eso no está totalmente asociado. Hay muchísimos artistas que son supertímidos en la vida y que después, como hacen un personaje, se sienten amparados. A mí un poco me pasa eso, yo me considero una persona tímida también. A ella le encanta pintar, la música, interpretar personajes con sus muñecas y todo eso, pero me parece que lo hacen todos los niños. O sea, el momento de la niñez es el momento más lúdico que tenemos. Después, no sé por qué motivo uno deja de hacerlo. Por una cuestión cultural, por supuesto, porque no existe motivo para que uno deje de hacer esas cosas. Yo preferiría que fuera ingeniera, porque por algún motivo pienso que estaría menos expuesta.

Foto: Nico Pérez / Estilismo: Lula Romero.
  • Es lo que tu mamá pensaba sobre vos, porque te aconsejó hacer una carrera universitaria y no dedicarte a esto.

Sí, mi mamá pensaba eso. Yo no sé por qué lo pienso, la verdad, porque soy refeliz siendo actriz. Sería relógico que Lila eligiera algo que tuviera que ver con lo artístico, porque sus papás somos dos personas que la pasan muy bien en sus trabajos. Lo que tiene más de jodido nuestro trabajo es esa inconstancia de no saber si el año que viene o el mes que viene tenés trabajo. Pero yo no lo padezco, me siento muy libre y para mí sería una tortura tener que trabajar nueve horas todos los días en el mismo lugar. Eso sería una cárcel. Creo que, en general, uno repite las cosas en las que ve a los padres ser felices. A mí me gusta mucho leer y mi mamá nunca me dijo “Leé”. Simplemente ella leía mucho, yo la veía atrapada con un libro y quería que me pasara lo mismo. Creo que siempre que uno quiera transmitirle algo al hijo debe hacerlo con el ejemplo. Por eso, sería lógico que Lila quisiera dedicarse a esto. Aunque va a elegir su propia aventura, claro.

 

ENVIDIOSA 

Violeta integra el elenco de la serie que protagoniza Griselda Siciliani en Netflix. Es Lu Pedemonte, una de las amigas del personaje principal. Con el éxito de la primera temporada y una segunda ya grabada y anunciada para el verano de 2025, la posibilidad de embarcarse en la tercera asoma en el horizonte. “Es una locura lo que está pasando, la gente me para por la calle por la serie. En general, eso pasaba más con la tele. Las plataformas no tienen ese grado de popularidad. Es un retermómetro: cuando estoy haciendo tele, la gente me mira por la calle; y cuando no estoy haciendo tele, me convierto en una persona más, no me siento tan observada. Ahora, cuando salió Envidiosa al aire fue la misma sensación que cuando hay una tira en la televisión, y eso no me había pasado con series de plataformas. Siempre prefiero pasar desapercibida, pero que la gente se te acerque a decirte que la disfrutó, que la pasó muy bien, que se divirtió, que pasó un muy buen momento es un placer. La búsqueda siempre es que lo que uno hace se vea”.

EL BACKSTAGE

VIOLETA X 3

 

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