Una epidemia silenciosa y con insospechadas consecuencias para la salud física y mental parece expandirse sin freno: la soledad no deseada.
La especie humana –gregaria al fin– intenta refugiarse lo más cerca posible del centro del conjunto para reducir este y otros malestares asociados.
No se trata de la “solitud”, palabra que nombra esa soledad elegida en determinados momentos de la vida, sino esa brecha percibida entre las interacciones sociales y la realidad, que puede ser medida por la diferencia entre el número de abrazos esperados y el de los recibidos, o entre el número de likes en redes, esperados y recibidos.
El fenómeno no es nuevo ni limitado a determinadas poblaciones. En todo el mundo la soledad crece en paralelo a la aceleración del ritmo de vida y al individualismo.
Algunos estados han acusado el golpe y reaccionan. El Gobierno británico creó en el año 2018 un Ministerio de la Soledad; “Vivir solo es tan perjudicial para la salud como fumar 15 cigarrillos al día”, afirma en el decreto. Japón decidió lo mismo en 2021.
Los confinamientos debidos a la pandemia de COVID-19 incrementaron el problema, que se extendió a todos los grupos etarios. Investigaciones poblacionales revelan que jóvenes de menos de 20 años se perciben solos en su devenir vital, y lo expresan con diversos trastornos.
Uno es particularmente notorio: el sensible aumento de nacimientos prematuros en personas gestantes que manifiestan soledad.
Cada año nacen en el mundo más de 15 millones de prematuros –9 por ciento del total de los partos registrados–, que se definen por haber nacido antes de completar las 37 semanas de gestación.
Inmaduros para adaptarse rápidamente al mundo exterior, quedan expuestos a riesgos diversos. Si bien una gran mayoría los supera, entre los más pequeños –inmaduros extremos– se concentra una alta probabilidad de fallecer o de sufrir discapacidades de largo plazo.
Las causas de prematuridad son múltiples, tanto biológicas como socioculturales, por lo que en la actualidad existe consenso en que la principal estrategia de prevención es el control prenatal.
“Cada año nacen en el mundo más de 15 millones de prematuros”.
Este concepto incluye, además de acciones médicas específicas, el acompañamiento sostenido del núcleo familiar, de la comunidad y de una eventual pareja.
En tal sentido, la incidencia de un parto anticipado disminuye en un 90 por ciento si se realiza un control mensual; 50 por ciento con apenas cuatro controles oportunamente repartidos. Y una unión estable (formal o informal), reduce un 40 por ciento.
La percepción se potencia con situaciones concretas: la pobreza, la alimentación insuficiente, los esfuerzos físicos inadecuados e, incluso, la falta de un proyecto personal.
Así concebida, la soledad se presenta como un fenómeno complejo que demanda acciones conjuntas y solidarias.
Los trabajadores de la salud harán lo suyo: evaluar el peso corporal y la comida recibida, medir el tamaño del abdomen y la tensión arterial, advertir sobre consumos riesgosos y realizar estudios bioquímicos simples.
Y en manos de los íntimos quedará ese cuidado que, entre mate y mate, permita despejar dudas y temores.
No solo para llegar al término, sino para aliviar la dolorosa experiencia de gestar en soledad.





