No mató a la estrella de la radio, pero sí logró instalarse como una vía de expresión y comunicación con un lenguaje propio, una dinámica distintiva y una potencia innegable. El videoclip, aunque nacido como elemento subsidiario de la canción a la que le aporta imágenes, adquirió un vuelo independiente y es terreno fértil para la exploración y la innovación (muchas veces, incluso, asumiendo más riesgos que la música en cuestión).
Existe una discusión abierta sobre cuál es el primer videoclip. Hay quienes se remontan a 1894, cuando a Joseph Stern y Edward Marks se les ocurrió presentar una sucesión de diapositivas alusivas a la letra para ilustrar la canción The Little Lost Child. Por cuestiones técnicas y de realización, hay quienes señalan a Strawberry Fields Forever, de The Beatles, de 1967, como el primer videoclip. Ya se empleaban herramientas y recursos cinematográficos como la reproducción de video en reversa. En medio, los films musicales de artistas como Carlos Gardel o Elvis Presley ya creaban escenas visuales alrededor de canciones y permitían el recorte de videoclips (aunque casi en todos los casos no se trataba de narrativas independientes, sino de play-backs o escenas atadas al resto de la película en cuestión).
En 1981, en los Estados Unidos, MTV irrumpió provocativamente con Video Killed the Radio Star, de The Buggles, una declaración de principios que buscaba erigir al canal como el nuevo hogar de la música, que ya no sería solo una experiencia auditiva. Aunque el videoclip ya existía, esto representó indudablemente un punto de inflexión en su popularidad y consumo. La herramienta comunicativa dejó de ser una posibilidad para convertirse casi en una obligación para artistas que quisieran ser relevantes, sobre todo entre el público joven (una frontera cada vez más laxa).
Desde este año, después de alejarse poco a poco del videoclip y abrazarse de un modo definitivo a los reality shows, los canales de música asociados a MTV dejaron de emitir, y solo quedó la señal principal, despegada hace rato de aquel concepto inicial de “music television”. El videoclip, lejos de haberse quedado a la intemperie, encontró en YouTube y las posibilidades de fragmentarse en redes sociales un nuevo auge. Si tuvo una crisis, no fue más que una espera a que alguna pantalla predominara sobre el resto para poder hacer pie en ella.
“Vivimos en la época del single, que es coherente con el nuevo boom del videoclip. Los long formats (leer un libro, mirar una película de tres horas sin parar, escuchar un disco de los dos lados en orden) no están a tono con esta época. Hay un lanzamiento continuo de lo que antes eran los cortes de los discos. El videoclip tiene sentido ahí porque es como una minipelícula. En una cultura espasmódicamente visual, de consumos repentinos y caprichosos, el videoclip es un formato perfecto, porque dura tres o cuatro minutos y tiene mucho impacto visual. Antes de TikTok y antes de los reels, el videoclip ya estaba ahí para ofrecer narrativas completas en poco tiempo”, analiza el periodista y comunicador Nicolás Artusi, quien fue conductor de la filial argentina de MTV a principios de los 2000.
Artistas de la talla de Spike Jonze, Floria Sigismondi, Spike Lee, Michel Gondry, entre otros, le dieron al videoclip un estatus singular, convirtiéndolo en un género en sí mismo, caracterizado por la dinámica, la sucesión de cortes y una estética que, por su popularidad y aceptación, fue tomada luego por el cine.

Aquellas influencias continúan vigentes, y los videoclips actuales son herederos de las bases que se sentaron en aquella época de oro inicial. La cantautora Silvina Moreno, con cinco discos y más de veinticinco videoclips en su historial, reconoce la fascinación que aún perdura por lo que vio en su infancia y adolescencia: “Miraba MTV de chica, desde que tengo memoria, y disfrutar de una canción con su pieza visual me parece espectacular. Cuando lo audiovisual está bien logrado, suma muchísimo. Sin dudas que es un desafío traducir de un lenguaje a otro y que se transmita lo que una quería. Buscar los aliados correctos es clave”.
Entre esos aliados, indudablemente, está el director del videoclip, que llega con sus ideas y debe encontrar el modo de ensamblarlas a la canción y a las propuestas del grupo o la compañía discográfica, según quién esté más comprometido con el proceso. Ramiro Méndez Roy es actor, guionista y director audiovisual, y dirigió recientemente sus primeros videoclips, luego de rechazar varios proyectos debido a que los requerimientos no se ajustaban a sus intenciones creativas. Una amistad de años con los integrantes del grupo Los Nocheros hizo que la comunicación con ellos fluyera de un modo distinto, y el resultado del encuentro fue el videoclip de la canción La razón: “Pude contar una historia de ficción, con una pareja de actores, que se encadena con el contenido de la canción. Y también conseguí que me aceptaran la idea de que el grupo no fuera un trío omnisciente que solamente cante, sino que se sumara a la propuesta, que tuviera una razón de ser en las escenas: compusieron personajes y se salieron de su rol para jugar un poco”, cuenta.
Hay allí otra de las claves del éxito de algunos videoclips: el artista en un rol diferente al habitual, actuando en serio o exponiéndose de manera cómica, pero en cualquier caso ofreciendo otra versión de sí mismo, algo que un público ávido por verlo agradece. Eso se combina con la presencia del propio artista en sus redes sociales, donde la composición de un personaje es más extensiva y constante.
Rosario Saravia asiste a los integrantes de Los Nocheros en sus comunicaciones, comenzó como community manager y a partir de ese rol se involucra en decisiones artísticas, estéticas y estratégicas en redes sociales y más allá. También participa en el proceso de creación y difusión de los videoclips del grupo, donde aporta una mirada creativa y también comercial: “Un video tiene que poder rendirte en lo digital y tener en cuenta a la gente que lo ve por televisión. Nosotros pensamos siempre cómo hacer contenido del contenido, cómo un videoclip, su historia o un backstage podrían contar algo más. Se genera expectativa sobre el videoclip, hay contenido alrededor y luego esa misma canción se puede ir desglosando en redes. En TikTok, por ejemplo, hay un público joven al que le gusta lo directo, y solo tenemos un par de segundos para despertar su interés, mientras que en Instagram hay un público mucho más estético. Se tiene en cuenta todo eso al hacer un video”, detalla.
“Todavía el formato vertical no llegó al videoclip, o por lo menos no es hegemónico o mayoritario, pero cabe preguntarnos cuánto le queda de horizontalidad al videoclip”, se cuestiona Artusi. En esa línea, argumenta que, hasta ahora, el videoclip fue creado para ser visto en televisores, pero en la actualidad la pantalla principal es la de los smartphones, por lo que sería lógico el paso hacia la verticalidad. Y agrega:

“Las películas supertaquilleras y las series se siguen filmando o grabando en horizontal, pero conservan lo más importante en el centro de la imagen para que después pueda recortarse fácil y compartirse en redes. Tal vez el videoclip también tenga una reinvención cuando ya definitivamente se instale la verticalidad”.
Silvina Moreno comparte la visión de que el videoclip es, a la vez, un canal de expresión y un eslabón más en la estrategia de comunicación de una canción, y suma ideas acerca del cambio que podría producirse en el modo de filmar: “Hay una suerte de tironeo: todo se ve por las redes sociales, y adaptar un video a formato vertical es un nuevo desafío. Pero la vista humana es más amplia horizontal que verticalmente, eso es algo que tienen en cuenta los directores audiovisuales. Por eso todo estuvo hecho en formato horizontal hasta ahora. Respecto a cómo se consume hoy, hay una especie de amor-odio, nos peleamos a veces con eso, porque uno no hace un video pensando en recortarlo verticalmente, pero no se puede negar que es así. Hay que ponerse creativos desde el momento inicial, pensar en los planos y en cómo se va a editar”, reconoce.
En el formato que fuera, el videoclip, ya fue dicho, es mucho más que un apéndice de la canción. Existen, de hecho, videos cuya popularidad excedió largamente a lo que suena en ellos, lo que los confirma como obras independientes. “Conservan ese poder de experimentación fílmica que tuvieron desde el principio de los 80, con artistas más o menos arriesgados, pero con la posibilidad de desarrollar un lenguaje en tres minutos. Tal vez por su duración, tal vez por estar involucrados con artistas de la música, o por ser una suerte de preludio o de liga menor ante la industria del cine, siempre se mantuvieron como un lugar de experimentación”, concluye Artusi.
Versátil y atractivo, el videoclip encuentra siempre la forma de incorporar innovaciones tecnológicas, del cine o de otras artes, y juega un poco con aquellas reglas y un poco con las de las redes sociales, aprovechando los vacíos legales para dar un salto expresivo. Algunas pantallas caerán, pero aparecerán nuevas, y allí encontrará, como hasta ahora, su lugar para deleitarnos.
UNA POSIBLE CLASIFICACIÓN
Narrativos/ficcionales: En ellos se desarrolla una historia, son un cortometraje que puede reflejar el sentido de la canción de manera más o menos literal o metafórica, o narrar algo disociado o no tan apegado a ella. Dentro de ellos, hay géneros como drama, comedia, acción, terror. Muchas veces sirven como primera o única experiencia actoral de los músicos. Algunos exponentes son Thriller, de Michael Jackson; Sabotage, de Beastie Boys; En la ciudad de la furia, de Soda Stereo; I Want to Break Free, de Queen; o Fantasmas, de Miranda!
Playbacks: A grandes rasgos, se trata del o los artistas haciendo lipsync de la canción que suena. Es probablemente el tipo de video más extendido, por ser el menos costoso económicamente y en términos de elaboración. Puede ir de lo más sencillo, con los artistas en una sola locación y algunos cambios de toma, a complejizarse con los artistas en escenas variadas o haciendo el playback como parte de una trama mayor que los contiene. Dani California, de Red Hot Chili Peppers; Virtual Insanity, de Jamiroquai; Smells Like Teen Spirit, de Nirvana; o Abarajame, de Illya Kuryaki and the Valderramas, son ejemplos.
Visualizers/Lyrics: Son videos que permiten cumplir con la presencia en plataformas, cuya elaboración consiste en resolver visualmente dicha necesidad para una canción, sin recurrir a la estructura que requiere filmar un video como los de las anteriores categorías. Sucesión de imágenes, que pueden haber sido tomadas o creadas especialmente o ser parte de videos previos, con o sin la letra sobreimpresa para facilitar su seguimiento. Al ser algo más genérico, no tendría sentido poner un ejemplo.
Los tipos de videos no son estáticos y se combinan en la mayoría de los casos.
