Una iniciativa conjunta entre la asociación Aves Argentinas, el Instituto Misionero de la Biodiversidad (IMiBio) y el Ministerio de Ecología de Misiones se dispone a recuperar uno de los ecosistemas más valiosos y amenazados de nuestro país.
El Bosque Atlántico se encuentra sobre la cuenca del Alto Iguazú y es compartido entre Argentina, Brasil y Paraguay. Está categorizado como sitio clave para la biodiversidad según estándares internacionales por ser una zona de alto valor ecológico: aloja a más de 37 especies nativas, muchas de ellas emblemáticas, como el yaguareté, el tucán o el lapacho. De hecho, es hogar de más del siete por ciento de las especies de plantas del planeta y de cinco por ciento de los vertebrados. En una sola hectárea pueden encontrarse hasta 443 variedades de árboles.
“Tenemos alrededor de 500 especies de aves, más de mil especies de árboles y plantas, además de muchas que son endémicas, es decir que solo se encuentran en este bioma”, señala a Convivimos José Beamonte Reta, coordinador de la Estrategia de Restauración y Desarrollo Sostenible del proyecto Bosque Atlántico de Aves Argentinas.
De este ecosistema, que históricamente cubrió casi una décima parte de Sudamérica, hoy solo queda el siete por ciento de la superficie original en buen estado de conservación. Según un análisis realizado por la Fundación Vida Silvestre Argentina, entre 1985 y 2023 perdió 6,6 millones de hectáreas, equivalente al 13,9 por ciento de su área original.
En la Argentina, el Bosque Atlántico ocupa gran parte de Misiones, donde se registró una reducción del 14,9 por ciento; es decir, 318.000 hectáreas menos, según el mismo estudio.
En este contexto, las organizaciones ambientales y el gobierno de Misiones unen sus esfuerzos para preservar las fracciones de selva que quedan en esa zona entre un mosaico de parcelas productivas.
“Actualmente, este bioma perdió más del 80 por ciento de su cobertura forestal. En Misiones nos encontramos con procesos de degradación y de deforestación muy grandes. Hay parches de selva desconectados entre sí”, explica Beamonte Reta.
El principal factor que llevó a esta fragmentación es el cambio de uso del suelo debido a procesos de producción agrícola, ganadera y forestal, como el cultivo de tabaco y otras actividades a pequeña escala.
“Postpandemia venimos con una tasa de deforestación anual en la provincia cercana a las 5000 hectáreas por año. Tranquilamente pueden ser personas deforestando una hectárea o más para su cultivo. No tenemos deforestaciones masivas, pero no deja de ser preocupante”, relata a Convivimos Emanuel Grassi, doctor en Ciencias Biológicas y director del Instituto Misionero de Biodiversidad (IMiBio).
“La provincia de Misiones tiene 470.000 hectáreas de territorio destinadas a la plantación forestal que ya dejaron de ser bosques nativos”, agrega, y menciona además otros factores que afectan a la salud del ecosistema, como el advenimiento de las ciudades, la cacería y los atropellamientos.
LA ESTRATEGIA
“La estrategia de restauración busca conectar esos pequeños parches de selva a través de acciones restauradoras, rehabilitando los ecosistemas con la plantación de árboles nativos”, detalla Beamonte Reta.
En octubre del año pasado, este programa marcó un nuevo hito con la plantación de 100.000 árboles nativos, lo que logró recuperar 246 hectáreas de selva misionera. El proceso involucró 27 camiones repletos de plantines y un equipo de treinta personas que dedicaron más de 480 horas a la planificación y plantación de cada árbol. Emplearon más de 37 especies emblemáticas, además de otras registradas como “amenazadas” según las categorías de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), vitales para la biodiversidad, como el palo rosa, que es Monumento Natural de la provincia. También plantaron palmitos, una palmera nativa que sufrió una baja marcada en su población en la Argentina debido a un uso no sustentable, principalmente para gastronomía.
Para 2026 y 2027, Aves Argentinas planea acciones de restauración principalmente en el Corredor Municipal Península Andresito, un sitio prioritario que permite la conectividad entre dos bloques de conservación de selva muy importantes: el Parque Nacional Iguazú y el Parque Nacional do Iguaçu en Brasil.
PRIMEROS BROTES
Del lado del IMiBio, el proyecto se enmarca en el Plan Provincial de Restauración Funcional de la Selva Paranaense y Ecosistemas Asociados. Colabora con la investigación y cuenta con un biobanco –donde se conservan muestras de material genético– y con un vivero dedicado a la producción de plantas nativas.
El proyecto incluye iniciativas de refaunación, es decir, la reintroducción de especies de fauna autóctona, como la preparación para el regreso de los monos aulladores al Parque Provincial Cruce Caballero con la Fundación Neotropical Primate Conservation Argentina. También participan de la plantación de nativas en el Parque Provincial Teyú Cuaré con Temaikén y de la conservación de yaguaretés en la Reserva de Biósfera Yabotí junto con la Fundación Azara.
Con el tiempo, el trabajo está dando sus primeros frutos. Con la recuperación, lo primero que se observa es la aparición de especies que antes no estaban. Primero suelen verse las aves, luego los mamíferos y así los flujos ecológicos empiezan a restituirse.
“Ya pasó un año y vemos crecimiento de las plantas, se han reforestado zonas de esparcimiento y demás. Es positiva la reacción de las personas, que dicen: ‘Lo voy a cuidar, porque en un año es la sombra para que yo pueda venir a tomar mate o tereré frente al lago’”, celebra Grassi. También se registró la vuelta de águilas harpías, una especie sin registros oficiales desde hace veinte años.
“Nadie va a ir en contra de la conservación del ecosistema, siempre y cuando no vaya en detrimento de su economía. El desafío está en ver cómo podemos lograr un desarrollo productivo en convivencia con la biodiversidad”, sintetiza Grassi.
100.000 ARBOLITOS
Antes de comenzar a restaurar un terreno, se necesita recorrer el área donde se realizará la plantación para analizar el grado de degradación de la tierra. Luego, mediante bibliografía y tomas de dron, se estudia la distribución de las especies y se hace el diseño técnico. Una vez definido, se trasladan las plantas, se organizan las cuadrillas, se concreta quiénes harán los pozos y quiénes colocarán las plantas. Ese día el trabajo comienza muy temprano para evitar el calor y termina con el último árbol.





