Un nuevo estudio liderado por la Universidad de Northwestern (Estados Unidos) y la Universidad de Berna (Suiza) confirma que las creencias culturales sobre las cualidades típicas de hombres y mujeres siguen derivándose principalmente de los roles sociales que cada género ocupa de manera predominante en hogares y lugares de trabajo alrededor del mundo. Los resultados, publicados en la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), muestran una notable persistencia de estos estereotipos a pesar de los avances en la participación laboral femenina.
La investigación, encabezada por Christa Nater (Universidad de Berna) y con la coautoría de Alice Eagly (profesora emérita de Northwestern), se basó en encuestas de opinión pública realizadas por Gallup. En 1995 se encuestaron 22 países, y en 2023 la muestra se amplió a 40 naciones. En ambos periodos y en todos los países analizados, los participantes describieron consistentemente a los hombres como el género “más activo” o agentico, asociándolos con rasgos como la ambición, la competitividad y la asertividad. Por el contrario, las mujeres fueron vistas como el género “más comunitario”, vinculadas a cualidades de calidez, amabilidad y cuidado.
Esta división persiste pese al aumento global de mujeres en la fuerza laboral remunerada. Según los autores, el estereotipo de los hombres como más agenticos se explica por su sobrerrepresentación en puestos de liderazgo de alto prestigio —como directores generales de grandes empresas— y en profesiones que demandan fuerza física o valor, tales como bombero, policía o soldado. Aunque las mujeres han accedido más a roles de liderazgo, estos suelen concentrarse en organizaciones con misiones comunitarias, como entidades sin fines de lucro o educativas.
De manera similar, el estereotipo comunitario de las mujeres es más intenso en países con mayor segregación ocupacional femenina hacia profesiones de cuidado, como la docencia o roles relacionados con la familia y la infancia. “Incluso ahora, existe una división del trabajo por género fácilmente reconocible en el lugar de trabajo y en el hogar que explica el tema comunitario en los estereotipos de las mujeres y el tema agencial en los estereotipos de los hombres”, afirmó Alice Eagly.
Los estereotipos sobre competencia intelectual —como inteligencia o creatividad— han evolucionado más: en países donde las mujeres han alcanzado mayor paridad en títulos universitarios, la percepción de igualdad de competencias entre géneros se ha fortalecido.
Los investigadores enfatizan que los estereotipos de género no son meras ficciones, sino que reflejan observaciones reales de la vida cotidiana. Sin embargo, tienen consecuencias negativas: fomentan juicios injustos hacia quienes no encajan en las expectativas (por ejemplo, una mujer ingeniera aeroespacial o un hombre profesor de niños pequeños), desalientan la igualdad de oportunidades y subestiman talentos que rompen con lo “típico”.
“Los esfuerzos para acabar con los estereotipos de género solo pueden ser eficaces si las mujeres y los hombres obtienen posiciones y roles más similares”, señaló Christa Nater. Entre las políticas que podrían contribuir a una división laboral más flexible destacan el permiso parental compartido, mejoras en el cuidado infantil y la promoción de hombres en profesiones de cuidado, así como la automatización de trabajos físicos que abre oportunidades para las mujeres.
En países con mayor representación femenina en poder político, las personas atribuyen más rasgos comunitarios a las mujeres, pero no mayor agencia, probablemente porque ocupan roles vinculados a temas familiares en lugar de financieros o de defensa.
En resumen, el estudio subraya que cambiar los estereotipos requiere transformar la realidad observable de los roles sociales, más allá de avances aislados en igualdad formal.
