Mi primer descubrimiento fue a los siete años. Todos los fines de semana íbamos con mis padres a Itatí, y con mis primitos vimos una serpiente grande comiéndose a otra. Yo me quedé fascinada, imaginate. Ahí mi mamá me empezó a comprar peluches de serpiente, y ya era ‘la persona rara’, porque era mi animal favorito”, relata a Convivimos Nora Frank, técnica en Herpetología, estudiante de Biología, próxima guardaparque y presidenta de la fundación Protección Ñacaniná, radicada en Corrientes Capital.
Dejando de lado algunos casos particulares, es común que la presencia de reptiles genere aprensión. Y es la mala imagen de estos vertebrados con escamas, de temperatura variable y respiración pulmonar que se desplazan rozando la tierra con la panza lo que contribuye a que no se los proteja de la misma forma que a los mamíferos o las aves.
“Si yo mato a un ciervo de los pantanos o a un loro, sé que va a caer la ley, pero si yo mato a una serpiente o a un yacaré, pareciera que no. Es la manera distinta que la gente tiene de verlos, pero en realidad la ley es la misma y rige para todos los animales”, menciona Frank, y advierte que “el miedo es ancestral, pero evolutivamente hoy tenemos herramientas para poder deshacer todos esos mitos”.
Entre otras actividades, la fundación realiza educación en escuelas de manera gratuita, además de la difusión en redes sociales y talleres. También tiene un área de ciencia y desarrolla trabajo de campo. Publicó el primer estudio sobre atropellamiento de serpientes en la Argentina que identificó a 603 individuos de 65 especies distintas.
Además, están próximos a lanzar el primer manual de la Argentina de encuentros con serpientes, que mostrará dónde se puede obtener suero antiofídico en cada localidad.
Dentro de los reptiles se encuentran lagartos, cocodrilos, caimanes, lagartijas ápodas (sin patas) y las más temidas, las serpientes. Según la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, en el mundo hay 131 especies de reptiles en estado vulnerable, 39 amenazados y 17 en peligro.
Todos ellos tienen un rol ecológico esencial para equilibrar el ecosistema según el lugar que ocupan en la cadena trófica. Las serpientes yarará, por ejemplo, se alimentan principalmente de ratones y ratas, que transmiten enfermedades como el hantavirus. Los yacarés son grandes depredadores de las palometas, peces carnívoros de agua dulce.
“Las boas son de las serpientes más grandes que tenemos en la Argentina, como la curiyú, que es la anaconda amarilla. La hembra puede llegar a medir hasta cuatro metros. No comen personas ni animales como perros o gatos. Tienen una alimentación exclusiva de pequeños mamíferos y algunas aves. Son controladoras del sistema del humedal”, explica Frank.
“Al desaparecer la ñacaniná, que es la reina del Paraná, también una depredadora tope, habría un desequilibrio que no podríamos controlar”, agrega, y comenta que los reptiles son indicadores de un ambiente saludable.
El rol central de estos animales en los ecosistemas nos lleva directamente a evaluar sus principales amenazas. Ellas son la deforestación y la fragmentación de sus ambientes de manera indiscriminada con la tala de bosques y la contaminación de ríos. “Cuando existe una quema, estos animales no tienen la posibilidad de escaparse tan rápido como un ave o un mamífero, entonces son los primeros en morirse junto con los insectos”, señala Frank. Agrega también en el listado de amenazas al tráfico ilegal de serpientes nativas, lagartos overos y yacarés.
“Hay un negocio oscuro que no se conoce mucho en la Argentina. El año pasado, en Corrientes, se detuvieron entre 50 y 70 serpientes antes de que fueran traficadas. El mascotismo de estos animales también es gravísimo y una crueldad”, apunta. El yacaré, asimismo, es uno de los animales más traficados para la industria de la cocina.
¿LETALES?
“Nosotros somos los visitantes en el ambiente de la serpiente, no es que ella nos invade a nosotros. Se sigue poblando, deforestando, cambiando ecosistemas, tapando bañados y el humano continúa colonizando. En el medio de eso, muchos animales pierden, otros aprenden a convivir y otros son incomprendidos, como las serpientes puntualmente”, describe a Convivimos Silvio Cemarelli, presidente y socio fundador de la ONG Yo No Mato Serpientes, dedicada a la educación para la conservación, que funciona en la localidad de Campana, provincia de Buenos Aires.
Cemarelli diferencia entre accidente ofídico y provocación, como intentar tocar al animal o acercarse para sacarse una foto. “Las serpientes no salen a comer humanos. Se defienden de una agresión y muerden. Una mordida de accidente ofídico no supera la mitad del antebrazo, si fuera en la mano, y en la pierna no supera la mitad de la tibia y peroné. Si la mordida fue en otro lugar, más profunda y agresiva, es porque hubo manipulación”, detalla.
“Una mordida con atención médica no va a llevar ningún problema a la persona”, aclara, y Frank, por su parte, suma: “La gente casi no muere por mordedura de serpiente, porque hay un montón de antídotos que casi todo el país tiene”. Aun así, es mejor estar prevenido.
En la Argentina tenemos 136 especies de serpientes y solo en tres géneros su veneno puede llegar a ser moderado a letal. Ellas son la coral, la yarará y la cascabel.
Si bien el resto de los reptiles no deberían presentar peligro, no se recomienda nadar ni acercarse a ellos en época reproductiva. Los yacarés tienen un cuidado parental extremo y permanecen junto a los huevos y luego junto a sus crías para defenderlas.
“Y otra cosa: hay veces que los animales no necesitan ser rescatados, porque si lo encuentro en un campo, no voy a llamar a alguien. Es su casa. Tengo que aprender a convivir. ¿Cómo puede ser que yo me voy al humedal y veo a un yacaré al lado de un carpincho –y eso que es su depredador–? Ellos pueden coexistir y viven de una manera pacífica; nosotros tenemos que hacer exactamente lo mismo”, resume Frank.
REPTIL A LA VISTA
Lo primero es mantener la distancia. Se debe asegurar a las mascotas y los niños, y no usar a los perros para ahuyentarlo porque podrían lastimarse. Si es una serpiente, se la puede identificar sacándole una foto y enviándola a Yo No Mato Serpientes (3489 514 580) para conocer su peligrosidad. No se debe intentar matarlo ni llevarse a sus crías, porque sus padres pueden estar cerca. Se recomienda avisar al organismo correspondiente, como la Dirección de Zoonosis o la Dirección de Recursos Naturales.





