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¿QUÉ SON LOS BONOS DE PLÁSTICO?

Una nueva manera de compensar la huella de este material ya está en marcha en nuestro país. Cómo funciona y qué factores podrían dificultar su desarrollo.
Una nueva manera de compensar la huella de este material ya está en marcha en nuestro país. Cómo funciona y qué factores podrían dificultar su desarrollo.

Ya conocemos los bonos de carbono, que una empresa o individuo puede comprar para compensar el impacto negativo de su actividad en el ambiente. Con un esquema similar, se están popularizando en el mundo los bonos o créditos de plástico, pensados para equilibrar el daño que su producción y comercialización están generando.

El mercado internacional lleva vendidos unos 120.000 bonos de plástico, según indicó Francis Van Lierde, director de la firma Cabelma y cofundador de la Fundación Banco de Plásticos, es decir que se recolectaron y reciclaron 120.000 toneladas de plástico del medio ambiente, una cifra que puede parecer grande, pero es minúscula comparada con el gran consumo que hay en el planeta. 

Funciona así: un reciclador recolectará y reciclará la cantidad de plástico correspondiente al bono que se vaya a emitir. Para eso debe aprobar una auditoría según estándares internacionales como los de Plastic Credit Exchange (PCX). Una vez verificada la actividad, la fundación puede emitir el bono. 

Una compañía puede compensar su consumo de plástico total o parcialmente, incluyendo productos y packaging. En caso de que desee compensar totalmente su huella plástica, la fundación le otorgará la certificación de “plástico neutro”.

“Cuando creamos la fundación hace casi cuatro años intentábamos resolver el gran problema que tienen los recicladores de plástico en la Argentina y en todo el mundo: les va bien únicamente cuando el precio de la materia prima virgen es alto y les va mal cuando es bajo”, comenta a Convivimos Van Lierde. Y explica que “los bonos de plástico son una muy buena herramienta para incentivar a los recicladores, para que reciclen más y ganen más dinero”.

“Esta alternativa es trazable porque todo el circuito está auditado. Es escalable, es decir que se adapta tanto a empresas que tengan un consumo pequeño de plástico virgen como uno grande. Y, por otro lado, es muy simple porque uno no tiene que hacer desarrollo de ingeniería para modificar productos o cambiar sus operaciones”, subraya el especialista.

PLÁSTICO NEUTRO EN LA ARGENTINA

El primer proyecto en ser auditado y emitir estos bonos en Sudamérica lo desarrolló en 2022 en nuestro país Cabelma, fabricante y recicladora de productos de plástico reciclado, con Moscuzza Redes, que hace artes de pesca.

“Cada vez que se venden redes de pesca nuevas se hace una logística inversa: se recuperan las utilizadas y se las recicla a través de un proceso largo, porque vienen de toda la Patagonia, muy sucias y deterioradas. Este proyecto emite bonos de plástico en el mercado internacional”, cuenta Van Lierde.

A su vez, la primera compensación lograda a través de la fundación en la Argentina fue realizada por Borneo Readers (@borneo.readers), dedicada al diseño, fabricación y comercialización de anteojos. Ya compensaron unos 6000 kilos y sus productos llevan desde 2024 el sello de “plástico neutro”.

“Es muy difícil para un emprendedor, para un negocio chico, poder ser plástico neutro. Porque si yo tengo que salir a la calle a recuperar plástico y comprar una máquina para eso, ya se me desvirtuó el negocio. Esto nos dio una puerta de entrada a poder ser responsables con el medio ambiente de una manera asequible”, cuenta a Convivimos Iván Shemi, gerente general de Borneo, quien aseguró que, como proveedores, les agregó mucho valor en su propuesta comercial solucionar su huella plástica. 

RESPONSABILIDADES

De acuerdo con cifras de Ecoplas, el reciclado de plásticos en la Argentina se multiplicó por cinco durante los últimos veinte años. Aunque según el último Índice de Reciclaje de Plásticos reciclamos apenas un 17 por ciento de lo que consumimos, la tendencia es creciente. 

Para aumentar esta cifra, la fundación firmó este año un convenio con el Conicet para llevar adelante trabajos con investigadoras de la Planta Piloto de Ingeniería Química (Plapiqui), un instituto de investigación que apoya y fomenta la vinculación academia-industria para generar soluciones en relación al plástico y otros materiales.

“Hay mucho potencial en la Argentina, porque todavía somos incipientes en el reciclado en comparación con otros países del mundo, y eso te da un margen para trabajar. Creo que difundiendo y llegando cada vez más a las empresas es un mercado que va a crecer”, manifiesta a Convivimos Yamila Vázquez, doctora en Ingeniería Química, investigadora del Conicet en Plapiqui. 

“En Indonesia y en Filipinas de un año para el otro la compra de bonos de plástico creció notablemente por la salida de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor. Ese tipo de legislación obliga a los productores a hacerse cargo del producto que ponen en el mercado, sobre todo los envases”, apunta, y menciona algunos obstáculos que se pueden presentar en nuestro país en el desarrollo de esta herramienta: “El primero son las infraestructuras. Mucha de la industria del reciclado en la Argentina es a pulmón, mano de obra manual. El hecho de tener un circuito informal de recuperadores urbanos no ayuda porque, entre otras cosas, la materia prima no es constante en el tiempo. Por esta razón es importante que se formalice su participación en la cadena de valor de los plásticos”, comenta. 

Y agrega: “La logística de recolección de los residuos es el mayor de los inconvenientes para poder generar sistemas de reciclado, y en la Argentina esto tiene un plus asociado a las distancias tan grandes entre los puntos de generación”.

Por su parte, Shemi menciona: “Yo creo que las empresas siguen al mercado. A medida que el mercado va siendo cada vez más consciente, eso va a llevar a las empresas a adaptarse”.

Van Lierde, por último, destaca que “los bonos de plástico deben ser una herramienta complementaria a otros esfuerzos de las compañías para una agenda sustentable y una gestión sustentable de sus materiales, pero sin lugar a dudas es una herramienta muy eficiente para poder hacerlo”.

 

SOLUCIÓN DEFINITIVA 

Hay quienes se oponen a los mecanismos voluntarios de compensación por considerarlos una forma de greenwashing al traer cierta tranquilidad de conciencia que impide que se busquen soluciones más profundas y definitivas. En palabras de Greta Thunberg, sería “hacer trampa”.

Frente a esta consulta, Shemi opina: “Creo que el uso de los bonos para las empresas no es una solución definitiva, pero sí ayuda un montón. Acerca a las empresas que no son corporaciones a poder aportar un granito de arena”.

 

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