En Chacras de Coria, un pequeño poblado y distrito del departamento Luján de Cuyo, en el norte de la provincia de Mendoza y a 13 kilómetros de la capital, se encuentra la escuela privada San Nicolás, a la que asisten alrededor de mil chicos y chicas desde jardín de infantes hasta la secundaria.
En la tranquilidad de esa población, que parece salida de un cuadro, Ramiro Pontis, director de la secundaria, junto a un grupo de docentes, empezaron a detectar que el uso del celular estaba transformándose en un impedimento para la socialización. Así fue como en marzo de 2025 la escuela tomó la decisión de que los alumnos dejaran sus dispositivos en una caja ubicada en la preceptoría antes de entrar a clase.
Solo podían retirarlos durante los minutos que duraba el recreo. Sin embargo, notaron que esto hacía que no interactuaran lo suficiente. “Veíamos que se ponían a ver las redes, leer mensajes o jugar con el celular”, explica Pontis. En el caso de las mujeres, pasaban tiempo en las redes sociales, subiendo fotos, el problema era si nadie les daba like. O bien subían imágenes de alguna compañera para burlarse. En el caso de los chicos, detectaron la adicción al juego y en algunos casos la problemática de las apuestas on-line.
Preocupado por esta situación, Pontis invitó a ir a Mendoza a Adrián Dall’Asta, licenciado en Ciencias Sociales y Humanidades y experto en tecnoadicciones para brindar una conferencia en el colegio. Este fue el impulso para que un grupo de padres y madres se organizaran y crearan el Pacto Parental.
“Arrancamos unos 20 padres, después 200 y hoy somos cerca de mil en un grupo de WhatsApp. Hay personas de varias partes del país, incluso de Colombia, Puerto Rico y República Dominicana”, cuenta Ignacio Castro, uno de los padres impulsores de esta iniciativa.
El Pacto Parental es un acuerdo colectivo que busca retrasar hasta los 13 años el acceso al primer dispositivo y hasta los 16 el ingreso al mundo de las redes sociales. El acuerdo está compuesto de cinco puntos y puede descargarse de la página web pactoparental.org. Pero eso no es todo, también elaboraron un video y se pusieron en contacto con los medios de comunicación. En la plataforma virtual publicaron algunos datos ilustrativos sobre el vínculo entre el uso del celular en los jóvenes y su impacto.
Se señala, por ejemplo, que el 95 por ciento de los docentes cree que el celular daña la salud mental de sus alumnos, que uno de cada tres adolescentes está expuesto a pornografía en la escuela, que los jóvenes pasan de cuatro a seis horas por día frente a una pantalla y que el 35 por ciento de los chicos admite que usa el celular para copiarse.
«Arrancamos 20 padres, después 200 y hoy somos cerca de mil». (Ignacio Castro).
A los números anteriores se suman las 237 notificaciones que se calcula que los jóvenes reciben al día en su dispositivo, muchas en plena clase. “Ahora usan los celulares en modo vibrador. Entonces, no sabés si es un mensaje, una notificación de Instagram, de TikTok o lo que sea, y cualquier ruido les despierta ansiedad e interés por verlo”, menciona Pontis.
El director reconoce que algunos padres o madres llamaban a sus hijos aun sabiendo que estaban en clase. “Estas cosas las fuimos corrigiendo de a poquito”, asegura.
PROBLEMA GLOBAL
Según la ONU, los jóvenes de entre 15 y 24 años tienden a utilizar más Internet que el resto de la población. Sin embargo, esta brecha generacional se ha ido reduciendo gradualmente en los últimos cuatro años. Las estimaciones más recientes señalan que alrededor del 77 por ciento de las personas de esta franja etaria utilizaron Internet en 2023.
Si bien el organismo internacional reconoce que el entorno digital ofrece oportunidades, también menciona que conlleva serios riesgos para niños, niñas y jóvenes. Por ejemplo, el ciber-acoso y otras formas de violencia digital, la exposición a los discursos de odio y contenido violento, incluidos los mensajes que incitan a las autolesiones y al suicidio.
Por otra parte, alrededor del 80 por ciento de niñas y niños de 25 países han expresado sentirse en peligro de abuso o explotación sexual en línea.
ALGUNOS CASOS DETECTADOS
“Hemos tenido alguna chica subiendo fotos a las redes y pidiendo ayuda por trastornos alimentarios, otra alumna pidió ayuda porque permanentemente en el grupo le hacían bullying, subían fotos de ella y se burlaban”, indica Pontis.
Sobre los chicos, menciona un caso en el que un alumno le propuso a la señora que atiende el quiosco transferirle 150 mil pesos así ella se lo daba en efectivo. “Hablé con los padres y se trataba de una apuesta que había ganado”.
Si bien estos casos no son la mayoría, el colegio San Nicolás tiene un cuerpo profesional que acompaña cuando se dan este tipo de situaciones.
LA ACEPTACIÓN
A los adolescentes no les gustó la idea de restringir el uso del celular. “No es nada fácil poner límites a un hijo”, reconoce Ignacio Castro. “Pero también entendimos que era mucho más fácil de lo esperado y lo entendieron rápido. Había que tomar el toro por las astas”, agrega.
Así es como estos jóvenes de un pequeño pueblo de poco más de 12 mil habitantes asumieron y comprendieron que el celular no se queda en el bolsillo cuando llegan a la escuela, ni tampoco en la mochila. Debe guardarse en una caja a la que no se puede acceder hasta que el timbre que anuncia el fin de la jornada retumba en las paredes de esta escuela mendocina.





