Los niveles actuales de emisiones de dióxido de carbono (CO₂) a la atmósfera son tan elevados que, para alcanzar los objetivos climáticos internacionales, muchos países exploran opciones complementarias a la simple reducción del uso de combustibles fósiles. Una de las más prometedoras es el almacenamiento geológico de carbono, que consiste en capturar el CO₂ y depositarlo de forma permanente en formaciones rocosas mediante tecnologías de captura y mineralización.
Aunque ya existen prototipos de esta tecnología, la mayoría requiere grandes cantidades de agua para disolver el CO₂ y facilitar su reacción con las rocas. Ahora, un equipo científico de la Universidad de Islandia ha desarrollado un innovador programa piloto que logra almacenar dióxido de carbono sin necesidad de fuentes de agua externas. Los resultados se publican en la revista Nature.
“Existen numerosas estrategias para limitar el cambio climático, incluida, por supuesto, una enorme reducción en el uso de hidrocarburos. Pero la escala de emisiones humanas de CO₂ es tan grande que es probable que necesitemos más de un plan”, explica a SINC Eric Oelkers, investigador de la Universidad de Islandia y líder del estudio.
ALMACENAMIENTO SEGURO EN FORMA DE ROCA
En general, la captura y almacenamiento de carbono se realiza inyectando CO₂ a alta presión bajo tierra, en zonas selladas por rocas impermeables. En regiones donde no existen estas capas sellantes, el CO₂ se disuelve en agua y se incorpora a la roca a través de reacciones geoquímicas de mineralización, transformándose en minerales estables como la calcita.
“La razón para almacenar CO₂ bajo tierra es el volumen. Una gigatonelada de este gas ocupa aproximadamente 1 km³ de volumen, ya sea en estado supercrítico o almacenado dentro de calcita. Anualmente se emiten 40 gigatoneladas de CO₂ a la atmósfera; el subsuelo es el único lugar donde caben estos enormes volúmenes”, afirma Oelkers.
Según el investigador, este método es “la forma más segura de almacenar dióxido de carbono”, ya que, de media, el CO₂ permanece en forma de calcita durante más de 200 millones de años.
Sin embargo, el proceso tradicional consume grandes volúmenes de agua: aproximadamente 25 veces más agua que dióxido de carbono, lo que limita su aplicación en regiones áridas.
SISTEMA DE RECIRCULACIÓN EN ARABIA SAUDÍ
El nuevo prototipo se ha instalado en el oeste de Arabia Saudí, una zona con refinerías de petróleo que generan importantes emisiones de CO₂. El subsuelo está formado por roca volcánica permeable de entre 21 y 30 millones de años de antigüedad, ideal para la mineralización, pero imposible de usar con el método convencional debido a la extrema aridez de la región.
Los científicos diseñaron un sistema de recirculación con dos pozos separados: se extrae agua de una formación subterránea, se disuelve en ella el CO₂ y luego se reinyecta en la misma formación a través de un pozo independiente.
“Esto hace posible el almacenamiento de minerales en gran parte del mundo, ya que los recursos hídricos son limitados en la mayoría de los lugares”, destaca Oelkers.
Los resultados del piloto son prometedores: aproximadamente el 70 % del CO₂ inyectado se incorporó a la roca en un plazo de solo 10 meses, demostrando la viabilidad técnica de esta aproximación.
NO SUSTITUYE LA REDUCCIÓN DE EMISIONES
A pesar de los avances, Eric Oelkers insiste en que esta tecnología no reemplaza la necesidad urgente de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
“Si nos preocupa el aumento de temperaturas, la acidificación de los océanos, el aumento del nivel del mar y todas las consecuencias asociadas, tendremos que seguir reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero”, subraya.






