La misión china Chang’e-6 ha proporcionado nuevas evidencias clave sobre el origen de la famosa dicotomía lunar, esa marcada diferencia entre la cara visible (nearside) y la cara oculta (farside) de la Luna. Un estudio reciente, publicado en la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), revela que un impacto gigantesco ocurrido hace más de 4.200 millones de años —el que formó la cuenca del Polo Sur-Aitken (South Pole-Aitken o SPA), el cráter más grande y antiguo del Sistema Solar— alteró profundamente la composición del manto lunar y contribuyó a frenar la actividad volcánica en el hemisferio oculto.
El trabajo, liderado por científicos del Instituto de Geología y Geofísica de la Academia China de Ciencias (entre ellos Heng-Ci Tian), se basa en el análisis isotópico de alta precisión realizado sobre basaltos recolectados por la sonda Chang’e-6 en la cuenca SPA, en la cara oculta de la Luna. Estas muestras son las primeras obtenidas directamente de esa región, gracias a la misión lanzada en mayo de 2024 y que regresó con material en junio de ese año.
Los investigadores detectaron que los basaltos de la cara oculta presentan proporciones significativamente más altas del isótopo pesado del potasio (⁴¹K) en comparación con las rocas lunares recolectadas en misiones Apolo (cara visible) y Chang’e-5. Tras descartar efectos como la irradiación cósmica o procesos magmáticos posteriores, el equipo concluyó que el gran impacto que creó la cuenca SPA generó condiciones extremas de temperatura y presión. Estas favorecieron la evaporación y pérdida preferencial de los isótopos más ligeros de elementos moderadamente volátiles, como el potasio, alterando de manera permanente la química interna del satélite.
Esta depleción de volátiles en el manto lunar de la cara oculta habría dificultado la generación de magma en esa región, explicando en gran medida por qué el hemisferio oculto muestra mucho menor actividad volcánica y un relieve más accidentado y craterizado, en contraste con las vastas llanuras basálticas (maria) que dominan la cara visible desde la Tierra.
Los autores enfatizan que este hallazgo demuestra cómo los grandes impactos no solo modificaron la superficie lunar, sino que también influyeron decisivamente en su evolución interna durante las primeras etapas de su historia. «El impacto SPA fue más energético que otros grandes eventos, y su efecto en el manto lunar proporciona evidencia robusta de su rol en la formación de la dicotomía nearside-farside», indican en el artículo.
La misión Chang’e-6 marcó un hito al ser la primera en recolectar y traer a la Tierra muestras de la cara oculta de la Luna, un logro que se suma a los previos de China en exploración lunar: el alunizaje histórico de Chang’e-4 en la cara oculta en 2019 y el envío de Tianwen-1 a Marte en 2020, que convirtió al país asiático en la tercera nación en aterrizar con éxito en el planeta rojo, tras Estados Unidos y la extinta Unión Soviética.
Próximamente, la Chang’e-7, programada para 2026, se dirigirá al polo sur lunar en busca de hielo y otros recursos, mientras que la Chang’e-8, prevista para 2029, involucrará la colaboración de once países y sentará las bases tecnológicas para futuras misiones tripuladas y una posible estación lunar internacional.
