Después de enamorase del folklore argentino, Mandy Lerouge no pudo soltarlo. Además de viajar para conocer la tierra de la que nacen esos sonidos, comenzó a interiorizarse sobre la poesía de Atahualpa Yupanqui que habla de la naturaleza. Criada en los Alpes franceses, encontraba similitudes en los paisajes que describía en las canciones. Mientras investigaba, intrigada por el compositor Pablo del Cerro que firmaba las partituras, les preguntó a sus amigos argentinos y poco sabían. Tampoco encontraba mucho en Internet, hasta que consultó en Sadaic y descubrió que detrás de ese nombre había una mujer y era francesa, Antoinette Pépin, la esposa de Atahualpa. La sorpresa fue total y el resultado un disco, Del Cerro. “Cómo me encantaría hablar con ella de nuestro amor que tenemos en común”, confiesa.
En su segundo disco dedicado a la música de raíz, asegura que no intentó “hacerse pasar por una argentina”, sino que busca aportar su propia mirada sobre estas obras. “Es una decisión mía aprenderlas, y realmente hice una investigación larga para no solo cantar las letras e interpretar la música, sino transmitir la esencia. Entonces, hay una parte muy documental de mi manera de ver esa historia y también muchas cosas que quedan como en un imaginario al no poder verificarlas”.
“Historias de mujeres compositoras que quedaron en la sombra existen en Europa. Lamentablemente es algo universal y muy actual”, reflexiona.
- ¿Un disco que recomiendes?
Trouble fête, de Arthur H.
DEL CERRO Delicadeza estética y mestizaje sonoro en esta exploración musical profunda y sentida. Le Fil Rouge





