back to top

LOS RIESGOS DE RESPIRAR HUMO DE INCENDIOS

Los fuegos arrasan ecosistemas y dañan la salud de quienes inhalan su humo, según estudios recientes.
Los fuegos arrasan ecosistemas y dañan la salud de quienes inhalan su humo, según estudios recientes.

El año 2025 quedará grabado en la memoria colectiva como uno de los más devastadores en materia de incendios forestales en España de las últimas décadas. Según datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS) de Copernicus, se calcinaron más de 380.000 hectáreas —algunas estimaciones elevan la cifra por encima de las 400.000—, con el grueso de la destrucción concentrado en agosto, cuando ardieron alrededor de 336.000-358.000 hectáreas en apenas semanas.

Las regiones más golpeadas fueron Galicia, Castilla y León, Extremadura y, en menor medida, Asturias. Comunidades como Ourense y León sufrieron pérdidas proporcionales históricas, con incendios que devoraron decenas de miles de hectáreas cada uno, obligando a evacuar a miles de personas y llevando al límite los dispositivos de extinción. Las olas de calor extremas, combinadas con sequías prolongadas y vientos favorables, convirtieron el paisaje en un polvorín, un escenario que los expertos atribuyen en gran medida al cambio climático, que multiplica la probabilidad y la intensidad de estos eventos extremos.

Más allá del paisaje arrasado y las pérdidas materiales, los incendios de 2025 han dejado una factura sanitaria silenciosa pero profunda. El humo generado por la combustión de biomasa no solo afecta a las zonas próximas al fuego: viaja cientos de kilómetros, contaminando el aire de ciudades y regiones distantes y deteriorando la calidad del aire durante días o semanas.

Un estudio clave, publicado en la revista Science of The Total Environment y realizado entre 2013 y 2018 en nueve provincias españolas, analizó las hospitalizaciones urgentes por causas respiratorias, circulatorias y generales durante episodios de advección de humo (cuando los contaminantes se desplazan con el viento). Los investigadores del Hospital Universitario de la Princesa, el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) y el CIEMAT incluyeron no solo las partículas en suspensión (PM₁₀ y PM₂,₅), sino también otros contaminantes tradicionales como óxidos de nitrógeno (NO₂), ozono (O₃) y el efecto de las altas temperaturas.

Julio Díaz Jiménez, codirector científico de la Unidad de Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente Urbano del ISCIII, explicó: “Tradicionalmente se analiza el impacto en la salud de la combustión de biomasa del material particulado (PM). Nosotros hemos tenido en cuenta el efecto a corto plazo de todos los contaminantes atmosféricos tradicionales sobre los ingresos hospitalarios urgentes. Además, incluimos el efecto de las altas temperaturas en olas de calor”.

Los resultados fueron reveladores: aunque el humo visible (partículas) es lo más evidente, el ozono y el NO₂ mostraron un impacto más relevante de lo esperado. En siete de las nueve regiones analizadas, las concentraciones de ozono aumentaron los días con advección de humo.Cristina Linares Gil, codirectora de la misma unidad, destacó: “El ozono explica el 20 % de los ingresos que se producen por todas las causas analizadas”, mientras que las PM₁₀ —el contaminante tradicionalmente asociado a incendios— se relacionarían con menos del 15 %. Estos hallazgos subrayan la necesidad de reevaluar los planes de prevención, que hasta ahora se han centrado casi exclusivamente en el humo visible.

“Focalizar los impactos en salud de los fuegos forestales únicamente en las PM sería subestimar su verdadero impacto en la población. Es esencial implementar planes integrados que consideren el efecto conjunto de todas las variables atmosféricas afectadas”, afirmó Linares Gil. Díaz Jiménez añadió que los efectos pueden sentirse a cientos de kilómetros del foco, por lo que las medidas no deben limitarse a las zonas más próximas.

La exposición crónica al humo también genera preocupación. Un estudio reciente publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), basado en datos de más de 1,25 millones de personas mayores de 60 años en el sur de California, mostró que la exposición acumulada a PM₂,₅ de incendios durante tres años aumentó un 7 % el riesgo de mortalidad, con mayor vulnerabilidad en adultos menores de 75 años, asiáticos, negros y residentes en zonas de mayor pobreza.

Chen Chen, investigador de la Universidad de Utah y coautor, señaló que las personas más susceptibles podrían haber fallecido antes, dejando un grupo más resistente entre los mayores. Lara Schwarz, primera autora del estudio en la Universidad de California Berkeley, atribuyó las disparidades a desigualdades sociales y ambientales.

En España, la exposición de los bomberos también es alarmante. Investigaciones entre 2022 y 2024 en Cataluña midieron altos niveles de hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) y carbono negro en PM₂,₅, especialmente en quienes encendían quemas controladas o trabajaban en líneas de fuego. Los autores concluyeron que incluso exposiciones cortas pueden superar umbrales de riesgo de cáncer a largo plazo.

NOTAS DESTACADAS:

CÓMO TIENEN QUE ACTUAR LOS TURISTAS SI ENCUENTRAN ANIMALES MARINOS EN LA PLAYA

La Fundación Mundo Marino elaboró una guía para convivir con la fauna marina en la playa. No tocar ni molestar al animal en ninguna circunstancia son las dos primeras recomendaciones.

“CICLO COINCIDIR 2026”: TOMÁS BALMACEDA EN EL VIEJO HOTEL OSTENDE

Este sábado 17 arranca la segunda mitad de enero con el Ciclo “Coincidir”, en el Viejo Hotel Ostende. A las 19 horas, la cita es con el filósofo y periodista Tomás Balmaceda en la charla titulada “La era de no pensar: inteligencia artificial y la pereza cognitiva”.