Un reciente estudio nacional realizado en Estados Unidos ha puesto en evidencia que el consumo de marihuana, incluso de forma esporádica, como una o dos veces al mes, se asocia con un peor rendimiento académico y mayor angustia emocional en los adolescentes. La investigación, publicada en la revista Pediatrics y dirigida por Ryan Sultán, profesor adjunto de psiquiatría clínica en la Universidad de Columbia, analizó datos de más de 160.000 estudiantes de secundaria entre 2018 y 2022.
Según los hallazgos, los adolescentes que consumen cannabis con baja frecuencia ya presentan índices más altos de síntomas similares a la depresión, ansiedad y comportamiento impulsivo en comparación con aquellos que no lo usan. Cuanto mayor es la frecuencia de consumo, mayor es el riesgo: los usuarios casi diarios tienen casi cuatro veces más probabilidades de obtener malas notas y muestran una mayor desvinculación de las actividades escolares. Estas asociaciones resultan aún más fuertes en los jóvenes de menor edad.
“Mientras que estudios anteriores se han centrado en los efectos del uso frecuente de cannabis entre los adolescentes, nuestro estudio descubrió que cualquier cantidad puede poner a los menores en riesgo de quedarse atrás en la escuela. Y aquellos que lo consumen con más frecuencia pueden tener el mayor riesgo”, afirma Sultán, quien también es psiquiatra infantil y adolescente en el Centro de Salud Mental Juvenil de NewYork-Presbyterian.
El especialista añade: “Unos pocos porros ‘inofensivos’ pueden tener consecuencias académicas reales. Los adolescentes que lo toman habitualmente suelen tener dificultades para concentrarse, faltan a clase y pueden perder interés en sus planes de futuro”.
Aunque el uso de muchas sustancias se encuentra en mínimos históricos entre los jóvenes estadounidenses, el cannabis constituye una excepción preocupante. Aproximadamente uno de cada cinco estudiantes de secundaria lo consume actualmente, y alrededor del 6% de los alumnos de 12º grado (equivalente a 2º de Bachillerato en España) lo hace a diario, una tasa que ha aumentado en la última década.
“El impacto puede ser dramático”, subraya Sultán. “No es raro que un adolescente fume marihuana solo unas pocas veces antes de mostrar signos de abstinencia y empeoramiento del estado de ánimo”.
Los investigadores destacan que los productos de cannabis actuales contienen entre dos y tres veces más THC —el principal componente psicoactivo— que en décadas pasadas, lo que los hace mucho más potentes y potencialmente más dañinos.
La adolescencia es un período clave en el que el cerebro sigue formando conexiones neuronales esenciales. Estudios previos han demostrado que el consumo de cannabis durante esta fase puede tener efectos duraderos en funciones cognitivas vitales para el éxito académico.
“El cerebro de un adolescente aún está desarrollando los circuitos para el aprendizaje, el autocontrol y la regulación emocional”, explica Tim Becker, psiquiatra infantil y adolescente del Weill Cornell Medicine y coautor del estudio. “El consumo de cannabis, incluso de forma ocasional, durante estos períodos críticos de crecimiento interfiere en esos procesos y puede descarrilar el desarrollo normal”.
