El castor europeo (Castor fiber), una especie protegida por la Unión Europea, no solo está recuperando su presencia en los ríos españoles tras casi dos siglos de ausencia, sino que podría convertirse en un inesperado aliado contra el cambio climático. Un nuevo estudio publicado en la revista Communications Earth & Environment demuestra por primera vez que las presas construidas por estos ingenieros de la naturaleza hacen que las zonas fluviales almacenen un 26% más de carbono a lo largo del año.
El carbono se acumula principalmente en los sedimentos y en la madera muerta generada por la inundación provocada por las presas, y podría permanecer almacenado hasta tres décadas. Además, estos roedores mejoran el ciclo del agua al aumentar la infiltración en el suelo, lo que contribuye a recargar los acuíferos y a disponer de más reservas subterráneas en periodos de sequía.
El trabajo, liderado por el investigador Lukas Hallberg de la Universidad de Birmingham, cuenta con la participación del CREAF (Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales) y se ha realizado durante un año en un tramo de 800 metros de un arroyo en la cuenca del Rin, en Suiza, donde los castores están presentes desde 2010. Los científicos midieron todos los flujos de carbono (entradas y salidas) combinando sensores de caudal, muestreos de agua, cámaras de gas y análisis de sedimentos y biomasa.
“Al ralentizar el agua, atrapar sedimentos y ampliar los humedales, los arroyos se convierten en poderosos sumideros de carbono. Este estudio pionero representa una importante oportunidad y un avance para futuras soluciones climáticas basadas en la naturaleza en toda Europa”, destaca Joshua Larsen, de la Universidad de Birmingham y uno de los autores principales.
La expansión del castor europeo en España, que comenzó a principios de los años 2000 tras una introducción ilegal en Navarra en 2003, ha generado debate. Algunos temen que sus actividades dañen los bosques de ribera o afecten a los cultivos cercanos a los ríos.
“Su expansión en España ha generado controversia por el posible impacto negativo en los bosques de ribera. Pero debemos tener en cuenta que la vegetación que tenemos aquí está adaptada a su presencia y con este estudio mostramos los beneficios que este mamífero puede aportar para mitigar el cambio climático”, afirma Josep Barba, investigador del CREAF y coautor del trabajo.
Barba añade que la actividad del castor suele concentrarse en los primeros 20 metros desde la orilla del río, por lo que la afectación a la agricultura es generalmente muy localizada. No obstante, insiste en que cualquier reintroducción o gestión de la especie debe hacerse de forma planificada, legal y basada en evidencia científica, nunca de manera ilegal.
UN INGENIERO DEL PAISAJE CON HISTORIA
El castor europeo es una especie autóctona que desapareció prácticamente de Europa en el siglo XIX debido a la caza intensiva para obtener su piel, carne y grasa. En el siglo XX varios países impulsaron su reintroducción, permitiendo su recuperación progresiva. En España, tras la suelta ilegal de una decena de ejemplares en 2003, la especie se ha expandido por las cuencas del Ebro, el Guadalquivir y el Tajo. En 2020 fue incluida en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESRPE), lo que prohíbe su caza o captura salvo en casos excepcionales autorizados.
Josep Barba recuerda que no debe confundirse con el castor americano (Castor canadensis), que sí puede generar impactos mucho mayores fuera de su área natural. El europeo se alimenta principalmente de hierbas y arbustos finos y construye presas más modestas, generalmente en afluentes secundarios.
“Con el castor americano sí vemos imágenes en la Patagonia con miles de hectáreas de árboles muertos porque no es nativo; eso con el castor europeo no ocurriría”, explica.
BENEFICIOS PARA EL AGUA Y EL CLIMA
Las presas del castor frenan la velocidad del agua al entrelazar ramas, barro, piedras y sedimentos, creando zonas inundadas donde el material orgánico se deposita. Esto no solo retiene carbono, sino que permite que el agua tenga más tiempo para infiltrarse en el subsuelo, mejorando la recarga de acuíferos y la calidad del agua.
“Puede que haya menos agua visible en superficie en algunos momentos porque se reduce el caudal, pero hay más reserva bajo tierra, disponible a medio y largo plazo en caso de sequía”, señala Josep Barba.
El estudio concluye que, con su expansión natural por España —ya ha llegado prácticamente a las puertas de Mequinenza y se espera su llegada a Cataluña en un futuro cercano—, el castor podría ofrecer soluciones basadas en la naturaleza para mitigar el cambio climático y mejorar la resiliencia hídrica de nuestros ríos.






