Un estudio reciente publicado en la revista Nature propone una visión transformadora de la enfermedad de Parkinson. Liderado por investigadores de la Universidad de Pekín (China), en colaboración con equipos internacionales como la Washington University in St. Louis, el trabajo sugiere que los múltiples síntomas de esta patología —no solo motores, sino también digestivos, del sueño, de motivación y cognitivos— se explican mejor al entenderla como un trastorno de la red de acción somato-cognitiva (SCAN, por sus siglas en inglés).
Esta red cerebral, descrita por primera vez en Nature en 2023, conecta la planificación de acciones, el movimiento corporal integral, el estado fisiológico del cuerpo y funciones cognitivas y autonómicas. Según los autores, la SCAN aparece alterada de manera específica en las personas con Parkinson, mostrando una hiperconectividad anormal con regiones profundas del cerebro implicadas en la enfermedad, como la sustancia negra y los objetivos típicos de la estimulación cerebral profunda.
Hesheng Liu, investigador principal del estudio y profesor en Pekín (actualmente asociado al Changping Laboratory), explica que “el circuito SCAN apoya la planificación de las acciones y la coordinación del movimiento de todo el cuerpo, transformando planes en actos motores mientras recibe retroalimentación sobre su ejecución”. Además, al controlar funciones autonómicas, esta red está vinculada a síntomas no motores como el estreñimiento, la hipotensión postural o los problemas de vejiga.
El análisis se basó en datos de resonancia magnética funcional en reposo de 863 pacientes con Parkinson sometidos a diversos tratamientos clínicos establecidos: medicación dopaminérgica, estimulación cerebral profunda (DBS), estimulación magnética transcraneal (TMS) y ultrasonido focalizado guiado por RMN. Los resultados revelaron que las regiones clásicamente asociadas al Parkinson se conectan más intensamente con la SCAN que con áreas motoras específicas (como las de manos, pies o boca).
Esta hiperconectividad es exclusiva del Parkinson y no se observa en otros trastornos del movimiento, como el temblor esencial, lo que refuerza su especificidad. Además, los tratamientos eficaces —independientemente de su naturaleza— reducen esta conectividad anómala, acercándola a los niveles de personas sanas.
“El Parkinson causa una amplia gama de síntomas que afectan al movimiento, la digestión, el sueño, la cognición y la motivación, y estos efectos complejos no se explican completamente con el modelo clásico de los circuitos motores”, señala Liu. “Dada la estrecha relación de esta red con funciones cognitivas y autonómicas, muchos de los síntomas motores y no motores podrían estar relacionados con ella”.
Uno de los hallazgos más prometedores es que dirigir las terapias hacia la SCAN, en lugar de a regiones motoras concretas, aumenta notablemente su eficacia. Por ejemplo, en el caso de la estimulación magnética transcraneal, actuar sobre este circuito duplica —o incluso más que duplica— el beneficio clínico en comparación con terapias tradicionales.
Los autores destacan que todas las terapias existentes comparten un mecanismo común: reducen la conectividad anormalmente elevada entre la SCAN y regiones profundas del cerebro, normalizando así el circuito.
A largo plazo, estos resultados podrían orientar el desarrollo de tratamientos cerebrales más precisos y personalizados. Medir la conectividad de la SCAN podría servir como biomarcador para diagnosticar, monitorear la progresión o predecir la respuesta a terapias. Ante la pregunta sobre si este enfoque permitiría personalizar tratamientos o seguir la evolución de los pacientes, Liu responde afirmativamente, aunque subraya que aún requiere validación en la práctica clínica.
