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LA BOCA COMO ESPEJO DE LA SALUD GENERAL

La periodontitis es una infección de los tejidos de soporte de los dientes, muy común y poco diagnosticada. Está relacionada con el riesgo de sufrir otras enfermedades cardiovasculares y metabólicas.
La periodontitis es una infección de los tejidos de soporte de los dientes, muy común y poco diagnosticada. Está relacionada con el riesgo de sufrir otras enfermedades cardiovasculares y metabólicas.

Los humanos nunca estamos realmente solos. Millones de diminutas formas de vida nos acompañan permanentemente: habitan nuestra piel, nuestros pulmones, nuestra vagina, nuestro intestino… y, por supuesto, nuestra boca. Este ecosistema microbiano, conocido como microbioma, desempeña un papel esencial en la salud y el equilibrio del cuerpo. Sin embargo, cuando ese delicado equilibrio se rompe —un fenómeno llamado disbiosis—, pueden desencadenarse problemas graves, y uno de los más frecuentes y significativos ocurre precisamente en la cavidad oral: la periodontitis.

La periodontitis es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta los tejidos de soporte de los dientes (encías, ligamento periodontal y hueso alveolar). Según estimaciones, hasta un 11% de la población adulta la padece en su forma más severa. Si no se trata a tiempo, conduce a la pérdida progresiva de piezas dentales y a un deterioro importante de la salud bucodental. Pero su relevancia va mucho más allá de la boca.

La periodontitis se asocia de forma consistente con un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, complicaciones en el embarazo, peor control de la diabetes e incluso con procesos inflamatorios crónicos que podrían influir en patologías tan diversas como la artritis reumatoide, la EPOC o el deterioro cognitivo.

Ignacio Fernández Lozano, presidente de la Sociedad Española de Cardiología, lo explica con claridad al diario El País: “Las personas con periodontitis tienen entre dos y tres veces más riesgo de sufrir infarto, ictus o cualquier evento cardiovascular grave”. ¿Las razones? Por un lado, comparten factores de riesgo clásicos: tabaquismo, obesidad, diabetes, estrés… Pero, además, la periodontitis genera un estado inflamatorio crónico de bajo grado que contribuye directamente al desarrollo y progresión de la aterosclerosis, el estrechamiento de las arterias que constituye la base de la cardiopatía isquémica.

Cuando las bacterias patógenas proliferan por debajo de la encía, el sistema inmune responde con inflamación. Sin embargo, esta respuesta no logra eliminar la infección y, en cambio, perpetúa el daño y mantiene un estado inflamatorio sistémico que afecta al organismo entero.

La relación entre periodontitis y diabetes es bidireccional: la enfermedad periodontal dificulta el control glucémico y, a su vez, la diabetes mal controlada agrava la periodontitis. También durante el embarazo, una enfermedad periodontal no tratada se asocia con mayor riesgo de parto prematuro, bajo peso al nacer y preeclampsia.

Pero los vínculos no terminan ahí. Diversos estudios han detectado bacterias orales en placas de ateroma, en tejido pulmonar, en tumores o incluso en muestras cerebrales, lo que sugiere que pueden viajar por el torrente sanguíneo y contribuir al daño en órganos distantes. Esta vía se investiga actualmente en enfermedades como el alzhéimer, la EPOC o ciertos cánceres, aunque aún no se ha establecido una relación causal directa.

Entre los signos que deben encender las alertas se encuentran: sangrado espontáneo o al cepillarse, encías inflamadas o enrojecidas, mal aliento persistente, movilidad dental, sensación de dientes más largos o aparición de espacios entre ellos.

La periodontitis es irreversible en cuanto a la pérdida ósea que produce, pero sí es controlable. Con un tratamiento adecuado (principalmente limpieza profesional profunda o raspado y alisado radicular) y un mantenimiento riguroso, es posible vivir libre de la enfermedad activa. La clave, según los especialistas, está en la prevención: cepillado después de cada comida, uso diario de hilo dental o cepillos interdentales, colutorios cuando sea necesario y revisiones odontológicas anuales.

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