Hallan una cueva volcánica en Venus

Hasta ahora, la existencia de cuevas volcánicas en Venus era un ejercicio teórico. Gracias a datos de radar, un nuevo estudio ha demostrado la presencia de un tubo de lava vacío bajo la superficie del planeta.
Hasta ahora, la existencia de cuevas volcánicas en Venus era un ejercicio teórico. Gracias a datos de radar, un nuevo estudio ha demostrado la presencia de un tubo de lava vacío bajo la superficie del planeta.

La actividad volcánica no es exclusiva de la Tierra. Se han encontrado rastros de esta actividad en Marte y en la Luna, en forma de tubos de lava, unas cuevas volcánicas en forma de túneles. Ahora, la Universidad de Trento (Italia) ha demostrado la existencia de un tubo de lava vacío en las profundidades de Venus, un planeta cuya superficie y geología han sido moldeadas en gran medida por procesos volcánicos.

Un equipo liderado por Lorenzo Bruzzone, catedrático de Telecomunicaciones y director del Laboratorio de Teledetección del Departamento de Ingeniería de la Información y Ciencias de la Computación de la Universidad de Trento, ha confirmado por primera vez esta estructura subterránea. Los resultados del estudio, financiado por la Agencia Espacial Italiana, se publicaron en la revista Nature Communications. La información fue replicada por el portal SINC.

“Nuestro conocimiento de Venus sigue siendo limitado y, hasta ahora, nunca habíamos tenido la oportunidad de observar directamente los procesos que tienen lugar bajo la superficie del planeta gemelo de la Tierra”, explica Bruzzone. “La identificación de una cavidad volcánica es de especial importancia, ya que valida teorías que durante muchos años solo habían sido hipótesis. Este descubrimiento contribuye a una comprensión más profunda de los procesos que han dado forma a la evolución de Venus y abre nuevas perspectivas para el estudio del planeta”.

Encontrar tubos de lava fuera de la Tierra no es fácil. Estas estructuras se forman bajo la superficie cuando un flujo de lava se enfría y solidifica por fuera, dejando un túnel vacío en el interior. Suelen permanecer ocultas y solo se detectan cuando parte de su techo colapsa, creando un «skylight» o claraboya visible en la superficie.

En Venus, la tarea es aún más complicada debido a su densa capa de nubes que impide la observación óptica directa. Por ello, los científicos dependen de imágenes de radar. Entre 1990 y 1992, la misión Magellan de la NASA cartografió la superficie venusiana con un radar de apertura sintética (SAR).

“Analizamos las imágenes de radar de Magellan en las que hay signos de colapsos superficiales localizados utilizando una técnica de imagen que hemos desarrollado para detectar y caracterizar conductos subterráneos cerca de claraboyas”, detalla Bruzzone.

Los análisis revelaron una gran estructura subterránea en la región de Nyx Mons, un volcán en escudo ubicado en el hemisferio norte del planeta. Los investigadores interpretan esta formación como un tubo de lava (o piroducto) vacío, con un diámetro estimado de aproximadamente un kilómetro, un grosor de techo de al menos 150 metros y una altura de vacío no inferior a 375 metros. La cavidad se extiende al menos 300 metros desde la claraboya detectada, y la morfología del terreno circundante sugiere que podría prolongarse hasta 45 kilómetros o más.

Según los autores, las condiciones de Venus —con una gravedad menor que la terrestre y una atmósfera mucho más densa— favorecen la formación de tubos de lava grandes y estables. La corteza se forma rápidamente y actúa como aislante, permitiendo que el flujo de lava continúe por largos tramos antes de solidificarse por completo.

El tubo identificado en Venus es más ancho y alto que los observados en la Tierra o modelados para Marte, y se sitúa en el extremo superior de los tamaños estimados (o en un caso observado) para la Luna. Esto concuerda con la evidencia de que Venus alberga canales de lava más extensos y voluminosos que en otros cuerpos del sistema solar.

Este hallazgo proporciona información valiosa para las próximas exploraciones de Venus. Los datos se usarán en misiones como EnVision de la Agencia Espacial Europea y VERITAS de la NASA, ambas programadas para la próxima década. Estas naves incorporarán radares avanzados de mayor resolución y, en el caso de EnVision, un radar de penetración subsuelo (Subsurface Radar Sounder) capaz de sondear cientos de metros bajo la superficie, incluso en zonas sin claraboyas visibles.

“Nuestro descubrimiento representa solo el comienzo de una larga y fascinante actividad de investigación”, concluye Bruzzone. “Para confirmar la extensión de estos conductos y detectar otros tubos de lava, se necesitarán nuevas imágenes de alta resolución y sistemas de radar capaces de penetrar el subsuelo”.

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