Un equipo internacional de investigadores, liderado por Jean-Jacques Hublin del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva (Leipzig, Alemania), ha presentado un hallazgo que podría transformar nuestra comprensión de los orígenes humanos. Los fósiles de homínidos descubiertos en la Grotte à Hominidés, dentro de la cantera Thomas I en Casablanca, datan de aproximadamente 773.000 años y representan una población africana cercana al punto de divergencia entre el linaje que llevó al Homo sapiens y el que originó a los neandertales y denisovanos.
Los restos, que incluyen tres mandíbulas parciales (dos adultas y una infantil), numerosos dientes aislados, vértebras y un fragmento de fémur, muestran una mezcla intrigante de rasgos arcaicos y modernos. Por un lado, conservan características primitivas similares a las del Homo erectus, como la forma general de la mandíbula. Por otro, exhiben rasgos derivados que recuerdan a los de los primeros Homo sapiens y neandertales, como el tamaño reducido de los molares.
La datación precisa se logró gracias a un análisis de paleomagnetismo de alta resolución en los sedimentos circundantes, que registran la inversión del campo magnético terrestre conocida como transición Matuyama-Brunhes, ocurrida hace unos 773.000 años (±4.000 años). Esta técnica sitúa los fósiles en un intervalo cronológico excepcionalmente fiable, coincidiendo con el período en que, según estudios genéticos, vivió el último ancestro común de humanos modernos, neandertales y denisovanos (entre 765.000 y 550.000 años).
Hasta ahora, el registro fósil africano presentaba un notable «vacío» entre hace un millón de años y unos 500.000 años, con muy pocos restos de homínidos en ese lapso crítico. Los descubrimientos previos, como los del Homo antecessor en la Gran Dolina de Atapuerca (España), de edad similar (alrededor de 800.000-900.000 años), habían sugerido un posible rol europeo en los orígenes ancestrales compartidos. Sin embargo, los fósiles marroquíes son morfológicamente distintos del antecessor y apuntan más hacia una trayectoria africana.
Juan Luis Arsuaga, director científico del Museo de la Evolución Humana de Burgos y experto en Atapuerca (ajeno al estudio), ha destacado la relevancia de esta comparación: “Estos resultados se relacionan con un tema que investigamos en Atapuerca: la separación evolutiva de neandertales y sapiens y el último antepasado común. Habrá que comparar estos nuevos restos norteafricanos con los fósiles de Homo antecessor en Atapuerca”.
Juan Ignacio Morales, investigador del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES-CERCA), coincide en la prudencia, pero ve un paralelo fascinante: “Los homininos de Casablanca pueden leerse como un ‘equivalente africano’ de Homo antecessor: dos ventanas casi paralelas a ambos lados del Mediterráneo, con evolución en mosaico, pero con el yacimiento de Atapuerca apuntando más hacia la trayectoria neandertal y Casablanca hacia la africana”. Morales añade que el conjunto es parcial y no permite identificar directamente al “último ancestro común”, que sería una población y no un individuo.
El contexto de la cueva sugiere que fue principalmente una guarida de carnívoros (con marcas de mordeduras en algunos huesos, posiblemente de hienas), visitada solo ocasionalmente por homínidos. El sitio también arrojó cientos de artefactos líticos y miles de huesos animales, lo que enriquece el panorama de la vida en el noroeste africano durante el Pleistoceno temprano.Los autores del estudio, publicado en la revista Nature, concluyen que estos fósiles refuerzan la hipótesis de un origen africano profundo para el Homo sapiens y representan el mejor candidato actual para poblaciones cercanas a la raíz del linaje que llevó a nuestra especie.
