La mayoría de las personas ha experimentado alguna vez esa sensación incómoda de no poder conciliar un sueño profundo durante la primera noche en una cama ajena, ya sea tras una mudanza, en un hotel durante unas vacaciones o en casa de un familiar. Este fenómeno, conocido como efecto de la primera noche (first night effect), ha intrigado a científicos durante décadas y se considera una respuesta adaptativa evolutiva que nos mantiene alerta ante posibles amenazas en entornos desconocidos.
Ahora, un equipo de investigadores liderado por la Universidad de Nagoya, en Japón, ha identificado el mecanismo neuronal preciso que explica este comportamiento, al menos en ratones. El estudio, publicado en la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), revela un circuito cerebral específico que actúa como un vigilante nocturno, impidiendo que el descanso sea reparador en lugares nuevos.
Según los resultados, cuando un ratón entra en un entorno desconocido, se activa un grupo particular de neuronas ubicadas en la amígdala extendida, una región cerebral involucrada en el procesamiento de emociones y respuestas al estrés. Estas neuronas, denominadas neuronas IPACL CRF (por expresar el factor liberador de corticotropina o CRF), liberan una molécula clave: la neurotensina.
La neurotensina actúa como señal química que mantiene el estado de vigilia y alerta, comunicándose principalmente con la sustancia negra (específicamente la pars reticulata), una zona del cerebro que regula el movimiento, la atención y el nivel general de activación. De esta forma, el cerebro permanece en un modo de «guardia» para detectar cualquier peligro potencial, lo que reduce la calidad del sueño y provoca despertares frecuentes.
Para demostrarlo, los científicos registraron la actividad cerebral de ratones mientras dormían en jaulas nuevas. Observaron que las neuronas IPACL CRF se activaban intensamente en estos contextos novedosos. Cuando suprimieron artificialmente estas neuronas o bloquearon la liberación de neurotensina, los animales lograban dormirse rápidamente incluso en entornos desconocidos, lo que confirma el papel causal de este circuito en el mantenimiento de la vigilia.Daisuke Ono, autor principal del estudio y profesor del Instituto de Investigación de Medicina Ambiental de la Universidad de Nagoya, explica: “La amígdala extendida procesa emociones y estrés en los mamíferos. Dentro de esta región, las neuronas IPACL CRF producen neurotensina y se activan al detectar un nuevo entorno. La neurotensina afecta luego a la sustancia negra, que controla el movimiento y la alerta”.
Dado que tanto la amígdala extendida como la sustancia negra están presentes en todos los mamíferos, incluidos los humanos, los investigadores consideran muy probable que circuitos similares operen en nuestro cerebro. Aunque el estudio se realizó en ratones, los hallazgos podrían explicar por qué el efecto de la primera noche afecta también a las personas, donde se ha observado una reducción del 20-30 % en la eficiencia del sueño durante esa noche inicial en lugares no familiares.
Los autores sugieren que estos descubrimientos abren la puerta a nuevas estrategias terapéuticas para tratar el insomnio y ciertos trastornos de ansiedad, que a menudo se caracterizan por un estado de hipervigilancia nocturna excesiva. Fármacos que modulen específicamente la vía de la neurotensina podrían ayudar a «apagar» esta alerta innecesaria en contextos seguros, mejorando así la calidad del descanso.
