Los sonidos de banda ancha, como el conocido ruido rosa, se han popularizado enormemente en los últimos años como una herramienta para conciliar el sueño. Máquinas de sonido ambiental, aplicaciones móviles y videos en plataformas como YouTube o Spotify prometen un descanso más profundo imitando ruidos naturales como la lluvia, el océano o el viento. Sin embargo, un nuevo estudio riguroso cuestiona su eficacia e incluso sugiere que pueden ser contraproducentes.
Investigadores de la Facultad de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos) publicaron el 2 de febrero de 2026 en la prestigiosa revista Sleep los resultados de un experimento en laboratorio que revela impactos negativos en la arquitectura del sueño. El trabajo, liderado por el profesor Mathias Basner, especialista en sueño y cronobiología, concluye que el ruido rosa reduce significativamente la fase de sueño REM (Movimiento Ocular Rápido) y, en combinación con ruidos ambientales, empeora aún más la calidad general del descanso.
El sueño no se mide solo por las horas totales, sino por su calidad y por el equilibrio entre sus fases principales: el sueño profundo (N3), esencial para la recuperación física, la consolidación de la memoria y la eliminación de toxinas cerebrales; y el REM, clave para la regulación emocional, el aprendizaje y el desarrollo cerebral. Ambas fases se complementan y son indispensables para un descanso reparador.
En el estudio participaron 25 adultos sanos, de entre 21 y 41 años, sin trastornos del sueño ni hábito previo de usar ruidos para dormir. Durante siete noches consecutivas en un laboratorio controlado, se expusieron a diferentes condiciones: silencio (noche de control), ruido ambiental intermitente similar al de aviones, ruido rosa constante a 50 decibelios (equivalente a una lluvia moderada), la combinación de ambos y, finalmente, ruido ambiental con tapones para los oídos.
Los resultados fueron reveladores. El ruido ambiental (como el de aviones) redujo en promedio 23 minutos por noche el sueño profundo (N3). Los tapones para los oídos mitigaron en gran medida esta pérdida, demostrando ser una medida simple y efectiva contra el ruido externo.
Por su parte, el ruido rosa solo provocó una disminución de casi 19 minutos en el sueño REM. La combinación de ruido rosa y ruido ambiental fue la peor: no solo afectó ambas fases (reduciendo sueño profundo y REM), sino que aumentó en 15 minutos el tiempo despierto durante la noche, un efecto que no se vio con cada ruido por separado. Los participantes reportaron subjetivamente un sueño más ligero, más despertares y peor calidad general en las noches con ruido ambiental o rosa, pero estas percepciones negativas desaparecían casi por completo con los tapones.
Los autores destacan que millones de personas usan estos sonidos cada noche: playlists de ruido blanco, rosa o marrón acumulan millones de horas de reproducción en Spotify y cientos de millones de visualizaciones en YouTube. Sin embargo, el estudio demuestra que su beneficio es limitado o nulo, y que pueden interferir en fases críticas del sueño.
Especialmente preocupante es el impacto en niños, ya que pasan mucho más tiempo en REM que los adultos y su cerebro en desarrollo depende en gran medida de esta fase. Alteraciones del REM se asocian con trastornos como depresión, ansiedad o Parkinson, lo que hace aún más relevante protegerla.
“El REM es importante para la consolidación de la memoria, la regulación emocional y el desarrollo cerebral, por lo que nuestros hallazgos sugieren que reproducir ruido rosa u otros ruidos de banda ancha durante el sueño podría ser perjudicial, especialmente para niños”, afirmó Basner.
La conclusión principal del equipo es clara: en lugar de depender de máquinas o apps de sonido, usar tapones para los oídos resulta mucho más eficaz para bloquear ruidos molestos y preservar la estructura natural del sueño.
