Un equipo internacional de investigadores ha descubierto en el norte de Egipto el fósil de una nueva especie de simio, Masripithecus moghraensis, que vivió hace entre 17 y 18 millones de años durante el Mioceno Temprano. Se trata de los restos de una mandíbula inferior, el primer fósil de simio (hominoideo) hallado en el norte de África, una región donde hasta ahora el registro fósil solo mostraba presencia de monos, pero no de simios.
El descubrimiento, liderado por el Centro de Paleontología de Vertebrados de la Universidad de Mansoura (Egipto) en colaboración con la Universidad del Sur de California (Estados Unidos), se publica en la revista Science y reproducido por la agencia SINC. Los restos fueron recuperados en 2024 en el yacimiento de Wadi Moghra, en el desierto del norte de Egipto.
UN HALLAZGO QUE CAMBIA EL MAPA EVOLUTIVO
Durante décadas, los científicos creían que los ancestros de los simios modernos —el grupo de los hominoideos del grupo corona, al que pertenecen los humanos, chimpancés, gorilas, orangutanes, gibones y siamangs— habían evolucionado exclusivamente en el este de África. El nuevo fósil demuestra que estos primates también habitaban el norte de África y la región de Oriente Medio en el Mioceno Temprano.
“Pasamos cinco años buscando este tipo de fósil porque, cuando observamos de cerca el árbol genealógico de los primeros simios, queda claro que falta algo, y el norte de África tenía la pieza que faltaba”, explica el paleontólogo Hesham Sallam, de la Universidad de Mansoura y autor principal del estudio.
La especie ha sido bautizada Masripithecus moghraensis en honor a su origen: “Masr” significa Egipto en árabe y “píthēkos” es la palabra griega para simio. Según los investigadores, se trata de un hominoideo basal (anterior a los del grupo corona) que está más estrechamente emparentado con los simios actuales que cualquier otra especie del Mioceno Temprano conocida en África Oriental.
“Durante toda mi carrera creí que el ancestro común de los simios actuales vivió en el este de África. Este descubrimiento desafía fuertemente esa idea”, reconoce Erik Seiffert, coautor del estudio y paleontólogo de la Universidad del Sur de California.
UNA MANDÍBULA CON UNA DIETA VERSÁTIL
El fragmento de mandíbula conserva una combinación única de rasgos: caninos y premolares excepcionalmente grandes, molares con superficies de masticación redondeadas y fuertemente texturizadas, y una mandíbula notablemente robusta. Esta anatomía permitía al animal una dieta flexible, basada principalmente en frutas, pero con la fuerza suficiente para procesar alimentos más duros como nueces o semillas.
“Esta adaptación le permitió prosperar en un entorno donde los cambios climáticos estaban creando estaciones extremas”, señala Shorouq Al-Ashqar, de la Universidad de Mansoura y una de las primeras autoras del trabajo.
IMPLICACIONES PARA LA EVOLUCIÓN HUMANA
Júlia Arias-Martorell, investigadora del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont y coautora de una Perspectiva relacionada publicada en Science junto a David M. Alba, destaca que Masripithecus es “el hominoideo basal más parecido a los simios de aspecto moderno”.
Los autores argumentan que el sesgo del registro fósil hacia el este de África —donde históricamente se han centrado las búsquedas de ancestros humanos— ha distorsionado nuestra comprensión de la evolución de los hominoideos. “La investigación sobre los parientes extintos más cercanos de los humanos, como los australopitecos, solo puede explicar la historia más reciente del linaje humano, pero los simios más antiguos son esenciales para reconstruir el último ancestro común de chimpancés y humanos”, señalan los científicos españoles.
Además, el estudio revela que durante el Mioceno el ancestro común de todos los simios vivió en el norte de África y Oriente Medio, una zona que actuaba como corredor natural entre África, Europa y Asia cuando bajaba el nivel del mar. Masripithecus proporciona un vínculo intermedio crucial entre los registros fósiles africanos y euroasiáticos, sugiriendo que los simios ya se estaban diversificando en esta región y estaban listos para expandirse hacia otros continentes.
“Confirma que los paleontólogos podrían haber estado buscando a los ancestros de los hominoideos de grupo corona en el lugar equivocado”, concluyen Arias-Martorell y Alba en su artículo de perspectiva.






