El cáncer colorrectal no es solo una amenaza para los adultos mayores, sino cada vez más para hombres y mujeres jóvenes. Ahora es el principal tipo de cáncer mortal entre los estadounidenses menores de 50 años.
La trágica muerte del actor de Dawson’s Creek, James Van Der Beek, a los 48 años esta semana —tras ser diagnosticado con cáncer colorrectal en etapa avanzada en 2023—, revive el impacto de esta enfermedad en adultos jóvenes. Este caso se suma al fallecimiento, hace unos años, de la estrella de Black Panther, Chadwick Boseman, a los 43 años por la misma causa. Ambos destacan un patrón alarmante: la enfermedad se está diagnosticando en personas incluso en la veintena, algo que hace pocas décadas era excepcional.
«Ahora estamos empezando a ver cada vez más personas de 20, 30 y 40 años desarrollando cáncer de colon. Al comienzo de mi carrera, nadie de esa edad tenía cáncer colorrectal», afirmó el Dr. John Marshall, oncólogo del Centro Integral de Cáncer Lombardi de la Universidad de Georgetown, con más de tres décadas de experiencia. Marshall, también consultor médico de la Colorectal Cancer Alliance, describe esta tendencia como algo que «nos está sacudiendo a todos, para ser francos».
Un estudio reciente de la American Cancer Society (ACS), publicado en enero de 2026 en el Journal of the American Medical Association (JAMA), confirma que el cáncer colorrectal se ha convertido en la principal causa de muerte por cáncer entre los estadounidenses menores de 50 años. Mientras la mortalidad general por cáncer en este grupo etario ha disminuido un 44 % desde 1990 hasta 2023, las muertes por cáncer colorrectal han aumentado un 1,1 % anual desde 2005, pasando del quinto al primer puesto entre las causas oncológicas letales en menores de 50.
¿QUÉ TAN COMÚN ES EL CÁNCER COLORRECTAL?
Según las estimaciones más recientes de la Sociedad Estadounidense del Cáncer (ACS) para 2026, se diagnosticarán alrededor de 158.000 casos de cáncer colorrectal en EE. UU., con más de 55.000 muertes esperadas. Es la segunda causa principal de muerte por cáncer en el país (tras el de pulmón) cuando se considera a todas las edades.
En la población general, los casos y las muertes han disminuido ligeramente en los últimos años gracias a las pruebas de detección, que permiten identificar tumores en etapas tempranas —más tratables— o eliminar pólipos precancerosos antes de que evolucionen.
Cuando se detecta temprano, la tasa de supervivencia a cinco años puede alcanzar el 80-90 %. Sin embargo, en fases avanzadas (con metástasis), cae drásticamente al 10-15 %, según investigadores como Christopher Lieu y Andrea Dwyer en publicaciones en The Conversation.
Los factores de riesgo clásicos incluyen obesidad, sedentarismo, dietas altas en carne roja o procesada y bajas en frutas/verduras, tabaquismo, consumo excesivo de alcohol, enfermedad inflamatoria intestinal o antecedentes familiares. Estudios recientes vinculan el aumento en jóvenes con el mayor consumo de ultraprocesados y estilos de vida sedentarios, aunque no prueban causalidad directa.
Marshall recomienda una dieta rica en frutas, verduras y granos integrales: «La carne no es mala, pero hay que comer menos». Un estudio reciente mostró que un programa de ejercicio de tres años mejoró la supervivencia y redujo recurrencias en pacientes con cáncer de colon. Incluso el alcohol moderado eleva el riesgo, por lo que se aconseja reducirlo o evitarlo.
¿CUÁLES SON LOS SÍNTOMAS DEL CÁNCER COLORRECTAL?
Los signos incluyen sangre en las heces o sangrado rectal, cambios persistentes en los hábitos intestinales (diarrea, estreñimiento o heces más estrechas), pérdida de peso involuntaria, calambres o dolor abdominal, y anemia inexplicable detectada en análisis de sangre.
Las guías actuales recomiendan iniciar el cribado a los 45 años para la población promedio —edad que muchos expertos consideran tardía para los casos en jóvenes.
Quienes tengan riesgo elevado (antecedentes familiares, síndromes hereditarios o enfermedad inflamatoria intestinal) deben consultar con su médico para empezar antes.
Opciones incluyen pruebas de heces anuales, colonoscopias cada 10 años (si no hay hallazgos), o una prueba de sangre más reciente aprobada para mayores de 45. En alto riesgo, se requieren colonoscopias más tempranas y frecuentes.
