Un equipo internacional de paleontólogos, liderado por investigadores del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS) junto a colegas chinos, belgas e italianos, ha anunciado el descubrimiento de una nueva especie de dinosaurio en el noreste de China. Se trata de Haolong dongi, un iguanodonte juvenil cuya piel fosilizada se ha conservado de manera excepcional durante aproximadamente 125 millones de años, desde el Cretácico Inferior.
El hallazgo, procedente de la Formación Yixian, incluye un esqueleto casi completo y articulado de 2,4 metros de longitud, perteneciente a un ejemplar joven. Gracias a esta preservación extraordinaria —un fenómeno rarísimo en el registro fósil—, los científicos han podido examinar tejidos blandos y estructuras cutáneas a nivel celular, algo que abre una ventana inédita a la anatomía externa de los dinosaurios ornitisquios.
Mediante escaneos de rayos X y secciones histológicas de alta resolución, el equipo identificó células de la piel que revelan la presencia de espinas cutáneas huecas distribuidas por gran parte del cuerpo del animal. Estas estructuras, cilíndricas y huecas, están formadas por una capa córnea endurecida que recubre una epidermis pluristratificada, con queratinocitos preservados incluso a nivel nuclear, alrededor de un núcleo dérmico poroso. Se trata de una característica nunca antes observada en dinosaurios, diferenciándose claramente de proto-plumas o espinas escamosas conocidas en otros reptiles.
El grupo Iguanodontia, documentado desde hace dos siglos y que incluye formas emblemáticas como Iguanodon y los posteriores hadrosaurios (dinosaurios de pico de pato), se enriquece ahora con esta especie completamente nueva. Haolong dongi —cuyo nombre genérico significa «dragón espinoso» en chino y el específico honra al pionero de la paleontología china Dong Zhiming (fallecido en 2024)— era un herbívoro que habitaba en un entorno sometido a la presión de depredadores carnívoros de pequeño y mediano tamaño.
Las espinas, comparables en su función disuasoria a las de los puercoespines modernos, representan una innovación evolutiva única en el linaje de los dinosaurios. Los investigadores sugieren que su principal rol era defensivo, para disuadir ataques, aunque no descartan funciones secundarias como la termorregulación o la percepción sensorial (mecanorrecepción). Hasta la fecha, no existía evidencia fósil de estructuras similares en dinosaurios no avianos.Dado que el único ejemplar conocido es juvenil, con huesos no fusionados, queda pendiente determinar si estas espinas persistían o se modificaban en los adultos, que podrían haber alcanzado longitudes cercanas a los 5 metros según especies relacionadas.El estudio, publicado en la revista Nature Ecology & Evolution, subraya la complejidad inesperada de la evolución de la piel en los ornitisquios y demuestra que, incluso en grupos bien estudiados durante dos siglos, aún quedan sorpresas por descubrir.
