La semaglutida, conocida comercialmente como Ozempic, Wegovy o Rybelsus, se ha convertido en uno de los tratamientos más populares y efectivos para el manejo de la obesidad en los últimos años. Este medicamento de la familia de los agonistas del receptor GLP-1 actúa ralentizando el vaciamiento gástrico, estimulando la secreción de insulina y facilitando una pérdida de peso significativa en muchas personas con obesidad.
Sin embargo, un nuevo estudio publicado en The British Medical Journal advierte que suspender estos fármacos puede tener consecuencias rápidas y marcadas si no se acompaña de cambios sostenidos en la dieta y el estilo de vida. Según los resultados, al interrumpir el tratamiento se produce una rápida recuperación del peso perdido y un retorno a los niveles previos de marcadores cardiovasculares de riesgo, como el colesterol y la presión arterial.
Los investigadores calcularon que, en promedio, las personas recuperan cerca de 0,4 kg por mes tras dejar la medicación. Este ritmo de recuperación hace que tanto el peso corporal como los indicadores cardíacos vuelvan a los valores basales en menos de dos años. Lo más llamativo: la velocidad de recuperación del peso es aproximadamente cuatro veces mayor que la observada en personas que nunca habían tomado estos fármacos y que siguen programas de control de peso basados únicamente en cambios de comportamiento.
“A pesar del éxito inicial que estos medicamentos demuestran en la pérdida de peso, por sí solos no constituyen una solución suficiente para mantener los resultados a largo plazo”, señalan los autores del trabajo.
El equipo de la Universidad de Oxford realizó una revisión exhaustiva de registros, estudios científicos y bases de datos, incluyendo 37 investigaciones publicadas hasta febrero de 2025, en las que participaron un total de 9.341 personas. La duración media de los tratamientos fue de 39 semanas, con un seguimiento promedio posterior de 32 semanas.
Los resultados fueron consistentes: quienes suspendían la medicación recuperaban los beneficios perdidos mucho más rápido que aquellos que mantenían intervenciones no farmacológicas. Además, se estima que alrededor de la mitad de las personas que inician estos tratamientos los abandonan en el primer año, lo que convierte en especialmente relevante comprender qué ocurre con el peso y los factores de riesgo cardiovascular tras la interrupción.
Los autores concluyen que el estudio “advierte contra el uso a corto plazo de medicamentos para el control del peso” y subraya la necesidad de seguir investigando estrategias sostenibles y económicamente viables para el manejo crónico de la obesidad. Al mismo tiempo, refuerzan la importancia de la prevención primaria como pilar fundamental.
