Un equipo de científicos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y la Universidad de Buenos Aires (UBA) ha desarrollado un sistema portátil y de bajo costo que permite cuantificar de manera rápida y sencilla el fosfato utilizando la cámara de un teléfono celular. Esta tecnología, publicada en la prestigiosa revista científica Talanta, representa un avance significativo para aplicaciones en salud, agricultura, monitoreo ambiental y investigación básica.
El fosfato es un compuesto químico esencial en la naturaleza, presente en estructuras vitales como el ADN, el ATP y los huesos. Su medición precisa resulta clave en diversos campos. En el ámbito de la salud humana, permite diagnosticar enfermedades raras como el raquitismo hipofosfatémico autosómico y la hipofosfatemia ligada al cromosoma X, incluidas en el Registro Nacional de Enfermedades Poco Frecuentes. Estas patologías, de baja incidencia, a menudo escapan a los controles clínicos habituales debido a la complejidad de su detección.
En la agricultura, el control de niveles de fosfato en suelos es fundamental para optimizar el rendimiento de los cultivos. En Argentina, alrededor del 60% de las tierras cultivadas presenta concentraciones por debajo del rango crítico, lo que afecta la productividad. El nuevo método facilita mediciones rápidas y accesibles, beneficiando al sector productivo.
Además, el sistema resulta útil para evaluar la calidad del agua, donde el exceso de fosfato —proveniente de fertilizantes o efluentes— genera contaminación y eutrofización. En investigación, puede medir la actividad de enzimas que hidrolizan biomoléculas fosforiladas, como el ATP, clave en procesos energéticos celulares.
Los métodos tradicionales para medir fosfato suelen requerir equipos costosos, personal especializado y reactivos inestables que deben prepararse en cada uso, limitando su aplicación fuera de laboratorios avanzados. “Nuestro método resuelve estas limitaciones mediante el desarrollo de un nuevo reactivo estable y el uso de teléfonos celulares”, explica Luis González Flecha, líder del proyecto, investigador del CONICET en el Instituto de Química y Fisicoquímica Biológicas “Prof. Alejandro C. Paladini” (IQUIFIB, CONICET-UBA) y profesor en el Departamento de Química Biológica de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA.
El procedimiento es simple: se añade el reactivo a la muestra, que en unos 30 minutos genera un color verde intenso (debido al colorante verde de malaquita) proporcional a la concentración de fosfato. Este color se cuantifica midiendo la absorbancia digital a través de la cámara del celular, que captura la intensidad lumínica en los píxeles y la convierte en valores numéricos (de 0 a 255). Un software de código abierto, desarrollado por José María Delfino (investigador ad-honorem del CONICET), procesa estos datos para obtener la concentración exacta.
El reactivo innovador incorpora Pluronic F-68, un copolímero que mejora su estabilidad permitiendo conservación por más de un año a temperatura ambiente, sin pérdida de sensibilidad. Además, la formulación optimizada ofrece una sensibilidad hasta 30 veces superior al método clásico de Fiske-Subbarow.
La tecnología fue validada exhaustivamente en sensibilidad, exactitud, reproducibilidad y rango dinámico, demostrando resultados robustos y confiables. “La posibilidad de realizar mediciones in situ con un teléfono celular abre la puerta a monitoreos más frecuentes y descentralizados, involucrando no solo laboratorios, sino organismos ambientales, municipios, empresas de saneamiento e iniciativas de ciencia ciudadana”, destaca Álvaro Recoulat Angelini, primer autor del estudio e investigador del Laboratorio de Biofísica Molecular del IQUIFIB.
Los autores del trabajo, publicado en Talanta, incluyen también a Gabriela Elena Gómez (CONICET-IQUIFIB) y José María Delfino.
