El síndrome de autofermentación o autocervecería (conocido como auto-brewery syndrome o ABS, por sus siglas en inglés) es una condición en la que el intestino de las personas afectadas produce etanol de manera endógena, generando niveles de alcohol en sangre que pueden causar intoxicación sin haber consumido ni una gota de bebida alcohólica. Lo que durante décadas se consideró una rareza médica o incluso una excusa inverosímil ahora se entiende mejor gracias a avances en el estudio del microbioma intestinal.
Aunque se describe oficialmente como un trastorno «muy raro», numerosos especialistas sospechan que existe un número considerable de casos no diagnosticados. Los síntomas —mareos, confusión, problemas de coordinación e incluso embriaguez evidente— suelen confundirse con abuso crónico de alcohol, trastornos psiquiátricos o enfermedades neurológicas, lo que lleva a malentendidos graves en la vida personal, laboral y legal de los pacientes.
Un estudio publicado recientemente en la revista Nature Microbiology representa la investigación más completa realizada hasta la fecha sobre este síndrome. Dirigido por Bernd Schnabl y Cynthia Hsu, del Centro de Investigación sobre Hígado y Microbioma de la Universidad de California en San Diego (UCSD), el trabajo analizó muestras fecales de 22 pacientes con ABS, 21 familiares convivientes y 22 personas sanas como grupo control.
Los resultados mostraron que las muestras de los pacientes producían significativamente más etanol en laboratorio que las de los otros grupos. Las principales responsables no son solo levaduras (como se pensaba tradicionalmente), sino ciertas bacterias intestinales, en particular Escherichia coli y Klebsiella pneumoniae. Estas bacterias fermentan carbohidratos en exceso a través de vías metabólicas específicas, generando etanol en cantidades suficientes para elevar el nivel de alcohol en sangre hasta puntos que impiden conducir o realizar actividades cotidianas con normalidad.
Uno de los aspectos más dolorosos del síndrome es la incredulidad que genera. Los pacientes son frecuentemente acusados de mentir sobre su consumo de alcohol, lo que afecta su credibilidad en controles de tránsito, procesos judiciales, relaciones familiares y entornos laborales. Muchos son etiquetados como «alcohólicos ocultos», con consecuencias devastadoras en su salud mental y social.
El diagnóstico actual es engorroso: requiere que el paciente siga una dieta alta en carbohidratos bajo supervisión médica estricta mientras se mide repetidamente el nivel de alcohol en sangre. Los autores del estudio proponen un enfoque más directo para el futuro: analizar muestras fecales para detectar patrones microbianos y metabólicos específicos, y luego intervenir de manera dirigida en el metabolismo bacteriano.
No existe aún un tratamiento estándar aprobado. Sin embargo, los trasplantes de microbiota fecal (FMT, por sus siglas en inglés) emergen como una opción prometedora. En un caso documentado en el estudio, los síntomas de un paciente mejoraron notablemente tras realizar dos trasplantes. Tras el segundo procedimiento (con un pretratamiento antibiótico diferente), el paciente permaneció libre de síntomas durante más de 16 meses, con cambios observables en la composición bacteriana y en la actividad metabólica de su intestino.
